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Manchester City: entre culpabilidad y desafío para la afición

“Ha sido una de las semanas más largas de mi vida. Siento que la situación cambia cada pocos segundos”. Steven McInerney, aficionado del Manchester City de 41 años, intenta poner en palabras lo que muchos hinchas del club llevan sintiendo desde que se conoció el veredicto: culpable de la mayoría de los 115 cargos presentados por la Premier League.

Su ánimo, dice, va del doomscrolling y la catastrofización a una especie de desafío casi instintivo: “pensar que esto es solo fútbol”. No parece el único.

Han pasado 14 días desde que comenzaron a filtrarse las primeras noticias sobre los veredictos de culpabilidad. La Premier League los confirmó después. El club niega los cargos y ya ha presentado recurso. El caso, lejos de cerrarse, se ha convertido en una sombra espesa sobre el campeón de Inglaterra. No hay fecha clara para la resolución de la apelación. Tampoco se sabe qué sanciones llegarán, si es que llegan.

Mientras tanto, el tiempo sobra para lo que más teme cualquier afición: imaginar el futuro.

Una vida en azul, ahora en suspenso

El primer partido de Steven con el City fue en 1994, en plena era Brian Horton, con el club asentado en su tercera temporada consecutiva en la recién creada élite del fútbol inglés. Eran otros tiempos. Otra escala. Otro City.

“He pasado por todos los estados de ánimo posibles, que para un aficionado del City es bastante normal”, reconoce. La sorpresa ha sido brutal: “La gente en general no esperaba el veredicto, porque esto llevaba tanto tiempo en marcha… Me pilló desprevenido y creo que pilló desprevenido al mundo del fútbol”.

Su preocupación ya no es un título, una clasificación europea o un fichaje. Es más básica: “Lo único que quiero es asegurarme de que mi club va a sobrevivir a esto”.

Ahí asoma la herida del hincha: el club actúa, el aficionado asume. “Si tu club hace cosas que están fuera de tu control, te afecta como aficionado. Va a ser mucho más difícil disfrutar del fútbol hasta que todo esto llegue a su fin. No espero que a nadie le importe eso, y me parece justo”.

Mientras tanto, el calendario no se detiene. Tras el parón de selecciones, el City visitará Anfield para medirse al Liverpool. Fútbol de altísimo nivel en el césped, un terremoto institucional en los despachos.

Títulos bajo sospecha, amor incondicional

Los cargos se refieren al periodo que va de la temporada 2009-10 a la 2017-18. En ese tramo, el City ganó tres veces la Premier League, incluida aquella carrera memorable de 2013-14 en la que superó al Liverpool por el título.

Las imágenes de los trofeos levantados, las celebraciones, las calles teñidas de azul… Eso nadie se lo va a borrar a la grada.

Para Rachel Herdson, de Altrincham, la lealtad no admite matices. “El viernes pasado, cuando me fui a la cama, era aficionada del Manchester City. Me desperté siendo aficionada del City. Y, ¿sabes qué? Incluso después de la bomba, del comunicado de la Premier League, sigo siendo aficionada del City”, explica.

Abonada desde 1989, Rachel se agarra a un punto de esperanza: el recurso del club. Mientras exista esa vía, conserva la fe en que el City pueda limpiar su nombre.

“Que no se me malinterprete, no estoy dando volteretas de alegría, porque el nombre del club se está manchando”, admite. Y aun así, ve una cicatriz inevitable: “Creo que incluso si vamos al Tribunal Superior y ganamos cualquier tipo de apelación, seguirá manchado”.

Lo que más le duele es el ruido que tapa todo lo demás. “En todo esto se está perdiendo lo que fueron algunos de los logros. Gente como Kevin De Bruyne, David Silva… lo que ganaron en el juego…”.

Luego vuelve a lo esencial, a lo que no se compra ni se vende: “Este es mi club. Amo a este club. Y si pasa lo peor y nuestro próximo derbi es contra Altrincham, estaré allí como siempre he estado”.

