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Michael O'Neill y la presión sobre jóvenes futbolistas: decisiones irreversibles

Michael O'Neill no esconde el fastidio. No por perder a una promesa, ni por una batalla política entre federaciones. Lo que más le molesta al seleccionador de Irlanda del Norte es ver a chicos que apenas empiezan su carrera profesional obligados a tomar una decisión que no tiene marcha atrás.

En el centro del debate está Ceadach O'Neill, joven del Arsenal, ya con dos internacionalidades absolutas con Irlanda del Norte y convocado de nuevo para el cuádruple compromiso de la Nations League. Al mismo tiempo, ha recibido un acercamiento desde la República de Irlanda. Y ahí es donde el reglamento de Fifa aprieta.

Una elección que no se puede deshacer

Cualquier futbolista nacido en Irlanda del Norte puede jugar tanto para Irlanda del Norte como para la República de Irlanda. Pero el reglamento es tajante: solo se puede solicitar una vez el cambio de asociación internacional.

En el caso de Ceadach O'Neill, si quisiera representar a la República de Irlanda en cualquier categoría, ya tendría que tramitar un cambio de federación ante Fifa. Y si llega a jugar en esta ventana de la Nations League, no podría formalizar ese cambio hasta cumplir los 21 años. Si alcanza las cuatro internacionalidades absolutas, el cambio ya sería imposible para siempre.

Ahí es donde Michael O'Neill levanta la voz.

«Mi foco está en el jugador, y tengo un deber de cuidado hacia él como su seleccionador, igual que lo tenemos como asociación», subraya. «Ha estado en nuestra estructura desde niño. Ha sido parte de nuestra academia. Es evidente que ha tenido un acercamiento de otra asociación, eso pasa».

Y entonces llega el dardo: «Lo que más me molesta es que se ponga a un jugador joven en la posición de hacer un traspaso internacional antes de llevar siquiera dos años como profesional. No creo que sea lo correcto. No es algo que ninguna asociación debería hacer».

Una particularidad histórica y jurídica

Todo este escenario se asienta sobre una base política muy concreta. El Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que selló el proceso de paz tras décadas de conflicto, permite que las personas nacidas en Irlanda del Norte puedan tener pasaporte británico e irlandés.

En 2010, el Tribunal de Arbitraje Deportivo dio otra vuelta de tuerca: cualquier jugador nacido en la isla de Irlanda puede representar a la República de Irlanda aunque no cumpla ningún otro criterio de elegibilidad, como nacer en su territorio, tener padres o abuelos nacidos allí o haber residido cinco años seguidos en el país.

El flujo, sin embargo, no es simétrico. Los jugadores nacidos en la República de Irlanda no pueden jugar con Irlanda del Norte salvo que cumplan otros requisitos de elegibilidad.

Michael O'Neill asume que su federación también explora todos los resquicios reglamentarios: «Aprovechamos la elegibilidad, como hace cualquier país, hasta la regla de los abuelos, pero esta es una norma obviamente única entre nosotros y la FAI», admite, en referencia a la Football Association of Ireland. «Creo que todo el mundo reconoce que no es particularmente justa, pero nuestro foco es asegurar que nuestro camino para los jóvenes sea lo mejor posible, y que sea un camino para chicos de cualquier parte de la comunidad».

La postura de la FAI: no dejar escapar a nadie

Del otro lado, la FAI ha dejado claro que no piensa quedarse de brazos cruzados. En mayo, su director de fútbol, John Martin, defendió que, como mínimo, deben contactar con todo jugador elegible.

«Sabemos que hay chicos ahí fuera que quieren jugar para Irlanda y a los que no se ha acercado nadie en el pasado», dijo Martin. «Eso no está bien. Se trata de asegurarnos de que tenemos presencia, de que entendemos todos los jugadores disponibles para nosotros y de que están siendo monitoreados y seguidos».

Es justo esa dinámica la que O'Neill considera dañina cuando se traslada a adolescentes o futbolistas que apenas empiezan a asentarse en el fútbol profesional.

Identidad, nacionalidad… y un niño en medio

A Michael O'Neill le han preguntado muchas veces si este debate constante alrededor de la nacionalidad de sus jóvenes jugadores le cansa. Su respuesta ahora es más fría, menos visceral que años atrás.

«En el pasado sí lo habría sido, ahora no», reconoce. «Hay gente que comenta sobre esto y habla de nacionalidad, de identidad, de todas estas cosas que forman parte de nacer y crecer en Irlanda del Norte».

Pero el seleccionador apunta a lo que, a su juicio, se está perdiendo en la discusión: «Estamos poniendo a jugadores jóvenes en una situación en la que tienen que tomar una decisión irreversible».

Durante su etapa al frente de Irlanda del Norte, el técnico también ha vivido la situación desde el otro lado, incorporando a futbolistas que han cambiado de asociación. Cita dos casos concretos: Jamie Donley, de Tottenham Hotspur, que pasó de Inglaterra a Irlanda del Norte y ya es internacional absoluto, y Ronan Hale, que cambió desde la República de Irlanda con 25 años.

«En mi tiempo hemos hecho dos cambios internacionales. Jamie Donley, que ahora es internacional absoluto, y Ronan Hale, que tenía 25 años cuando le pedimos que tomara esa decisión», recuerda O'Neill. «Creo que hay un momento en la carrera de un jugador en el que simplemente hay que dejarle jugar y desarrollarse, disfrutar del fútbol sin crear una situación como esta».

Y remarca: «Nosotros no hemos creado esta situación. Ceadach ha estado en nuestro sistema todo el tiempo y ahora está en nuestra convocatoria».

Los que se fueron… y lo que pudieron ser

El caso de Ceadach O'Neill revive un historial que en Irlanda del Norte duele. Los nombres más sonoros son James McClean y Shane Duffy, que pasaron por las categorías inferiores norirlandesas antes de construir largas carreras internacionales con la República de Irlanda, superando ambos el medio centenar de partidos.

Michael O'Neill reconoce esos éxitos, pero también mira al resto del grupo que decidió cambiar de federación: «Si lo miras desde nuestro punto de vista, no hay muchos jugadores que hayan sido un éxito tras irse de Irlanda del Norte», sostiene. «Puedo pensar en dos, James McClean y Shane Duffy, que tuvieron carreras internacionales en las que superaron las 50 internacionalidades. El resto, la mayoría, no ha jugado de forma consistente o no ha tenido, creo, la carrera internacional que podría haber tenido si se hubiera quedado aquí».

No es un reproche directo, insiste, sino una advertencia sobre el peso de esa decisión: «Al final es una decisión del jugador, y tenemos que respetarla. Pero, como he dicho siempre, aquí hay dos caras. Está a quién sientes que debes representar, y está también la parte puramente futbolística: dónde puedes tener una carrera internacional más larga».

Entre la identidad, la oportunidad deportiva y un reglamento inflexible, Ceadach O'Neill se mueve ahora en un terreno resbaladizo. Y mientras las federaciones afinan sus redes de captación, Michael O'Neill lanza una pregunta incómoda al fútbol internacional: ¿hasta qué punto es justo pedirle a un chico que decida el resto de su vida con la camiseta antes incluso de haber terminado de empezar su carrera?