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Michael Edwards deja Fenway Sports Group y genera incertidumbre en Liverpool

Michael Edwards ha presentado su dimisión como chief executive of football de Fenway Sports Group (FSG), el grupo propietario de Liverpool, y deja un vacío de poder en un momento especialmente delicado para la estructura deportiva del club.

El arquitecto silencioso de gran parte de la era moderna de éxitos del Liverpool había regresado hace apenas dos años a un cargo todavía más influyente, tras la salida de Jürgen Klopp, con una misión clara: liderar un ambicioso proyecto de multi-club bajo el paraguas de FSG. Un paso más allá del clásico rol de director deportivo. Una especie de cerebro global del fútbol del grupo.

Ese plan, sin embargo, se desinfló antes de arrancar. A finales del año pasado, los propietarios estadounidenses decidieron aparcar la idea. Y ahí empezó a resquebrajarse la relación. Poco después, Edwards comunicó su deseo de marcharse. FSG intentó retenerlo. No lo consiguió.

Su salida llega con un año todavía por cumplir en su contrato y en medio de rumores persistentes sobre el futuro del actual sporting director, Richard Hughes, vinculado a un posible movimiento hacia Arabia Saudí. El resultado es evidente: más preguntas que respuestas en la cúpula deportiva que debe sostener el siguiente capítulo del Liverpool post-Klopp.

Edwards se marcha con un mensaje de cierre medido, pero significativo. En un comunicado, subraya que “ha sido un privilegio regresar a Fenway Sports Group y Liverpool Football Club en un momento tan importante” y recalca que abandona el puesto convencido de que el club “está en una posición fuerte, con gente extraordinaria, una dirección clara y los cimientos colocados para seguir teniendo éxito”.

No es una despedida amarga, al menos en lo público. Él mismo recuerda que volvió ilusionado por una doble vía: pilotar una transición clave en Liverpool y ayudar a definir las “ambiciones futbolísticas más amplias” de FSG. Esa segunda parte, reconoce, terminó tomando un rumbo distinto al imaginado. Aun así, reivindica el trabajo del equipo que lideró, que presentó a la propiedad “un amplio abanico de opciones bien desarrolladas” para el futuro del proyecto futbolístico del grupo.

También hay espacio para los agradecimientos. Nombra directamente a Mike Gordon, John Henry y Tom Werner, y extiende el reconocimiento a todo FSG, a Liverpool y, sobre todo, a los aficionados, “cuya pasión hace que este club sea tan especial”. Cierra con una frase que suena a punto y aparte: siempre estará agradecido por haber formado parte de la historia del club.

La respuesta desde la cúpula de FSG no se hizo esperar. Mike Gordon, presidente de FSG y hombre fuerte en el día a día del proyecto deportivo, asumirá ahora las funciones de Edwards. En su mensaje, califica la contribución del ejecutivo saliente como “extraordinaria” y recuerda el contexto de su regreso en 2024: un momento “pivotal” para Liverpool, en el que aceptó un rol de liderazgo más amplio sobre todos los intereses futbolísticos del grupo.

Gordon destaca tres rasgos: juicio excepcional, integridad y un compromiso inquebrantable con la construcción de una organización futbolística sólida a largo plazo. No es un elogio vacío. Bajo su batuta, en sus dos etapas, Liverpool supo atravesar periodos de transición complejos y, según subraya el presidente de FSG, acabó asegurando un “histórico título de liga inglesa”, un logro al que atribuye a Edwards una aportación “importante”.

La sensación que dejan las palabras de Gordon es clara: FSG no quería este desenlace. “Estamos naturalmente decepcionados por verle marchar”, admite, antes de remarcar la gratitud por “todo lo que ha dado” y desearle lo mejor a él y a su familia en el futuro.

Mientras tanto, el tablero de poder se recoloca. Gordon asume más peso, Edwards se marcha, el proyecto multi-club queda en suspenso y sobrevuela la incógnita de qué ocurrirá con Richard Hughes. Para un club que ha vivido su gran etapa reciente apoyado en una estructura deportiva fuerte, coherente y muy definida, la pregunta ya no es qué fue Liverpool con Edwards, sino cómo se reinventará sin una de sus mentes más influyentes en los despachos.