Un abanico de castigos… y un viaje a Anfield a la vieja usanza

Si el City pierde la apelación, el abanico de sanciones es brutal: una multa muy elevada, pérdida de puntos, prohibiciones de fichar e incluso la expulsión de la Premier League. Un escenario que habría parecido ciencia ficción hace apenas una década.

La respuesta de la grada, sin embargo, no se ha quedado en la queja silenciosa. Grupos de aficionados están organizando una “old-school away day” en Anfield: 3.000 seguidores desplazados, camisetas retro, hinchables. Un guiño directo a la identidad más genuina del club.

Las míticas bananas hinchables, popularizadas en los 80, vuelven a escena. Aquella excentricidad, nacida cuando el City vagaba por la segunda categoría y el fútbol inglés atravesaba una época oscura, se convirtió en símbolo de resistencia con humor.

El mensaje ahora es claro: el club no se define solo por lo ocurrido en los últimos 10 o 15 años.

Dave Wilson, abonado y uno de los que estará en Anfield, lo resume con naturalidad: “Los aficionados hemos pasado por momentos muy oscuros y salimos adelante con humor”. “Estábamos en segunda cuando surgió lo de las bananas y el fútbol, en general, no estaba en un buen lugar. Era para traer algo de diversión”.

No ve a la afición escondiéndose ahora. Al contrario: “Los aficionados del City no se van a ocultar de nuestro club de fútbol y, pase lo que pase, nosotros, como aficionados, lo afrontaremos a nuestra manera, que es única”.

La generación que solo ha visto gloria

En medio de este terremoto institucional aparece una voz joven. Rylan Vernon nació en Manchester en 2008. La mayoría de sus amigos son del Manchester United. Él eligió el lado azul.

No ha conocido otra cosa que éxito. El punto álgido: el triplete de 2022-23.

“Obviamente amo a mi equipo, los apoyo hasta el final”, afirma. Su lectura del caso va directa al corazón del debate sobre el poder en el fútbol: “Las normas las pusieron los equipos grandes para que nadie más tuviera la oportunidad de convertirse en un equipo grande. Y ahora que alguien que era pequeño lo ha conseguido, intentan pillarlos por el ‘financial fair play’”.

A sus 18 años, Rylan se niega a contemplar el peor escenario. No quiere ni imaginar que el club pierda la apelación. Pero, incluso si eso ocurre, su postura es firme: da igual la categoría, él seguirá ahí.

“Nada está confirmado todavía, pero apoyaré a mi equipo siempre. City de por vida. Incluso si bajáramos, volveríamos a subir enseguida”.

Anfield espera: fútbol de élite bajo la espada de Damocles

Mientras los abogados trabajan y los comunicados se acumulan, el balón vuelve a rodar. El City llegará a Anfield como líder de la Premier League. La afición quiere que el trabajo sobre el césped no quede sepultado por el ruido exterior.

Kevin Parker, representante de una peña oficial, confía en la capacidad del vestuario para aislarse: “Los jugadores son profesionales, seguirán con lo suyo. Son internacionales curtidos”.

Anfield no necesita demasiadas excusas para convertirse en un infierno futbolístico. El contexto solo añadirá un punto más de electricidad. “Anfield siempre es un ambiente hostil, no especialmente por lo que ha pasado ahora”, recuerda Parker.

La imagen que sobrevuela al City desde hace años la resume él mismo con crudeza clásica: “Este asunto ha estado colgando sobre nosotros como la espada de Damocles durante los últimos ocho años”.

En Liverpool, la grada local cantará, señalará, provocará. No será nuevo: “Sus aficionados cantarán canciones y harán cánticos, pero eso no nos molesta. Ya nos hemos enfrentado a ello cuando hemos ido a Anfield”.

El City viaja a uno de los escenarios más intensos del fútbol europeo con una doble realidad: líder en la tabla, acusado en los despachos. Entre la posibilidad de agrandar su legado deportivo y el riesgo de verlo cuestionado como nunca.

La sentencia definitiva aún tardará. La respuesta de la afición, en cambio, ya está escrita: camisetas viejas, bananas hinchables y un mensaje nítido en mitad de la tormenta. Este club, pase lo que pase, no piensa bajar la mirada.