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El legado de Nobby Stiles: héroe del 66 y la batalla por el fútbol

Nobby Stiles, campeón del mundo con Inglaterra en 1966 y símbolo de una época en la que se jugaba sin miedo y casi sin protección, murió con una lesión cerebral traumática. Ahora, un tribunal ha ordenado que se celebre una investigación formal sobre su fallecimiento. Cuatro años después de su muerte, el caso del excentrocampista del Manchester United se convierte en un nuevo frente en la guerra entre las familias de los jugadores y las autoridades del fútbol.

Chris Morris, forense de la zona sur de Greater Manchester, explicó ante el tribunal que un experto en neurología, tras revisar la documentación médica de Stiles, determinó que el exjugador sufría encefalopatía traumática crónica (CTE), una enfermedad asociada a golpes repetidos en la cabeza, como los producidos al rematar el balón. No era el único daño: el informe también hablaba de CTE en estadio avanzado, de una patología descrita como “stage three limbic predominant age related TDP-43” y de enfermedad cerebrovascular de pequeños vasos.

La conclusión del forense fue tajante: la causa de la muerte incluye una lesión traumática. Y eso, recalcó, obliga legalmente a abrir una investigación completa sobre “la triste muerte del señor Stiles”. La vista se celebrará este miércoles en el mismo juzgado de Stockport.

Un guerrero del 66 atrapado por el fútbol moderno

Norbert “Nobby” Stiles nació en Manchester en 1942. Futbolista de otra era. Centrocampista defensivo, duro, agresivo, incansable. Jugó casi 400 partidos con el Manchester United y fue internacional con Inglaterra en 28 ocasiones. Formó parte del once que levantó la Copa del Mundo en 1966 y quedó grabado en la memoria colectiva por su baile desdentado en Wembley, con el trofeo en las manos.

Décadas después, su nombre vuelve a las portadas por un motivo muy distinto: lo que pudo costarle el juego de entonces a los jugadores de entonces.

Stiles murió en 2020. Desde entonces, su familia no ha dejado de presionar. Reclaman que el fútbol asuma su responsabilidad y que se atienda mejor a los exjugadores que, como él, arrastraron problemas neurológicos que atribuyen a los impactos sufridos durante su carrera. No se trata solo de memoria y homenaje. Hablan de cuidados, de reconocimiento médico, de ayudas económicas, de justicia.

Una muerte que tardó en llegar al juzgado

El propio Morris admitió en la corte que, “por razones que no me quedan del todo claras”, el fallecimiento de Stiles no se comunicó en su momento a la oficina del forense para su investigación. El proceso solo se activó después de que la familia aportara nueva información. Un retraso llamativo tratándose de un caso tan emblemático y de una patología tan sensible en el debate actual sobre el fútbol y el cerebro.

Ahora, ese vacío se intenta corregir con un inquérito formal que no solo revisará las circunstancias médicas de la muerte, sino que inevitablemente volverá a poner bajo el foco la relación entre el fútbol profesional y las lesiones cerebrales degenerativas.

Familias en pie de guerra

El hijo del exjugador, John Stiles, lidera el grupo Football Families for Justice (FFJ), un colectivo que exige a las instituciones del fútbol que den un paso al frente y protejan mejor a quienes construyeron el espectáculo. No está solo.

Decenas de exfutbolistas y familiares han llevado a los tribunales a la Football Association, a la Football Association of Wales y a la English Football League. Les acusan de negligencia y de incumplir su deber de cuidado hacia los jugadores, al no haberles protegido frente a los riesgos de los golpes repetidos en la cabeza.

Los abogados de estas familias sostienen que los organismos del fútbol sabían, o debían haber sabido, desde hace décadas, que rematar el balón de forma continuada en entrenamientos y partidos podía provocar lesiones cerebrales permanentes. Y que, pese a ello, no actuaron con la diligencia necesaria.

En el otro lado, la defensa de la Football Association se aferra a la ciencia. En marzo, sus representantes legales afirmaron ante el High Court que “no ha sido establecido por la ciencia” que los remates de cabeza o las conmociones “ocasionales” conduzcan de forma probada a daños cerebrales permanentes. La batalla, por tanto, no es solo jurídica. Es también científica, médica y moral.

Un patrón que se repite

El caso de Stiles no llega en el vacío. En enero, una investigación sobre la muerte de Gordon McQueen, exdefensa de Scotland, Manchester United y Leeds United, concluyó que los remates de cabeza fueron “probablemente” un factor que contribuyó a la lesión cerebral que acabó influyendo en su fallecimiento a los 70 años.

Cada nuevo veredicto añade una pieza más a un mosaico inquietante. Una generación de futbolistas, especialmente defensas y centrocampistas acostumbrados a disputar cada balón aéreo, aparece ahora como la cara más dura de un deporte que durante años ignoró las consecuencias de esos impactos.

Mientras la familia de Nobby Stiles se prepara para revivir en un juzgado el final de su vida, el fútbol inglés se ve obligado a mirarse al espejo. ¿Cuántos héroes más del pasado tendrán que aparecer en los informes forenses antes de que el juego cambie de verdad?