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Inglaterra sub-21 se acerca a la Euro 2027 tras victoria sufrida

La noche en Molineux no fue un paseo. Ni mucho menos. Inglaterra sub-21, vigente campeona de Europa, tuvo que remar a contracorriente para doblegar a una combativa Kazajistán y situarse a las puertas de la Euro 2027. El 4-2 final habla de pegada. El desarrollo del partido, de carácter.

El plan de Lee Carsley se descosió antes de tiempo. Minuto 3 y Artem Litosh silenciaba al estadio con el 0-1, castigando una salida blanda de los Young Lions. Un golpe frío, de los que ponen a prueba el discurso previo del seleccionador, que esta misma semana había avisado contra cualquier atisbo de arrogancia en la fase de clasificación.

La reacción no tardó, pero tampoco fue limpia. Ali Turganov, en propia puerta, devolvió el pulso al choque y alivió tensiones inglesas. El empate no cambió la actitud de Kazajistán, que siguió mordiéndole los tobillos al favorito. Inglaterra tenía la pelota; los visitantes, el colmillo.

El encuentro se abrió de golpe. Josh Acheampong apareció para firmar el 2-1 y dar la sensación de que el guion volvía a su cauce lógico: dominio, remontada y control. Pero Kazajistán no viajó a Wolverhampton para cumplir un papel secundario. Saif Popov, justo antes del descanso, encontró el 2-2 y dejó al campeón contra las cuerdas al intermedio.

El aviso estaba lanzado. El mensaje de Carsley, también: en esta clasificación no hay margen para la complacencia. Su equipo, exigido, respondió tras la reanudación.

Max Alleyne empujó a Inglaterra de nuevo por delante en el marcador, un tanto que empezó a inclinar definitivamente la balanza. El conjunto kazajo, colista del grupo y con solo un punto desde su triunfo inicial ante Andorra hace un año, se negó a bajar los brazos. Buscó el empate con todo lo que tenía.

Ahí emergió James Beadle. El guardameta inglés frustró a Popov cuando el 3-3 parecía asomar, una intervención que valió tanto como un gol en un tramo en el que la zaga local sufría más de la cuenta.

La presión, esta vez, terminó castigando a Kazajistán. En el tramo final, en pleno intercambio de golpes, apareció el debutante soñado: Will Lankshear. El delantero, en su estreno con la sub-21, firmó el 4-2 que cerró la noche y se marchó de Molineux con el premio de mejor jugador del partido, avalado por la mejor nota media entre los aficionados.

El resultado deja a Inglaterra en lo alto del Grupo D, seis puntos por encima de Eslovaquia con solo dos jornadas por disputarse. El escenario es claro: un empate el próximo viernes, en Stoke y precisamente ante Eslovaquia, bastará para sellar el billete a la Eurocopa de Albania y Serbia.

Los números de la clasificación son contundentes: los Young Lions solo han cedido dos puntos en todo el camino. El objetivo, sin embargo, va más allá de estar en el torneo. Persiguen algo histórico. Solo Italia ha encadenado tres títulos seguidos en la categoría, una generación que en 1996 contaba con nombres como Fabio Cannavaro, Gianluigi Buffon o Francesco Totti.

Inglaterra quiere su propio triplete. Y noches como la de Molineux, con susto inicial, respuesta colectiva y un debutante decisivo, son las que forjan a los campeones antes de que llegue el verano de verdad. La próxima parada, Stoke. ¿Será allí donde esta generación confirme que está lista para escribir su capítulo en la historia del fútbol europeo sub-21?