Japón se prepara para enfrentar a Brasil sin Kubo Takefusa
La noche antes de medirse a Brasil en los octavos de final del Mundial, Japón recibió una noticia que ya intuía, pero que igual duele: no habrá Kubo Takefusa. No ante la selección que marcó durante décadas el horizonte de su fútbol. No en el partido que tiene a todo un país dispuesto a trasnochar hasta la una de la madrugada.
“Estoy bien”, dijo Kubo sobre su rodilla izquierda, la misma que le ha dejado fuera de los dos últimos encuentros. Sonó más a desafío que a parte médico.
La realidad es menos optimista. Desde que se lesionó en el empate inaugural ante Países Bajos, el mediapunta de Real Sociedad apenas ha hecho algo más que rehabilitación y carreras en solitario. La rodilla, fuertemente vendada. El balón, casi un recuerdo.
El seleccionador, Moriyasu Hajime, zanjó el debate en la rueda de prensa del domingo 28 de junio: Kubo no jugará contra Brasil.
“Espero una recuperación rápida y él está haciendo todo lo posible para ponerse a tono”, explicó Moriyasu. Palabras cuidadas, mensaje claro: Japón afrontará su noche más grande sin el futbolista que mejor destello tiene en la zurda.
Un genio menos, pero no un equipo roto
Nadie dentro de la concentración duda de que Japón es mejor con Kubo que sin él. A sus 25 años, el zurdo se había convertido en algo más que un talento: era una referencia. Con Mitoma Kaoru, el capitán Endo Wataru y Minamino Takumi ya descartados por lesión, Kubo había asumido responsabilidades, voz y peso en el vestuario.
Su ausencia, en otro contexto, sonaría a sentencia. En esta Japón, no tanto.
La columna vertebral de este equipo no se sostiene en una sola figura, sino en la profundidad de la plantilla. El dato lo resume todo: Moriyasu ha utilizado a 23 de sus 26 convocados; solo los dos porteros suplentes y un jugador de campo siguen sin minutos. Cuando uno cae, otro entra. Y el nivel apenas se resiente.
Ese “next man up” tan repetido en el deporte no es un eslogan para esta selección. Es su forma de vivir el torneo.
Sin complejos ante Brasil
La baja de Kubo no ha rebajado la ambición. Japón no solo ha declarado que puede ganarle a Brasil; ha ido más lejos: ha dicho abiertamente que viene a ganar el Mundial.
No es arrogancia vacía. Es un cambio de mentalidad histórico.
Preguntado por las selecciones más fuertes del torneo, el delantero de Wolfsburg, Shiogai Kento, citó a Francia y Argentina. Brasil no apareció en su lista.
“Últimamente no se oye mucho sobre Brasil”, soltó, con una naturalidad que habría sido impensable hace tres décadas.
La cuestión Neymar tampoco intimidó al atacante japonés. El brasileño suma nueve goles en cinco partidos frente a Japón, una estadística que en otros tiempos habría provocado un suspiro colectivo.
“Ese es el Neymar de antes. Creo que ahora estamos bien”, respondió Shiogai.
No es que Japón menosprecie a la Canarinha. Es que ya no la mira desde abajo.
De admirar a desafiar
Cuando la J.League echó a andar hace 33 años, Brasil era el modelo a seguir. El espejo. Los jugadores japoneses crecieron embelesados con la camiseta amarilla, con el Joga Bonito, con la sensación de que ese fútbol pertenecía a otra galaxia.
El respeto era casi reverencial. El complejo, evidente.
Hoy el escenario es distinto. Los japoneses ya no ven a Brasil como un mito inalcanzable, sino como un rival al que se puede discutir la pelota, el ritmo y el resultado. Comentarios como los de Shiogai, en 1993, habrían sonado a sacrilegio. Ahora retratan la madurez de un fútbol que ha dejado de pedir autógrafos para empezar a pedir cuentas.
La pregunta es si esa nueva confianza se traducirá en el marcador.
Japón afrontará a Brasil sin Kubo, sin varios de sus líderes lesionados, pero con una convicción que no entiende de jerarquías históricas. El país se quedará despierto, dividido entre la ilusión y el inevitable “¿y si…?” que acompaña a cada gran ausencia.
El veredicto no llegará en un editorial ni en una rueda de prensa. Se escribirá en 90 minutos —o más— frente al viejo gigante que durante años marcó el camino. Esta vez, Japón ya no quiere seguirlo. Quiere apartarlo.





