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Luka Modric: El Hombre que el Fútbol No Quiere Despedir

Luka Modric, el hombre al que el fútbol se niega a despedir

Parecía el final. Leipzig, junio de 2024, un Red Bull Arena helado por un gol en el minuto 98. Luka Modric, con el premio a Mejor Jugador del Partido en la mano y la mirada perdida, acababa de vivir uno de los golpes más crueles de su carrera. Había adelantado a Croacia cazando el rebote de su propio penalti fallado, había empujado a su selección hacia los octavos… y Mattia Zaccagni, en la última jugada, lo mandó todo al suelo: Italia a la fase de eliminación directa, Croacia fuera de la Eurocopa.

No era el epílogo que nadie imaginaba para una carrera internacional legendaria. Mucho menos él.

En la sala de prensa, el silencio lo rompió un italiano. El periodista Francesco Repice tomó el micrófono y dijo lo que millones pensaban frente al televisor: gracias por todo, por cada noche, por cada partido, por cada detalle. Y le pidió algo que sonó a súplica colectiva: “¡No te retires nunca!”.

Modric, entonces con 38 años, sonrió con una mezcla de pudor y cansancio. “Me gustaría jugar para siempre, pero llegará un momento en el que tendré que colgar las botas. Seguiré jugando por ahora, pero no sé cuánto tiempo más”, respondió.

El tiempo ha pasado. Y Luka Modric sigue sin saber cuándo va a parar. Porque, sencillamente, todavía no se comporta como un futbolista al borde del adiós.

El sueño de niño que se convirtió en motor de un grande

Su salida de Real Madrid, tras 13 temporadas bañadas en títulos, se leyó como una despedida de los grandes escenarios. Él se encargó de desmentirlo en cuanto firmó por AC Milan el verano pasado. No llegaba a San Siro para una gira nostálgica ni para vender camisetas. Llegaba al club que había admirado de niño, en buena parte por Zvonimir Boban, convencido de que aún podía ser decisivo.

Tenía razón.

Italia se llenó de portadas el día de su presentación, pero también de dudas. ¿Cuánto le quedaba realmente en las piernas? ¿No era un lujo innecesario para un equipo que acababa de incorporar a Samuele Ricci, un mediocentro italiano de 24 años, llamado a crecer?

La respuesta llegó cada fin de semana. Allegri, sin titubeos, lo puso por delante de Ricci una y otra vez. Y el propio Ricci no tardó en rendirse a la evidencia: “Es el jugador más fuerte con el que he jugado nunca”, confesó, impresionado no sólo por la calidad, sino por la humildad y la intensidad diaria del croata.

En las crónicas italianas se repetía la misma idea: aquello no tenía lógica. “Si de verdad tiene 40 años, clonémoslo”, lanzó el periodista Alberto Polverosi, entre la admiración y la incredulidad.

Una fuerza de la naturaleza… hasta que se rompe

Para muchos, el rendimiento de Modric a esa edad desafiaba la ciencia. Para Kaká, que lo conoció en el vestuario de Madrid, la explicación era más simple: carácter.

“Es una fuerza de la naturaleza”, dijo el brasileño en una entrevista con la Gazzetta dello Sport. Habló de una mentalidad fuera de lo común, de alguien a quien no se le agota la ambición aunque ya lo haya ganado todo. “Lukita está loco. Quiere seguir transmitiendo su conocimiento, llama a sus compañeros, siempre está listo para luchar. Tiene energía y personalidad”.

Kaká subrayó algo que en Milan veían a diario: su impacto no se medía sólo en los partidos. Entrenaba con la misma seriedad, levantaba el nivel del grupo, marcaba el ritmo de la semana. Su presencia, decía, era un regalo para todo el fútbol italiano, por entusiasmo, liderazgo y, por supuesto, técnica.

Allegri se enamoró futbolísticamente de él. Tanto, que en el entorno del club empezó a circular una idea tan romántica como lógica: que Modric pudiera convertirse en su asistente en un futuro cercano. El maestro del centro del campo, trasladando su lectura del juego al banquillo.

Había un problema, y era grande: Milan se volvió adicto a Modric.

Cuando el croata se lesionó, el castillo se vino abajo. Una fractura en el pómulo, sufrida en un 0-0 ante Juventus el 26 de abril, le impidió ser titular en los últimos cuatro partidos de la Serie A. Sin su brújula, el equipo se desorientó. Tres derrotas en esos cuatro encuentros, una caída dolorosa del tercer al quinto puesto y, con ello, adiós a la Champions League.

La dependencia quedó desnuda. Sin Modric, Milan dejó de parecer un aspirante sólido y se convirtió en un equipo vulnerable. El coste fue enorme. También para Allegri, destituido por no alcanzar el objetivo del top cuatro.

Futuro incierto, máscara puesta

En ese contexto, el futuro de Modric en Milan se tiñe de interrogantes. Él ha hablado maravillas del club, de la ciudad, de la experiencia. Pero el proyecto ha cambiado de golpe con la salida de Allegri. Y desde Madrid llega otro canto de sirena: en el Bernabéu le esperan con los brazos abiertos para ofrecerle un rol en la estructura del club cuando decida colgar las botas.

La decisión aún no está tomada. Él juega al despiste, responde con prudencia. Lo que sí parece asumido por todos es que está ante su último gran torneo con Croacia. Una última gran escena, pero con un matiz incómodo: tendrá que jugar con máscara protectora en el Mundial, para proteger ese pómulo castigado. En condiciones extremas, con calor, humedad y una exigencia física feroz, el desafío se multiplica.

No sería la primera vez que le dicen que no puede. Ni la primera vez que responde en el campo.

Él mismo lo resumió hace poco en una frase que lo define: “Nunca me importó lo que dijeran los demás, sólo me motivaba más”. Esa ha sido su carrera: un desafío constante a la lógica, a los prejuicios, a la fecha de caducidad.

¿Quién se atreve, entonces, a descartar a un Modric enmascarado con 40 años? En Inglaterra, desde luego, ya aprendieron la lección. Y nadie quiere volver a apostar contra él.

Luka Modric: El Hombre que el Fútbol No Quiere Despedir