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James McClean y su lucha personal en Derry City

James McClean habla de fútbol, pero sobre todo habla de dolor. El exinternacional de la República de Irlanda, 103 veces con su selección, admite sin rodeos que está “luchando” en uno de los momentos más duros de su carrera y de su vida.

Regresó en enero a casa, a Derry City, procedente de Wrexham. Volvía el ídolo local, el chico del barrio que había dado la vuelta a Europa y que cerraba el círculo. Pero el cuento de regreso romántico se torció rápido. No forma parte de una convocatoria desde principios de julio. Desde entonces, silencio en el césped y ruido fuera de él.

McClean criticó con dureza lo que describió como un intento “incomprensible” del club de rescindir su contrato. Más tarde pidió disculpas por parte de esas palabras. Aun así, el daño ya estaba hecho. Y el puente, prácticamente volado. Bajo el mando del técnico interino Mark Connolly, el zurdo no ha vuelto a entrar en los planes.

Un libro, un pasado y una herida abierta

En medio de ese conflicto con Derry City, McClean ha publicado su libro, ‘The Walls’. En sus páginas se aleja del cliché del futbolista y se acerca a otro ring: el boxeo, deporte que se ha convertido en una nueva pasión mientras su carrera sobre el césped se apaga.

Pero el volumen va mucho más allá del gimnasio. McClean revela que solo conoció la identidad de su padre biológico alrededor de los 10 años. Habla de un hombre con problemas de alcohol a quien solo vio una vez en su vida. Una ausencia que, según reconoce su entorno, dejó marcas profundas.

Para promocionar el libro, concedió una entrevista al Sunday Independent. Ahí llegó el incendio. Preguntado por la posibilidad de acudir a terapia, su respuesta fue tajante: “Como hombre, lo veo como una debilidad. No necesito abrirme. Lo veo como una debilidad tener que hablar con alguien sobre mis sentimientos; mis emociones”.

La frase corrió como la pólvora. Críticas, reproches, debates sobre masculinidad y salud mental. Y, en paralelo, Derry City marcó distancias con su propio jugador.

“Me ha hecho más reacio a abrirme”

Ante la tormenta, McClean decidió matizar. Lo hizo en RTÉ Radio 1, en ‘The Brendan O’Connor Show’. No se escondió. Reconoció que el aluvión de los últimos días le ha pasado factura.

“Quizá más ahora, después de la reacción de los últimos días”, respondió cuando le preguntaron si le había costado remover su pasado para escribir el libro junto al periodista Dan McDonnell. “Probablemente me ha hecho más reacio a hacerlo en el futuro, porque me abrí sobre cosas de las que nunca había hablado en privado, y mucho menos en público. Lo que ha pasado en los últimos días lo ha hecho realmente duro”.

Derry City, por su parte, emitió un comunicado desmarcándose de las palabras del jugador y subrayando que “no reflejan” los valores del club. El divorcio, de momento, es total. Ni minutos, ni diálogo público, solo posiciones enfrentadas.

Su esposa, Erin, también entró en escena. Explicó que su marido lleva tiempo “luchando”, atrapado en lo que describió como “una batalla diaria” durante este año.

Entre la terapia y el gimnasio

En la radio, McClean intentó poner contexto a la frase que lo puso en el centro de la polémica. Asegura que respeta profundamente a quien busca ayuda profesional para cuidar su salud mental, pero insiste en que ese no es su camino.

“Aquel comentario sobre ver el hecho de pedir ayuda como una debilidad fue una captura de pantalla, se sacó y la gente se lanzó encima”, explicó. “Mi propio club, Derry City, sacó un comunicado que no ayudó en absoluto, pero ni una sola persona se puso en contacto conmigo para decir: ‘James, ¿puedes aclarar qué quisiste decir?’”.

El centrocampista está convencido de que pocos se detuvieron a leer la entrevista completa. “Estoy bastante seguro de que nadie leyó el contexto del artículo. Si lo hubieran hecho, habrían visto que hablaba únicamente de mi experiencia personal. Cuando atraviesas situaciones difíciles, cada uno tiene sus propias formas de afrontarlas”.

En su caso, la vía de escape ha sido siempre el ejercicio. “Mi mayor problema siempre ha sido las redes sociales. En el momento, cuando me siento atacado, es casi como el piloto automático: me pongo a la defensiva para mostrar que nada me afecta”.

Erin, cuenta él mismo, le repite que arrastra traumas de la infancia que ha bloqueado. McClean no discute que la terapia pueda ser clave para muchos. Al contrario: “Cualquier hombre o mujer que necesite ir a terapia para ayudarse a sí mismo, no podría elogiarles más”.

Pero defiende su método. “Eso no significa que ir al gimnasio esté mal, porque eso funciona para mí. Hablaba únicamente de mí”.

Y reconoce que eligió mal una palabra: “Decir la palabra ‘debilidad’ probablemente fue mi debilidad al decirlo, pero no voy a disculparme por estar en un lugar en el que siento que no necesito ir a terapia. Por eso, en cierto modo, me están machacando”.

“Me han hecho sentir como un leproso”

Cuando le preguntaron si coincidía con su esposa en que está “luchando”, no dudó: “Estoy luchando”.

“Estoy luchando con mi situación actual porque vuelves a casa esperando y siendo informado de una cosa, y que eso no salga adelante, y luego ser apartado y hecho sentir como un leproso en un lugar donde pensabas que nunca te harían eso… que eso ocurra es muy duro”.

Ahí, en una sola frase, se condensa el desencanto. Volver a Derry City debía ser el refugio. Se ha convertido en el epicentro de su conflicto.

“Lo único que siempre he amado hacer, y lo único que he conocido, es jugar al fútbol. Que un poder me quite eso de forma incorrecta e injusta ha sido difícil”.

Erin insiste en que la terapia podría ayudarle, sobre todo por todo lo que rodea a su padre biológico. Él, de momento, se aferra al gimnasio, al ring, al esfuerzo físico como válvula de escape.

El balón, sin embargo, sigue parado a sus pies. El futuro de James McClean, entre un libro que desnuda su pasado y un club que le ha cerrado la puerta, queda ahora en el aire. La pregunta ya no es solo dónde jugará, sino cómo cicatrizará todo lo que este año ha abierto.