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Joao Cancelo entrena con Al Hilal mientras el Barça avanza en su fichaje

Joao Cancelo vuelve a entrenar con Al Hilal mientras el Barça apura su jugada

Durante todo el verano, en los despachos del FC Barcelona se ha hablado del fichaje de Joao Cancelo casi como de un trámite. Un acuerdo que, tarde o temprano, acabaría cayendo por su propio peso. El portugués había dejado huella en media temporada de cesión y el club estaba decidido a quedárselo. Pero el calendario avanza, el mercado se estrecha y Cancelo, lejos de Barcelona, ha tenido que volver al trabajo con Al Hilal.

Profesional en Arabia, con la cabeza en Barcelona

El defensa luso, que deslumbró en la segunda mitad del curso pasado con la camiseta azulgrana, se ha reincorporado a la pretemporada de Al Hilal, tal y como ha comunicado oficialmente el club de la SPL. No es el escenario soñado por el jugador, pero sí el obligado: tiene un año más de contrato y, mientras no haya acuerdo, su escudo sigue siendo el del conjunto saudí.

Al Hilal no cuenta con él a largo plazo y está dispuesto a dejarle salir. Esa ha sido la premisa de todo el verano. Aun así, las negociaciones con el Barça no han llegado todavía al punto de cierre que en la Ciudad Condal daban casi por seguro semanas atrás.

La vuelta de Cancelo a la dinámica de Al Hilal no significa un giro en su voluntad. El portugués mantiene como prioridad regresar al Camp Nou. Es, sobre todo, una muestra de profesionalidad: hasta que los clubes se entiendan, cumple con sus obligaciones y respeta al equipo que le paga.

Por ahora, es jugador de Al Hilal. Y se comporta como tal.

El Barça aprieta, pero no manda

En Barcelona sigue intacta la convicción de que el fichaje se puede cerrar antes de que baje la persiana del mercado. El club conoce perfectamente la postura del jugador, un factor que le da cierto margen de maniobra en la negociación. Cancelo, a sus 32 años, ha dejado claro dónde quiere jugar.

Pero el deseo del futbolista no obliga a Al Hilal a aceptar cualquier propuesta. El club saudí no tiene prisa, ni necesidad de rebajar sus exigencias. De ahí que la operación avance a un ritmo mucho más lento del que habría deseado Hansi Flick, que cuenta con el lateral como una pieza ideal para su pizarra.

El tiempo corre, pero todavía no es enemigo. Es, más bien, una presión silenciosa que se siente en los dos lados de la mesa.

Un fichaje de bajo riesgo y alto impacto

En el Barça nadie tiene dudas sobre lo que aporta Cancelo. La temporada pasada se adueñó del carril izquierdo hasta el punto de relegar a Alejandro Balde al banquillo en varios tramos decisivos. Su capacidad para jugar en ambas bandas, para meterse por dentro y actuar casi como un centrocampista más en fase ofensiva, encaja con la idea de un equipo que suele atacar ante defensas muy hundidas.

Cancelo ofrece soluciones: amplitud, último pase, salida limpia desde atrás y un punto de creatividad que el equipo agradece cuando el partido se espesa. Por eso se le considera un fichaje de riesgo mínimo. Ya ha demostrado que soporta la exigencia del club, que entiende el entorno y que sabe adaptarse a un vestuario grande.

Su llegada, además, tendría un efecto directo sobre Alejandro Balde. El canterano afronta una temporada clave en su crecimiento y la competencia con un jugador del nivel de Cancelo podría acelerar su madurez. O exponerle. En cualquier caso, lo pondría frente a un reto mayúsculo.

Una operación que marca el tono del verano

En el Camp Nou, la operación Cancelo se ha convertido en una especie de termómetro del verano. Si el club logra cerrar el acuerdo en sus términos, reforzará la sensación de que aún puede moverse con cierta autoridad en el mercado pese a las limitaciones económicas. Si se escapa, quedará la imagen de una oportunidad conocida, trabajada durante meses, que se esfuma por detalles.

Mientras tanto, Cancelo corre, entrena y se pone a tono en Arabia Saudí. Profesional hasta que alguien le diga lo contrario. Convencido de que su sitio está en Barcelona.

La pregunta es cuánto tiempo más podrá el Barça permitirse esperar antes de que una simple negociación de verano empiece a parecer una ocasión perdida.