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Ipswich muestra carácter a pesar de la derrota

Ipswich se ha acostumbrado a vivir al límite. Ya lo hizo ante Sunderland. Repitió contra Crystal Palace, con goles en el último suspiro. Y cuando el cuarto árbitro levantó el cartel con siete minutos añadidos en el Hill Dickinson Stadium, la grada visitante volvió a creer.

Esta vez, no hubo final feliz.

Con diez hombres sobre el césped, Town se lanzó a por otro giro de guion. Gary O'Neil movió el banquillo y dio entrada a Zian Flemming, el héroe reciente frente a Crystal Palace. El escenario parecía escrito para él. Tuvo la ocasión. Y la dejó escapar: en pleno descuento, se encontró con una buena oportunidad y la mandó por encima del larguero.

El partido se fue abriendo a empujones, más por orgullo que por fútbol. Cada balón dividido era una pequeña batalla. Cada despeje, un alivio momentáneo. Ipswich, castigado por la expulsión de Abdul Fatawu mediado el segundo tiempo, se vio obligado a retroceder metros y aguantar, pero nunca renunció a morder arriba cuando podía.

Everton también tuvo que sufrir. Jordan Pickford, recién incluido por Thomas Tuchel en la lista de la selección de Inglaterra, sostuvo a los suyos con cuatro paradas de mucho nivel. Ipswich no se limitó a resistir: compitió, llegó, probó desde distintas zonas y obligó al guardameta a lucirse una y otra vez antes de quedarse en inferioridad.

La presión de los visitantes no se apagó ni con el reloj en contra. En la última jugada, el central Issa Diop rozó el empate. Apareció en el área, conectó el disparo y por un instante pareció que el punto estaba ahí, al alcance de la mano. Pero entre Jarrad Branthwaite y Garner se cruzaron a tiempo y bloquearon el tiro. El estadio contuvo la respiración. Después, solo quedó el silbato final.

O'Neil, que ha vivido una semana durísima tras el fallecimiento de su padre, vio a su equipo pelear hasta el límite. Buscó el empate con decisión, sin reservar nada, pero el esfuerzo no encontró recompensa en el marcador. Fue una persecución constante, intensa, pero estéril.

Pese a la derrota, el técnico sí puede aferrarse a algo más que a la frustración del resultado. Su Ipswich compite, genera ocasiones y no se descompone ni con un hombre menos. Y llega al parón internacional de tres semanas con seis puntos en las cinco primeras jornadas desde su regreso a la élite, fuera de la zona peligrosa y con una sensación clara: este equipo no piensa rendirse pronto.