Lia Walti: De la Frustración en Italia a un Brighton que la Valora
Lia Walti no necesitó mucho tiempo en Italia para darse cuenta de algo incómodo: se había marchado de un mundo profesionalizado, exigente y cuidado… para aterrizar en un contexto que, a su juicio, todavía está muy lejos de ese estándar.
La capitana de Suiza, referente durante siete años en el Arsenal, admite que en Juventus llegó a echar de menos algo tan básico como sentirse valorada como futbolista. Tanto, que apenas una temporada después ya estaba haciendo las maletas de vuelta a la Women’s Super League. Hoy es el gran fichaje de un Brighton ambicioso, decidido a meterse en la élite del fútbol femenino inglés.
“Echaba de menos sentirme valorada”
Walti, 33 años, lo explica sin rodeos. El salto de la WSL a la Serie A femenina la golpeó con fuerza.
“Es una diferencia enorme. Es difícil hablar de esto, no quiero ser demasiado negativa con la liga italiana”, reconoce. Pero la realidad, según ella, es incontestable: el estándar del fútbol en Inglaterra, en la WSL, “no es comparable con ninguna otra liga”.
En Italia, dice, se encontró con un entorno que no la hacía sentir futbolista de alto nivel. “Echaba de menos la sensación de ser valorada como jugadora, de sentir que recibimos todo el apoyo que necesitamos”. Lo que en Inglaterra ya ve como normal, fuera no lo es. Y eso le dolió.
La centrocampista suiza venía de un Arsenal donde disputó 183 partidos, levantó cuatro grandes títulos —incluida la Champions League y la liga inglesa— y se convirtió en pieza clave del proyecto. Allí vivió de primera mano el crecimiento de un campeonato que hoy marca el ritmo en Europa.
Estadios vacíos, cultura ausente
El contraste que más la marcó no estuvo solo en los recursos, sino en el ambiente. O mejor dicho, en su ausencia.
“Tenía buenas estructuras, buenos campos para jugar. Pero no había cultura de aficionados. No solo en Juve, en general en Italia”, lamenta. Cada partido se le hacía igual: gradas vacías, silencio, la sensación de que nada estaba pasando.
Walti venía de formar parte del auge del fútbol femenino en Inglaterra: estadios llenos, o pequeños recintos abarrotados que rugen como grandes escenarios. “Cuando has vivido ese crecimiento, con esas culturas de aficionados, con estadios llenos, aunque sean pequeños, son emocionantes para jugar”. En Italia, en cambio, “era vacío. Cada partido se sentía un poco así. Echaba de menos la sensación que tenía antes cuando jugaba al fútbol”.
El escaparate que falta
Walti no se queda solo en su experiencia personal. Va más allá. Para ella, el problema es estructural y empieza por algo tan básico como acercar el juego a la gente.
“Hay que llevar el fútbol a la gente. Casi obligar a la gente a verlo. Sentí que así empezó en Inglaterra”, explica. En otros países, Italia incluida, la cobertura es pobre. Partidos sin televisión o con retransmisiones tan malas que desfiguran el producto.
“No se ve la velocidad, ni la táctica, ni nada, y no disfrutas el partido”, resume. En Inglaterra, en cambio, los grandes estadios y las buenas cámaras permiten mostrar el juego como lo que es: rápido, trabajado, atractivo. “Creo que la gente disfruta más viéndolo”.
Céspedes indignos y talento perdido
La suiza señala otro punto que, para muchos, pasa desapercibido: los campos. Para ella, ahí empieza todo.
“Lo que más falta es la calidad de los terrenos de juego. En muchos países juegas en los peores campos artificiales o en los peores céspedes naturales”, denuncia. Y no duda al llevar el argumento al extremo: incluso un equipo de la Premier League se vería mal jugando en esos campos. “No es posible jugar un buen fútbol allí”.
No habla solo de Italia. Cita también a su propio país. “Tenemos los mismos problemas en Suiza”. Falta inversión, falta paciencia. “Hay que dar el primer paso: invertir dinero en todo eso antes de recibir algo a cambio. Muchos países no tienen ese dinero o esa paciencia”.
El resultado, advierte, es devastador: “Mucho talento en el fútbol femenino se pierde porque está en malos entornos, donde nadie las ve o no tienen la oportunidad de alcanzar su potencial”.
De la frustración a un proyecto que “sí cuida”
Walti se declara “apasionada” por empujar cambios porque sabe lo que es vivir las dos caras del fútbol. Recuerda que en Inglaterra tampoco fue siempre idílico: “No teníamos buenas condiciones. No era profesional. Nuestros primeros salarios no alcanzaban para vivir”.
Precisamente por haber visto la transformación de la WSL, le frustra aún más comprobar la realidad en otros países. “A veces olvidas, cuando estás en tu propia burbuja, que eso no es la norma. Solo eres una de las afortunadas que puede vivirlo”.
En Italia, esa voluntad de cambiar las cosas chocó con un muro. “Intentábamos alzar la voz y no pasaba nada. Eso fue frustrante”.
Con un año todavía de contrato en Juventus, llegó el momento de decidir. Y ahí apareció Brighton. Un club que, a ojos de Walti, ofrece justo lo que ella buscaba: un entorno serio, una apuesta clara y un plan de futuro.
Brighton, estadio propio y ambición de top 3
La elección no fue al azar. Walti ya conocía la WSL, había visto de cerca lo que Brighton estaba construyendo y escuchado lo que otras jugadoras contaban del club.
“Después de la experiencia en Italia, sabía mejor lo que quería… o lo que no quería”, admite. “Tenía bastante confianza en Brighton incluso antes de hablar con ellos, porque había estado en la liga y había visto lo que el club estaba haciendo”.
Las señales son claras. En 2021, el equipo femenino se instaló en las instalaciones del American Express Elite Football Performance Centre, fruto de una inversión de 8,5 millones de libras. En abril, el club presentó los planes para el primer estadio de fútbol femenino construido específicamente para un equipo en Europa, con un coste estimado de entre 75 y 80 millones. Y en mayo, el conjunto de Dario Vidosic alcanzó por primera vez la final de la Women’s FA Cup.
La ambición es pública: romper el techo y colarse en el top 3 de la WSL. Walti percibe coherencia entre el discurso y los hechos. “He oído de otras jugadoras que el club invierte mucho y solo escuché cosas realmente positivas. No hay mejor referencia que la de otras jugadoras”.
Las primeras sensaciones en su nuevo destino han confirmado su intuición. “Desde los primeros momentos con el club, me demostró que este es el lugar adecuado: que se preocupa por el fútbol femenino, que invierte en él y que tiene a la gente correcta en los puestos clave”.
De Turín se trajo frustración y preguntas. En Brighton, Walti vuelve a encontrar algo que creía básico y que, durante un año, se le escapó de las manos: la certeza de que su fútbol importa. Y que, esta vez, el entorno está preparado para estar a la altura.






