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Manchester City y el futuro incierto del vestuario tras el veredicto

El ruido alrededor de Manchester City ha sido ensordecedor desde que se supo que el club había sido declarado culpable de la mayoría de los 115 cargos de la Premier League. El martes llegó el golpe más duro: una comisión independiente consideró a City culpable de todos los cargos relacionados con infracciones de las normas financieras del campeonato entre las temporadas 2009-10 y 2017-18. El club lo niega una y otra vez. Pero el veredicto ya está sobre la mesa.

Se ha discutido el castigo, se ha cuestionado el futuro de los propietarios, se ha analizado la reacción del resto de la liga y del fútbol mundial. Falta, sin embargo, un ángulo clave.

¿Qué pasa con el vestuario actual?

Un vestuario de élite mirando al abismo

Sin una claridad definitiva sobre las sanciones que impondrá la Premier League, y con un recurso de City prácticamente garantizado que debe presentarse antes del viernes, el club vive en una zona gris. En ese limbo se mueven cuestiones tan básicas como retener jugadores, renovar contratos, fichar… o entender quién tiene cláusulas de salida y quién no.

La pregunta se repite en los despachos y en las agencias de representación: ¿los jugadores querrán venir? ¿Los que ya están querrán quedarse?

Fuentes consultadas por BBC Sport apuntan a una idea que sobrevuela todas las conversaciones: si City cae de categoría, se avecina una fuga masiva. No sería una sorpresa que, ante un descenso, muchos futbolistas al menos se plantearan seriamente su futuro en el Etihad Stadium.

No hablamos de un grupo cualquiera. Es una plantilla repleta de internacionales, con estrellas cuya imagen global y acuerdos de patrocinio dependen en gran medida de competir en la Premier League. Perder ese escaparate cambiaría su valor deportivo y comercial.

Entre los jugadores, la reacción no es uniforme. Depende de a quién se escuche. Hay preocupación real. Fuentes cercanas al primer equipo hablan de inquietud profunda por cómo puede afectarles el fallo. El tono demoledor del comunicado de la Premier League ha alimentado el escepticismo: muchos alrededor del vestuario dudan de que las apelaciones vayan a suavizar demasiado el castigo.

Otros, en cambio, se agarran a la línea oficial del club. Confían en Khaldoon Al Mubarak y Ferran Soriano, convencidos de que la cúpula ejecutiva demostrará la inocencia de City. Esa fe, sin embargo, tendrá que convivir con decisiones muy terrenales.

Contratos blindados, mercado en tensión

Para los jugadores que no quieran bajar de categoría —si se llega a ese escenario— salir no será tan sencillo. Lo primero es lo primero: contrato y ficha federativa. City, por muy descontento que esté un futbolista, conserva el derecho a exigir un traspaso acorde a su valor.

Con los salarios que maneja esta plantilla y las cifras que se mueven en el mercado, nadie en el club imagina aceptar ofertas a la baja. Y hay un dato clave: según entiende BBC Sport, la mayoría de los jugadores no tienen cláusulas específicas por descenso. Eso refuerza la posición del club.

Al mismo tiempo, las fuentes consultadas apuntan a que, como norma general, los contratos están totalmente garantizados. Es decir, los jugadores no estarían obligados a aceptar reducciones porcentuales de sueldo si el equipo pierde su estatus en la élite.

Ahí aparece el gran choque de fuerzas. City tiene una de las masas salariales más altas del mundo. Mantenerla sin los ingresos de la Premier League se vuelve un ejercicio de equilibrio extremo, incluso para un club con su músculo financiero. El dinero de “parachute payments” podría aliviar algo la situación, pero ni siquiera está claro que el club tenga derecho a esas cantidades si el descenso llega como sanción.

Con ese panorama, pensar en conservar intacta la plantilla en caso de bajar de categoría suena poco realista.

La clave estará en cuán agresivo quiera ser City. No es un vendedor en apuros, al menos no en el sentido clásico. Conserva un control importante: puede aguantar el golpe económico mejor que la mayoría de clubes. No se espera que se limite a abrir la puerta y dejar salir gratis a los descontentos.

Los jugadores también tendrán que mirarse al espejo. No solo para decidir si se van, sino a dónde. City paga muy bien, y no todos los clubes de élite están dispuestos —ni pueden— igualar esos salarios. Un agente lo resumió con crudeza ante BBC Sport: “Algunos jugadores quieren medallas, todos los jugadores quieren dinero”.

Renovaciones congeladas y un futuro lleno de cláusulas

En este contexto, las renovaciones se convierten en un terreno minado. Negociar ahora, sin saber el alcance de las sanciones, implica un riesgo evidente para cualquier futbolista.

Modificar un contrato ya firmado para introducir, por ejemplo, una cláusula de descenso, casi nunca es viable. Cualquier vía de escape vinculada a una posible caída fuera de la Premier League tendría que pactarse en un nuevo acuerdo desde cero.

Eso condiciona el calendario. Muchos jugadores preferirán esperar a que haya una resolución firme antes de sentarse a hablar de plazos y cifras. Y esa espera complica el trabajo del club.

