Logotipo completo Cancha Firme

Mbappé: entre el ruido de Madrid y el refugio en Francia

Desde lejos podría parecer un matrimonio perfecto: Kylian Mbappé, el galáctico de la era moderna, vistiendo el blanco inmaculado del Real Madrid. De cerca, la historia es bastante más áspera. Su aterrizaje en el Bernabéu en 2024, libre tras dejar Paris Saint-Germain, desató un terremoto mediático en España. Dos años después, el temblor no ha cesado: se ha convertido en una relación de alta tensión.

Los números del francés son demoledores: 86 goles en 103 partidos. Cifras de superestrella. Pero en Madrid, sin títulos grandes desde su llegada, las estadísticas se convierten en ruido de fondo. Lo que manda es el palmarés, y ahí el vacío ha encendido todos los focos sobre las grandes figuras. Mbappé, inevitablemente, es el pararrayos principal. En este contexto, no se le permite un partido discreto: cada noche gris se paga al día siguiente en los titulares.

Un final de temporada envenenado

El primer curso completo de Mbappé tuvo algo de montaña rusa. Un inicio de campaña descomunal, goles en cascada, sensación de imparable. Y después, el frenazo. Entre mediados de febrero y el final de la temporada, apenas cuatro tantos, lastrado por molestias físicas y una evidente pérdida de chispa. El contraste fue brutal.

El equipo se desplomó en paralelo. Real Madrid se descolgó en la Liga frente a un Barcelona implacable y cayó en los cuartos de final de la Champions ante Bayern Munich. Mbappé superó la barrera de los 40 goles en el curso, pero su producción quedó empequeñecida por la sensación de fracaso colectivo. El relato no fue “Mbappé goleador”, sino “Madrid, otra vez sin títulos”.

El ambiente se volvió irrespirable en el tramo final. Según informó The Athletic, el delantero de 27 años protagonizó un choque feo con un miembro del cuerpo técnico antes del duelo ante Real Betis a finales de abril. En un partidillo de entrenamiento, un asistente le señaló un fuera de juego. La respuesta del francés fue una ráfaga de insultos. Un episodio puntual, sí, pero también un síntoma del clima tóxico que rodeaba al vestuario.

En el partido contra Betis llegó otro golpe: lesión muscular en los isquiotibiales. Hasta ahí, rutina del fútbol de élite. Lo que vino después incendió aún más el debate.

Vacaciones, una foto en un yate y un club en llamas

En lugar de recuperarse en Valdebebas, Mbappé aprovechó unos días libres para viajar a Cerdeña con su pareja, la actriz española Ester Expósito. Paparazzi, sol, mar y una imagen en un yate justo cuando el Real Madrid jugaba ante Espanyol en La Liga. La tormenta estaba servida.

Dentro del club molestó. Fuera, ardió. Mientras Álvaro Arbeloa salía públicamente en defensa de su jugador, en las redes se disparó una petición “Mbappé out” que se hizo viral: 12 millones de firmas en menos de 24 horas, más de 70 millones con el paso de los días. Un termómetro exagerado, pero ilustrativo del nivel de desgaste.

El francés se perdió el Clásico en el que Real Madrid entregó virtualmente el título a Barcelona. Oficialmente, no estaba en condiciones físicas. Ni siquiera se entrenó con los suplentes alegando “molestias”. Reapareció en el banquillo ante Real Oviedo a mediados de mayo. Y ahí cambió el guion.

Mbappé, poco dado a detenerse ante los micrófonos tras un partido de Liga, se paró esta vez. Tras salir como revulsivo, lanzó un mensaje directo: aseguró estar “al 100 por ciento” y afirmó que no había sido titular porque Arbeloa le había comunicado que era el “cuarto delantero” de la plantilla. Sus palabras cayeron como una bomba en Valdebebas. Informaciones posteriores apuntaron a que su enfado venía de lejos, marcado también por el despido de Xabi Alonso.

Arbeloa tuvo que salir al día siguiente a apagar el fuego en rueda de prensa: “Debió de entenderme mal, en ningún momento dije que fuera el cuarto delantero. Un jugador que hace cuatro días no estaba ni para ir convocado no podía ser titular hoy”. El mensaje era nítido: el técnico no iba a ceder ni un centímetro en la batalla del relato.

The Athletic hablaba entonces de una “creciente decepción” con Mbappé “desde el vestuario hasta el palco”. El entorno del jugador respondió con un comunicado en el que defendía su profesionalidad: parte de las críticas, aseguraban, se basaban en una “sobreinterpretación” de una fase de recuperación “estrictamente supervisada por el club” y no reflejaban “la realidad del compromiso y el trabajo diario” del delantero.

La sensación, en cualquier caso, era clara: Mbappé y el Real Madrid llegaban al final de la temporada exhaustos, a golpes y con demasiadas cuentas pendientes.

El Mundial, refugio y escaparate

En ese contexto, el Mundial en Norteamérica ha sido un respiro. Un paréntesis. Y también un escenario ideal para que Mbappé vuelva a su hábitat natural: el de las grandes noches, los focos y los goles.

