Luis Enrique y Dembélé: una relación de complicidad en PSG
Ousmane Dembélé salió del 4-2 ante Manchester City con la misma ligereza con la que encara a los defensas: bromeando, desinhibido, disfrutando del momento. El francés, aún con la adrenalina de una gran noche de Champions League, se permitió un guiño público a su entrenador, Luis Enrique, pidiéndole más vacaciones. Y no unas cualquiera.
Tras el partido, Dembélé se plantó ante los micrófonos con una frase que retrata su estado de ánimo y el clima actual en Paris Saint-Germain. Dijo que le encanta jugar los martes y miércoles de Champions, “sobre todo cuando vuelvo de vacaciones”, y remató, entre risas, con una petición tan exagerada como reveladora: que el descanso se alargara “hasta marzo”, dejando la “decisión en manos del entrenador”.
La escena, medio broma medio declaración de felicidad, no pasó desapercibida. Y Luis Enrique no la dejó sin respuesta.
“Ousmane es el jefe”
En la rueda de prensa del viernes, en la previa del duelo de Ligue 1 ante Strasbourg, el técnico español recogió el guante con naturalidad. Nada de reprimendas ni discursos solemnes. Optó por seguir el juego, pero marcando también su territorio.
“Ousmane es el jefe”, lanzó, según recogió el medio francés Foot Mercato. Una frase corta, cargada de complicidad. Luis Enrique describió a su delantero como un futbolista que “bromea todo el tiempo” y subrayó que le encanta “su pasión por el fútbol”. Y dejó claro que, pese al tono distendido, todo formaba parte del personaje: “Por supuesto, estaba bromeando”.
Detrás de la sonrisa, el mensaje de siempre: el entrenador es quien administra los esfuerzos. “Siempre estoy abierto a dar descanso a los jugadores. La responsabilidad de concederles vacaciones recae en mí”, explicó. Eso sí, con una condición muy suya, a medio camino entre la exigencia y la ironía: esos días libres implican “ir a entrenar al centro de entrenamiento (Campos)”.
Es decir, en este PSG no hay vacaciones sin trabajo. Ni siquiera cuando la estrella se autoproclama “jefe” en tono jocoso.
Un vestuario en buena onda
La escena entre Dembélé y Luis Enrique es algo más que una anécdota simpática. Refleja el ambiente que se respira ahora mismo en el club tras la vibrante victoria europea frente a Manchester City. Un 4-2 que ha devuelto confianza, energía y cierta sensación de reconciliación con las grandes noches.
El vestuario, tantas veces señalado en el pasado por tensiones internas y egos cruzados, se muestra hoy más ligero. El hecho de que una figura como Dembélé pueda bromear públicamente con el calendario de vacaciones, y que el técnico responda sin dramatizar, habla de una relación fluida entre líder y grupo.
Luis Enrique, que siempre ha defendido la importancia de la alegría en el juego, parece haber encontrado en el francés un aliado perfecto para esa idea: un futbolista eléctrico, imprevisible, que sonríe cuando juega… y cuando habla.
De Manchester a Strasbourg
El reto para PSG ahora es otro: transformar la euforia europea en rutina doméstica. Tras la montaña rusa emocional contra City, llega Strasbourg en Ligue 1, un partido que, sobre el papel, exige menos ruido pero la misma seriedad.
Ahí entra en juego esa gestión del descanso que el propio Luis Enrique reivindica como responsabilidad suya. Saber cuándo apretar, cuándo aflojar, cuándo permitir que un Dembélé se sienta “el jefe” y cuándo recordarle, con una broma bien colocada, que el verdadero poder sigue en el banquillo.
El equipo viaja con la moral en alto, con un técnico que no pierde el control ni cuando sus jugadores le piden vacaciones hasta marzo delante de todo el mundo. Y con un mensaje claro: en este PSG hay espacio para las risas, pero el trabajo no se detiene.






