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Jack Grealish y su nueva etapa en Everton: libertad y decisiones clave

La temporada 2025-26 de Jack Grealish se apagó de golpe. Un partido ante su antiguo club, Aston Villa, una lesión en el pie y, poco después, el quirófano. Todo se detuvo ahí. El jugador que había batido el récord de traspaso británico en 2021 al fichar por Manchester City por 100 millones de libras vio cómo su historia en el Etihad Stadium se quedaba sin final feliz.

Hubo un regreso fugaz a Manchester bajo las órdenes del nuevo técnico, Enzo Maresca, pero nunca una verdadera segunda oportunidad. Nada que se pareciera a una hoja en blanco. Con un año por delante en su contrato, el futbolista de 31 años ha elegido un escenario distinto para afrontar ese tramo final: Everton.

Un Grealish distinto en un entorno distinto

David Moyes no lo ha ocultado: tener de vuelta a Grealish le cambia la cara al equipo. Antes de la lesión, el internacional inglés había recuperado chispa, descaro y, sobre todo, alegría. Se le notaba en el gesto, en la forma de pedir la pelota, en la manera de encarar.

En City, el balance es innegociable. Grealish se hizo campeón de todo: Premier League, Champions League, el Treble que marca una época. Pero el precio fue alto. Su fútbol, tan instintivo, tan de calle, quedó a menudo encorsetado por las exigencias de Pep Guardiola en la gestión del balón. Menos riesgo, más control. Menos improvisación, más sistema.

En el Hill Dickinson Stadium el guion es otro. Everton le ofrece algo que llevaba tiempo buscando: libertad. El club está dispuesto a soltarle la correa y asumir que, con él, habrá pérdidas, regates que no salgan y decisiones atrevidas. A cambio, esperan la versión más dañina de un jugador con 39 internacionalidades a sus espaldas. Si todo encaja durante este curso 2026-27, las partes están abiertas a sentarse y hablar de un acuerdo definitivo.

La visión de Stubbs: brillo, lesión y una segunda oportunidad

Alan Stubbs, exdefensa del Everton, lo ve claro. En declaraciones a GOAL, el antiguo capitán describió a un Grealish dominante en su primera etapa cedido el curso pasado: en el tramo inicial de la temporada, aseguró, estuvo “por encima de cualquiera en términos de calidad”. Luego llegó la lesión en el pie y, con ella, un bajón que se notó tanto en el jugador como en el equipo.

Stubbs sostiene que el club manejó el verano con calma. Everton no tenía prisa. Sabía que las conversaciones con City y con el propio Grealish avanzaban, y le convenía esperar hasta el final del mercado para evitar dos meses de salario por un futbolista que aún no iba a estar a pleno rendimiento. Una operación calculada, fría en lo económico, pero pensada para que el impacto deportivo llegara en el momento justo.

Grealish, eso sí, ha aterrizado algo por detrás del punto ideal. Su pretemporada con Manchester City fue escasa en minutos y se ha notado. Stubbs no lo disfraza: le ve oxidado, falto de ritmo de competición. Sin embargo, confía en que el parón internacional le haya servido para ponerse a tono. Su pronóstico es claro: después de la ventana de selecciones, espera ver “cada vez más” al verdadero Jack Grealish.

Un presente exigente y un futuro abierto

De momento, los números son modestos. Cuatro partidos disputados con Everton desde su regreso y ningún gol en este arranque de 2026-27. La temporada anterior, dos tantos en 22 encuentros. Son cifras que no reflejan del todo su influencia en el juego, pero sí marcan el listón de lo que debe mejorar.

Durante un tiempo se habló de una salida de Inglaterra. Aparecieron opciones en la MLS y en la Saudi Pro League. Tentaciones de un cambio radical de vida y de fútbol. Hoy, esa vía se ha enfriado. Grealish sigue teniendo mucho que ofrecer en la élite europea y Everton se agarra a esa idea con fuerza.

Porque no se trata solo de un fichaje ilustre ni de un nombre que llena portadas. Se trata de un jugador que, cuando se siente importante, cambia el ritmo de un partido con una conducción, un giro de cadera o un pase filtrado. De un talento que ha conocido la presión del traspaso récord, la exigencia del campeón y la frustración de la lesión en el peor momento.

Ahora le toca otra prueba: demostrar que aún puede ser determinante semana tras semana, sin el paraguas de un gigante como City, pero con la responsabilidad de liderar a un club que necesita referentes. Si responde, Everton no solo habrá recuperado a un futbolista de élite. Habrá encontrado el eje alrededor del cual construir los próximos años. Y entonces la pregunta ya no será si Grealish se quedará, sino cuánto tiempo podrá el club retener a un jugador así.