Una opción para convencer a alguien de renovar en medio de la tormenta sería un incentivo económico muy fuerte, lo bastante suculento como para compensar el miedo al descenso. Pero varios agentes consultados por BBC Sport coinciden en que la recomendación general será clara: no precipitarse, no firmar nada hasta conocer el castigo definitivo.

En ese sentido, City tiene una pequeña ventaja: solo Mateo Kovacic, Matheus Nunes, Marcus Bettinelli y Geronimo Rulli terminan contrato en los próximos dos veranos. El problema de las renovaciones, por tanto, no es tan urgente como podría haber sido con otra estructura contractual.

A medio plazo, se avecina otro cambio mayúsculo. Fifa prepara nuevas normas que obligarán a que todo contrato firmado a partir del 1 de enero de 2027 incluya una cláusula de rescisión. En un club sometido a un escrutinio tan intenso, esa exigencia añadirá otra capa de complejidad a cada negociación.

Fichar en medio del huracán

El castigo pendiente no solo amenaza lo que City ya tiene. También distorsiona lo que quiere traer. El mercado de fichajes se convierte en un tablero aún más delicado.

“Esto no es un fallo de los jugadores, es del club. Los posibles fichajes ni siquiera han entrado en el edificio, y venir a City sin saber cuál será el castigo es un riesgo innegable. Cualquier nuevo contrato tendría que incluir indemnidades”, apuntó un agente de primer nivel a BBC Sport.

El problema es que plasmar todos esos escenarios en un contrato no es sencillo. Los documentos ya incluyen, según se entiende, cláusulas específicas por si el club entra en administración. Pero otra cosa es redactar un abanico de supuestos ligados a sanciones deportivas, descensos, pérdidas de licencias o restricciones competitivas.

Hasta que haya un veredicto definitivo tras la apelación, fichar se complica. No desaparece la capacidad de seducción de City, que sigue teniendo una fuerza económica superior a la mayoría de sus rivales, pero el discurso ya no es el mismo que hace unos meses.

Una fórmula para convencer a un jugador podría ser directa: salario muy alto, sin reducción alguna en caso de descenso, y una cláusula de salida con precio fijo si el equipo no regresa a la máxima categoría en un plazo determinado. Seguridad financiera inmediata y una puerta de escape a medio plazo.

El problema llega si las sanciones incluyen descenso y arrastran, además, deducciones de puntos durante varias temporadas. Entonces el proyecto deportivo se oscurece de forma estructural. Por mucho que el club ponga sobre la mesa, cuesta imaginar a una superestrella firmando sabiendo que puede pasar años fuera de la pelea por los grandes títulos cuando tiene ofertas de otros gigantes europeos.

Ese mismo razonamiento se aplica a los que ya están dentro.

Europa mira al Etihad

Si algo parece inevitable es el interés de otros grandes clubes por las figuras de City. Habrá llamadas, reuniones discretas, propuestas formales. Los mejores jugadores del Etihad se convertirán en objetivos prioritarios si se confirma un castigo ejemplar.

Mantener a ese nivel de talento durante meses y años, con la incertidumbre constante y la amenaza de sanciones prolongadas, será un reto monumental para la dirección deportiva. La capacidad de City para “aguantar el chaparrón” financiero no siempre irá de la mano de la voluntad de los futbolistas de esperar tiempos mejores.

En un escenario de descenso confirmado, la palabra “reconstrucción” dejaría de ser un concepto abstracto para convertirse en un plan de trabajo diario. Y ahí aparece otro posible golpe: un embargo de fichajes como parte del castigo impediría directamente acudir al mercado.

En ese caso, la respuesta estaría dentro de casa.

La academia, oportunidad y riesgo

Una reconstrucción forzada, sin fichar, abriría la puerta a los jóvenes. La City Football Academy pasaría de ser un proyecto estratégico a convertirse en salvavidas inmediato.

El ejemplo más cercano está en Londres. Cuando Chelsea sufrió un embargo de fichajes en 2019, Mason Mount, Tammy Abraham, Fikayo Tomori, Billy Gilmour y Callum Hudson-Odoi dieron el salto definitivo al primer equipo. La necesidad aceleró procesos que, en condiciones normales, quizá habrían tardado años.

Algo similar podría suceder en Manchester. City podría apostar por un perfil de jugador adaptado a la dureza de la EFL, más físico, más resistente al calendario, mientras acelera la promoción de sus mejores talentos de la academia.

Pero esa idea ya está en la mente de otros clubes. Varios equipos, según se entiende, trabajan para aprovechar la incertidumbre y tentar a las joyas de la cantera de City antes de que den el salto definitivo al primer equipo.

Mientras el club pelea en los despachos por limpiar su nombre o al menos rebajar el castigo, el verdadero pulso se libra en silencio: convencer a su propia gente de que el proyecto sigue mereciendo la pena. Porque el veredicto deportivo, cuando llegue, no solo se medirá en puntos o divisiones.

Se medirá en quién sigue dispuesto a vestirse de celeste cuando el ruido no deje de crecer.