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Ian Holloway y la crisis de lesiones en Swindon

Ian Holloway no se esconde. El técnico de Swindon mira a la tabla, repasa el parte médico, escucha el murmullo alrededor del club y lanza una frase que golpea con fuerza: se siente “un hombre muerto en vida” si el rumbo no cambia pronto.

Swindon es 12º en League Two. Tres victorias en ocho jornadas, ninguno de los últimos tres partidos ganado y un solo triunfo lejos de casa en toda la temporada. El equipo viaja a Rochdale el sábado sin haber estrenado aún el casillero de victorias a domicilio. El contexto no invita al optimismo. Y, sin embargo, Holloway sigue plantado en el centro de la tormenta.

“Dead. Man. Walking. Así se siente, pero en el fondo sé mucho más que eso, ¿no?”, dijo en BBC Radio Wiltshire, con la mezcla de crudeza y desafío que lo ha acompañado durante casi dos años al frente del club. “Sé lo que he hecho, sé dónde estoy, sé los problemas que tengo aquí. He intentado explicarlos abierta y honestamente a todo el mundo”.

Una enfermería desbordada

Si algo repite el técnico es que el equipo necesita ayuda. Y no lo dice como una excusa ligera: habla con la mitad de la plantilla fuera de combate. Catorce jugadores lesionados, un golpe brutal para un club de este nivel.

“Para que ellos tengan una oportunidad, madre mía, necesitamos que algo salga bien de inmediato”, subrayó. No es una figura retórica: capitán y líderes de vestuario se caen uno tras otro.

Camino de Rochdale, Swindon suma a la lista de bajas a su capitán Ollie Clarke, a Matty Virtue y a Paul Glatzel. “Ollie puede que no pueda jugar, Matty no está en forma y a Glatzel le han tenido que sacar líquido de la rodilla, así que también está fuera”, detalló Holloway.

Y eso es solo la punta del iceberg. Ya estaban ausentes Joe Snowdon, Ryan Tafazolli, Ollie Palmer, Gavin Kilkenny, Jaylan Pearman, Harry Smith y Fletcher Holman. Mitch Clark sigue sancionado tras su expulsión ante York y Sam Inwood está concentrado con su selección. El técnico admite que no recuerda nada igual: asegura que “nunca” ha visto una crisis de lesiones como la actual.

Un vestuario en cuadro y un técnico en guardia

El margen se estrecha. “Si no sale bien, estaré animándolos, y no estoy seguro de cuántos más lo harán”, lanzó, dejando entrever la presión que siente sobre su puesto y sobre el ambiente que rodea al equipo. “Creo que necesitan ayuda ahora mismo y eso es lo que intento hacer”.

Holloway no rehúye la autocrítica, pero insiste en que debe defender a los suyos: “Tengo que alzar la voz por lo que creo que mi equipo necesita, merece y debería tener de todos modos. Siento que no hayamos ganado cada partido. Tenemos 11 puntos en el casillero, queríamos muchos más. Llevamos 10 en casa, uno fuera, y la forma a domicilio tiene que cambiar”.

La realidad es cruda: si Louis Millard no está en condiciones, apenas quedarán 15 futbolistas disponibles para el viaje. “He dicho que Louis está en forma: serían 13 fuera si Louis no está bien. Entrenó ayer y se le vio en forma, pero aún tiene el hombro muy dolorido. Si no está listo, solo tendremos 15”, explicó el entrenador.

Todo o nada en Rochdale

En este escenario, cada desplazamiento se convierte en un examen. Sin victorias fuera, con media plantilla en la enfermería y un técnico que se autodefine como “Dead. Man. Walking.” si no reacciona el equipo, el duelo ante Rochdale pesa mucho más de lo que indica la clasificación.

Swindon tiene 11 puntos, un fútbol lastrado por las ausencias y un entrenador que, pese a la frase lapidaria, sigue peleando por proteger a su grupo. La pregunta ya no es solo si el equipo puede cambiar su dinámica a domicilio. La cuestión es cuánto tiempo más podrá Holloway sostenerse en la cuerda floja sin que, por fin, algo empiece a salir bien.