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Jude Bellingham: el motor de Inglaterra en el torneo

Inglaterra estrenó otro gran torneo internacional con una declaración de intenciones y un nombre propio por encima del resto: Jude Bellingham. Titular desde el primer minuto, el centrocampista se adueñó del partido y empujó a su selección hacia un 4-2 trabajado ante Croacia en el debut. Cuando el encuentro se atascó ante Panamá, fue otra vez él quien rompió el cero en un duelo áspero, de esos en los que la inspiración suele marcar la frontera entre la angustia y el desahogo.

En un equipo que pedía a gritos liderazgo, Bellingham y el capitán de los récords, Harry Kane, asumieron la responsabilidad. Ambos marcaron en un vibrante triunfo en octavos de final frente a México, en un Azteca que volvió a vivir una noche de eliminatorias con ruido, tensión y goles.

Primera Parte

La primera parte de Bellingham ante los mexicanos fue un vendaval: un doblete en pocos minutos y el estadio, dividido entre la incredulidad y la admiración, convertido en una caldera. Su carácter ha sido escrutado al detalle, pero esa confianza desbordante es precisamente lo que ha llevado a este chico de Birmingham al estatus de superestrella global.

Danny Murphy, excentrocampista de Inglaterra, lo resume con una mezcla de admiración y certeza. En declaraciones a GOAL, en un acto con BetWright, trazó el retrato de un futbolista total: físico, técnica, resistencia. Todo. Pero, sobre todo, una mentalidad fuera de lo común para su edad, de esas que solo se han visto en contadas figuras inglesas en las últimas décadas, nombres como Steven Gerrard, Wayne Rooney o Michael Owen.

Murphy recordó que nada de lo que está haciendo Bellingham le sorprende. Ni siquiera en una Eurocopa en la que la selección no funcionó, él seguía siendo el foco de rebeldía futbolística. Estuvo en los estadios, lo vio de cerca: el joven centrocampista buscando soluciones, intentando la chilena, ganando duelos aéreos, apareciendo en el área cuando el equipo más lo necesitaba.

Ahí está la clave: muy pocos jugadores logran equilibrar un talento descomunal con una mentalidad inquebrantable. Bellingham sí. Por eso Murphy no entendió las dudas previas al torneo, las discusiones sobre si debía ser titular o si otros, como Kobbie Mainoo o Adam Wharton —o el propio Declan Rice cambiando su rol— podían desplazarlo del once. Le parecían debates casi cómicos. No por falta de calidad de los demás, sino porque el nivel competitivo de Bellingham, probado ya en grandes escenarios, se mueve un peldaño por encima.

Su impacto va más allá de la selección. Murphy recordó lo que significó aterrizar en el Real Madrid y dominar desde el primer curso. Caminar por el vestuario del club más exigente del mundo y adueñarse de los focos desde el primer día no es un paso habitual, ni siquiera para las estrellas consolidadas. Lo de Bellingham fue otra cosa. Un desembarco arrollador. Solo las lesiones han frenado un poco su producción esta temporada, pero no han tocado su jerarquía.

Para Murphy, el debate es sencillo: si está sano, juega. Da igual la posición exacta. Interior, mediapunta, más cerca del área o algo más retrasado. Su talento le permite adaptarse y seguir marcando diferencias. Y lo que algunos interpretan como arrogancia, esa celebración del “who else” que dio la vuelta al mundo en la Euro 2024, para el exinternacional es un rasgo imprescindible en los elegidos. Una confianza feroz que nunca rebaja su rendimiento.

Ahí establece otra diferencia. Hay futbolistas que saben que son buenísimos y se comportan como tales, pero se permiten licencias: caminan, eligen cuándo presionar, miran el partido desde cierta distancia. Murphy cita el ejemplo de Mohamed Salah, decisivo hasta el extremo en ataque, pero mucho menos implicado en la fase defensiva. En su caso, compensa: gana tantos partidos que nadie le pide que se convierta en un obrero del pressing.

Bellingham, en cambio, ofrece las dos caras. Marca, asiste, lidera, se tira al suelo, corre hacia atrás, presiona arriba. Todo con una sensación constante de disfrute. Da la impresión de que puede ganar un partido él solo, y esa percepción no nace de la exageración mediática, sino de lo que hace semana tras semana en el césped.

Murphy fue más allá y apuntó directamente a quienes dudaron de su presencia en la convocatoria, o incluso se atrevieron a sugerir que debía quedarse fuera del torneo. Para el excentrocampista, esos análisis han quedado completamente expuestos. Cree que deberían agachar la cabeza y pedir perdón en público.

Porque mientras se discuten matices, Bellingham sigue sumando noches grandes, goles decisivos y actuaciones que alimentan la sensación de que Inglaterra tiene algo que no siempre ha tenido: un futbolista capaz de sostener el peso del equipo en los momentos límite y de disfrutar mientras lo hace.

La pregunta ya no es si está preparado para este escenario. La verdadera incógnita es hasta dónde puede llevar a su selección en los años que vienen.