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Jorge Jesus asume la selección de Portugal: un nuevo capítulo

Portugal gira una página importante. Tras la salida de Roberto Martínez, consumada después de la eliminación en octavos de final del Mundial ante España, la federación ha elegido a un técnico que nunca ha sabido vivir lejos del foco: Jorge Jesus toma el mando de la selección a los 71 años.

No es un salto al vacío. Es la culminación de una carrera que lleva casi cuatro décadas construyendo equipos intensos, agresivos, reconocibles. Un entrenador que ha hecho del riesgo una forma de vida.

Un trotamundos con acento lisboeta

La trayectoria de Jesus se lee como un mapa del fútbol lusófono y de su expansión global. Dos etapas en Benfica, otra en Sporting CP, un paso triunfal por Flamengo, aventuras de alto voltaje en Fenerbahce y, en los últimos años, un dominio sostenido en la Saudi Pro League.

Su hoja de servicios impresiona: 25 títulos como entrenador. Tres ligas portuguesas con Benfica. Un campeonato brasileño con Flamengo. Coronas domésticas en Arabia Saudí con Al Hilal y Al Nassr. Allá donde fue, dejó huella… y polémica. Pero casi siempre dejó también trofeos.

Su carácter competitivo le llevó incluso a cruzar una de las líneas más sensibles del fútbol portugués: en 2015 abandonó Benfica para fichar por su rival de ciudad, Sporting CP. Un terremoto en Lisboa que retrata bien el perfil del hombre que ahora dirigirá a la selección.

Del reino saudí al banquillo de la selección

Los últimos capítulos de su carrera se escribieron en Arabia Saudí. Primero, dos etapas en Al Hilal. Después, el salto a Al Nassr, el club de Riad al que llegó el verano pasado y con el que conquistó el primer título en siete años.

Allí se reencontró con la gran figura del fútbol portugués. Antes de firmar por Al Nassr, Jesus fue claro: no podía rechazar la invitación de Cristiano Ronaldo. Terminó aceptando el reto y entrenando al máximo goleador de la historia del fútbol de selecciones.

Su estancia en Al Nassr concluyó al final de la temporada 2025-26. El relevo en el banquillo lo tomó Ange Postecoglou. Jesus, libre, volvió a sonar para grandes proyectos. The Athletic ya había adelantado en marzo de 2025 que era uno de los principales candidatos para dirigir a Brasil, junto a Carlo Ancelotti, que acabó asumiendo ese cargo tras dejar Real Madrid en mayo. El destino, sin embargo, lo ha devuelto a casa.

Un Portugal entre la nostalgia y la ambición

El contexto que recibe Jorge Jesus es exigente. Portugal no pisa unas semifinales de Mundial desde 2006. Aun así, la última década larga no ha sido estéril: campeón de Europa en 2016, campeón de la Nations League en 2019 y de nuevo en 2025. El país ha aprendido a convivir con la idea de que competir por títulos ya no es un sueño aislado, sino una obligación recurrente.

La gran figura de este ciclo, Cristiano Ronaldo, ya ha marcado el futuro inmediato. Con 146 goles en 233 partidos con la selección, récord mundial absoluto, anunció este mismo mes que no disputará otro Mundial. Un símbolo que se despide del gran escenario justo cuando Portugal se prepara para algo histórico: coorganizar la Copa del Mundo de 2030 junto a España y Marruecos, con Uruguay, Argentina y Paraguay albergando partidos inaugurales.

La pregunta es inevitable: ¿quién será el Portugal de la era post-Cristiano? Y, sobre todo, ¿cómo lo moldeará Jorge Jesus?

El reto: transformar talento en carácter

Portugal dispone de talento de sobra. Lo que se le pide ahora al nuevo seleccionador es algo más difícil de medir: identidad, colmillo, carácter competitivo en los momentos límite. Justo el terreno donde Jesus se siente más cómodo.

Su carrera lo avala como un técnico capaz de imponer una idea fuerte, incluso en entornos de máxima presión. Lo hizo en Benfica, lo repitió en Flamengo, lo llevó al extremo en Arabia Saudí. Sus equipos rara vez pasan desapercibidos: atacan con decisión, presionan alto, viven al borde del riesgo.

La selección, sin embargo, es un ecosistema distinto. Menos tiempo de trabajo, menos margen para corregir, más foco mediático. Y un horizonte marcado en rojo: el Mundial de 2030 en casa, sin el jugador que definió una era.

Jorge Jesus llega a la selección con un currículum lleno de títulos, decisiones valientes y cambios de bando que aún se recuerdan en Lisboa. Ahora le toca algo distinto: no fichar por un club, sino asumir un país entero. La próxima vez que Portugal se asome a unas semifinales de un gran torneo, se sabrá si su apuesta por el veterano inconformista fue un giro tardío… o el comienzo de una nueva identidad.