Lejos del estruendo madrileño, el capitán de Francia ha vuelto a ser un depredador de área. Ocho goles hasta ahora. Tres dobletes —ante Senegal, Iraq y Suecia—, un penalti decisivo frente a Paraguay y un golazo para abrir el marcador contra Marruecos en cuartos de final. Incluso en su única noche sin marcar, ante Noruega en la fase de grupos, dejó dos asistencias.

Su registro actual le coloca empatado con Lionel Messi en lo alto de la carrera por la Bota de Oro del torneo. Y hay más: con 20 goles totales en Mundiales, se sitúa a solo uno del propio Messi (21). Está a un paso de convertirse, ya sea en esta edición o en las siguientes, en el máximo goleador histórico de la Copa del Mundo en solitario.

Con la camiseta azul de Francia, Mbappé parece otra cosa. O, quizá, simplemente se le mira de otra forma.

El líder indiscutible de Les Bleus

En la selección, pese a la abundancia de talento ofensivo y de estrellas consolidadas, no hay debate: Mbappé es el faro. Capitán, referencia, figura central del proyecto de Didier Deschamps. En el vestuario no hay dudas sobre él, y lo han dejado claro.

Ousmane Dembélé fue tajante en la previa del torneo: “Las críticas hacia él son muy, muy injustas. Hay gente que se pasa con Kylian. Es un jugador increíble y una muy buena persona fuera del campo. Como es Kylian Mbappé, se exagera todo. No deberían seguir yendo a por él. Sigue siendo un ser humano. Con la selección está muy bien con nosotros, es un líder”.

Lucas Hernández remató la idea: “Kylian es un jugador extraordinario. Cuando eres Kylian Mbappé, todo el mundo mira todo lo que haces, dentro y fuera del campo. Todas las críticas que ha habido esta temporada, las va a silenciar”.

En Francia, sus compañeros le protegen. Le reconocen como el hombre que marca la diferencia. En España, la mirada es mucho más fragmentada.

España, lupa implacable y juicio abierto

La figura de Mbappé en el fútbol español no se reduce a héroe o villano. Es más compleja. Se discute su liderazgo, su ego, su comportamiento fuera del césped. Se alaba, al mismo tiempo, su impacto ofensivo y su capacidad para decidir partidos. Es el peaje de ser una superestrella global en un entorno mediático que vive del conflicto permanente.

Hay otro ángulo incómodo: el historial de episodios racistas y el trato a jugadores negros en el fútbol español. No se puede obviar. La lupa sobre Mbappé es más dura que sobre otros, y no solo por su salario o su estatus.

“El jurado sigue deliberando con Mbappé”, explicaba el periodista Guillem Balagué a la BBC en mayo. “Parece un poco frío y distante con la afición del Madrid. Recuerdo que Raúl me decía que aquí la gente valora a los jugadores que corren hasta por el balón imposible. Eso enamora”.

Balagué apuntaba a un matiz clave: si el Real Madrid estuviera ganando, el relato sería distinto. La duda que sobrevuela el Bernabéu es otra: ¿no gana el equipo porque los entrenadores no han sabido sacar la mejor versión de Mbappé, o porque el francés no ha terminado de adaptarse?

Su primera etapa, bajo Carlo Ancelotti, fue ejemplar desde el punto de vista de la disciplina. Llegó con humildad, consciente de dónde estaba, obedeciendo al milímetro. Luego llegaron dos penaltis fallados —ante Liverpool y Athletic Club— y un bajón anímico que, según los testimonios, le empujó a pensar: “Voy a hacerlo a mi manera”. Los goles volvieron, las cifras se dispararon, pero esta temporada, ya con Xabi Alonso y luego con Arbeloa, el engranaje no ha encajado.

Un duelo con España y una promesa implícita

Ahora, el calendario le coloca frente a un escenario casi teatral: una semifinal de Mundial contra la selección del país en el que vive y trabaja. Mbappé llega como uno de los máximos goleadores del torneo, en un estado de forma que contrasta con el final de su curso de club. Y, sin embargo, sabe que ni siquiera eso le blindará de las críticas.

“Solo hay un escenario en el que puedes relajarte, y es ganando el Mundial”, advirtió antes del choque con España. “Cuando juegas para Francia, si no ganas, te critican duramente. Tenemos un grupo muy unido empujando hacia un único objetivo: la victoria. Estamos en semifinales, pero el camino sigue siendo largo y los partidos más difíciles están por venir”.

En el fondo, el mensaje es el mismo que deslizó Lucas Hernández antes de que el balón echara a rodar: Mbappé ha venido a este Mundial a callar bocas. De momento, lo está logrando a base de goles y decisiones en las áreas.

Si es capaz de tumbar a la vigente campeona de Europa en semifinales y trasladar esta versión desatada al inicio de la próxima temporada con el Real Madrid, la pregunta será inevitable: ¿quién se atreverá entonces a no pedirle disculpas?