Lausana y la controversia de la CAN 2025
En Lausana no hay tambores, ni banderas, ni cánticos. Pero este jueves, en una sala del Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS), se empezó a jugar la prórroga más tensa de la Copa Africana de Naciones 2025. Allí se examina el recurso de la Federación Senegalesa contra la Confederation of African Football (CAF) por la final perdida… en los despachos y no en el césped, frente a Marruecos.
Sobre el campo, en enero, Senegal había ganado 1-0 a Marruecos. Título celebrado, historia escrita. Después llegó el vuelco: la CAF retiró el trofeo a los Leones de la Teranga y lo adjudicó a los Atlas Lions, alegando que los jugadores senegaleses habían abandonado el partido en protesta por un penalti señalado por el colegiado congoleño Jean Jacques Ndala.
Desde entonces, la pregunta es simple y brutal: ¿quién es realmente el campeón de África 2025?
Tres árbitros, un solo fallo que contará
La sesión se abrió por la mañana en Lausana, con las tres partes sentadas frente a frente: representantes de Senegal, de Marruecos y de la CAF, cada uno acompañado de su equipo jurídico. Un auténtico partido triangular, pero esta vez con togas en lugar de camisetas.
Al frente del dispositivo está un panel de tres profesores de derecho deportivo, designados por el CAS: el francés Gérald Simon, el alemán Ulrich Haas y el italiano Luigi Fumagalli. Tres nombres que, de repente, pesan tanto como los de las estrellas que disputaron aquella final.
El director general del CAS, Mathieu Reeb, explicó ante los medios —según recogió la cadena francesa RMC— cómo se desarrollaría la jornada. Subrayó que el calendario es “relativamente estricto” y que el horario de la audiencia se fijó “de común acuerdo” con todas las partes. La sesión podía prolongarse hasta las cuatro de la tarde, hora local de Lausana (05:00 en La Meca, 02:00 en Rabat).
El mensaje era claro: nada de improvisaciones, todo medido al minuto. Como en una gran final.
Sin veredicto inmediato: la espera continúa
Quien esperara un desenlace fulminante saldrá decepcionado. Reeb dejó claro que no habrá decisión ni hoy ni mañana. El panel necesita tiempo para estudiar el expediente, redactar el fallo y detallar sus fundamentos jurídicos.
El objetivo, aseguró, es emitir la decisión “lo más rápido posible” tras la audiencia, pero sin sacrificar el rigor. El escenario está abierto: unos días… o incluso unas semanas, si los árbitros optan por una resolución extensa y totalmente motivada.
Es la otra cara de la justicia deportiva: la adrenalina del partido se sustituye por la paciencia, los plazos, los matices legales. El marcador, por ahora, sigue congelado.
Un mensaje a dos aficiones en vilo
Consciente del desgaste que provoca una espera tan larga, Reeb quiso dirigirse directamente a los aficionados de Marruecos y Senegal, y por extensión a todo el continente. Reconoció que la espera ha sido prolongada para ambas hinchadas y recordó que el calendario del procedimiento se fijó con el acuerdo de todas las partes implicadas.
Insistió también en el papel del CAS como última instancia en materia de justicia deportiva: el organismo quiere cerrar el caso “lo antes posible” con una decisión razonada. Es decir, no solo un veredicto, sino una explicación detallada de por qué uno de los dos países podrá reclamar, con respaldo jurídico, el título de campeón de África.
Un título en disputa, una herida abierta
El caso ha desatado una enorme controversia desde aquella final marcada por el penalti de Jean Jacques Ndala y la posterior decisión de la CAF. Senegal defiende la legitimidad de su 1-0 sobre el césped. Marruecos, respaldado por la resolución de la confederación, se considera campeón legítimo. Entre ambos, la CAF sostiene que el supuesto abandono senegalés justificaba el cambio de ganador.
Ahora el balón está en los pies del CAS. No habrá tanda de penaltis ni tiempo añadido. Habrá un documento, varias firmas y una conclusión que definirá, de una vez por todas, quién puede grabar en su palmarés la CAN 2025.
Cuando el fallo llegue, una selección levantará la cabeza. La otra tendrá que aprender a convivir con una cicatriz que ya forma parte de la historia del fútbol africano.






