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Lionel Messi se despide de Argentina en el día más triste de su carrera

En el Monumental, una noche que debía ser de celebración terminó convertida en despedida. Argentina goleó 3-0 a Benín, Lionel Messi marcó un gol y dio dos asistencias, pero el resultado quedó reducido a un simple telón de fondo: el capitán jugó su último partido con la camiseta albiceleste.

Cuando el pitido final apagó el ruido del juego, comenzó otra cosa. Messi volvió al césped, ya sin la tensión del partido, para hablarle a la gente y a sus compañeros. Su voz, esta vez, pesó más que sus toques. “Fue un orgullo enorme defender esta camiseta durante más de 20 años”, dijo ante un Monumental que mezclaba ovación con incredulidad. No era una noche cualquiera; era el cierre de una era de 21 años con la selección.

El partido, en términos estrictamente futbolísticos, fue casi simbólico. Messi dominó como tantas otras veces: gol, dos asistencias, el equipo orbitando a su alrededor. Pero cada intervención tenía sabor a última vez. Cada control, cada tiro, cada mirada al cielo cargaba una conciencia distinta: el reloj de la selección ya no corría a su favor.

Tras la victoria, el 10 no habló de sistemas ni de rivales. Habló de resistencia. “Incluso en los peores momentos que pasamos y que yo tuve, nunca dejé de pelear, nunca dejé de estar acá”, recordó. No era una frase al aire. Detrás estaban las finales perdidas, las críticas feroces, aquel primer amago de retiro en 2016 y el regreso posterior para alcanzar la gloria. Esta vez, sin embargo, la decisión llegó con un tono definitivo.

La confesión que siguió desnudó el conflicto interno del capitán. “No venir más va a ser muy doloroso. Les juro que me gustaría jugar toda la vida, porque jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar”. El estadio lo escuchó en silencio, como si intentara retener cada palabra. Messi, que tantas veces sostuvo a la selección, se despedía reconociendo que ya no podía sostenerse a sí mismo en ese nivel de exigencia.

Volver al Monumental, escenario del primer partido en casa tras ganar el Mundial de 2022, hizo el contraste aún más brutal. “Ahora estoy acá en el día más triste de mi carrera, que es el día en el que me tengo que despedir de la selección, despedirme de todos ustedes”, lanzó, sin rodeos. El mismo césped que había sido altar de celebración mundialista se convertía en escenario de adiós.

No se marchará del todo. Él mismo lo dejó claro. “Pero ahora voy a estar de ese lado, con la gente, apoyando a todos los chicos, a todos los que vengan. Siempre unidos”. De figura central a hincha de lujo, del círculo central a la tribuna. Un cambio de rol que, dicho por él, sonó tan extraño como inevitable.

Messi insistió en que no se arrepiente del momento elegido para cerrar su ciclo. Señaló la carga física y emocional del último Mundial, en el que Argentina peleó hasta la final y cayó ante España. No buscó excusas, sí contexto. La montaña rusa de ese torneo, con la victoria por 2-1 ante el eterno rival Inglaterra en semifinales, dejó cicatrices. “Aunque quiero estar acá toda mi vida, siento que este es el momento. El último Mundial fue demasiado, todo lo que tuve que vivir”, admitió.

El sueño era claro: repetir la hazaña y volver a coronar a un país entero. “Teníamos el sueño de cumplir mi sueño y el sueño de todo el país, volver a ser campeones del mundo”, explicó. No lo lograron. Esta vez se quedaron a un paso. Y Messi no recurrió a teorías ni a fantasmas. “En el último Mundial estuvimos muy cerca, y la realidad es que no pasó nada raro, como dice la gente. El partido contra Inglaterra nos dejó muy tocados físicamente, y emocionalmente fue muy grande”.

La frase resumió la crudeza del alto nivel: no siempre hay conspiraciones, a veces simplemente no alcanza. “Llegamos con lo justo”, reconoció. Aun así, reivindicó el carácter del grupo. “Peleamos como siempre lo hicimos con esta camiseta, con todos los compañeros con los que me tocó estar y compartir cosas, no solo ellos sino también los que estuvieron en la época en la que conseguimos ganar. Estuvimos muy cerca.”

Esa palabra, “cerca”, persigue a Messi desde hace años con la selección. Esta vez, sin embargo, no sonó a condena, sino a cierre. Se va habiendo tocado el cielo y también el suelo, habiendo escuchado silbidos y habiendo sentido devoción absoluta. Se va completo.

La selección argentina seguirá. Vendrán otros nombres, otros ídolos, otras historias. Pero el vacío que deja el 10 en la noche más triste de su carrera plantea una pregunta que tardará mucho en encontrar respuesta: cómo se reconstruye una camiseta que, durante más de dos décadas, tuvo dueño.