Mikel Arteta y el arte del caos controlado en el Arsenal
Mikel Arteta lleva tiempo construyendo un Arsenal obsesionado con el detalle. Pero no solo con el pase, la presión o la salida de balón. También con el caos. El técnico español ha confesado que somete a sus jugadores a pequeños desafíos incómodos —desde retrasar las comidas hasta subir la temperatura del vestuario— para que el equipo llegue preparado a cualquier imprevisto.
La última prueba real llegó esta semana, camino de Italia. El vuelo hacia Nápoles para el debut en la Champions League frente al Napoli se retrasó más de cinco horas. El equipo aterrizó cerca de las 22.00, hora local, y Arteta tuvo que cancelar la rueda de prensa previa al partido. Nada de eso alteró al Arsenal: victoria y 13º triunfo consecutivo en fase de grupos en Europa, sellado con un gol de Martin Ødegaard en la segunda parte.
El entrenador no se sorprendió. Lo tenía trabajado.
“Me encantan esos desafíos. Intento crearlos en pretemporada”, explicó. “Así, cuando suceden, ya los hemos vivido y ya sabemos. Llegar muy tarde al estadio, cambiar la rutina en cuanto los jugadores tienen que hacer otra cosa. Porque cuando pasa, y puede pasar, puedes perder el vuelo, el tren puede retrasarse, puede haber muchísimo tráfico, y no quiero a los jugadores, ni al staff, entrando en pánico”.
Ahí entra su filosofía: normalizar el desorden.
“Cuando eso pasa, hay que adaptarse. ‘Vale, tenemos otras dos o tres horas en el avión, ¿cómo las usamos?’ Jugar juntos, pasar tiempo juntos, dormir, aprovecharlo, pero desde luego no quejarse ni usarlo como excusa porque eso no ayuda nada”.
El laboratorio de Arteta
Arteta ya había llamado la atención por métodos poco habituales. Ha llegado a usar carteristas en las concentraciones de pretemporada para trabajar la atención de sus jugadores y preparó una visita a Anfield con ruido de grada a todo volumen a través de altavoces para simular la presión.
Ahora ha detallado más trucos de su laboratorio.
“Retrasar las comidas, retrasar el transporte, ir por una ruta diferente. Hemos hecho muchas cosas: hacer el vestuario más caliente, más difícil, más exigente, con menos camillas de masaje. Ese tipo de cosas”, enumeró. “Porque vamos a tener que adaptarnos a contextos diferentes y trataremos de anticiparlo y crear las mejores condiciones posibles. Pero cuando hay ese elemento de estrés o sorpresa el día de partido, es importante estar preparado”.
El mensaje es claro: el Arsenal no solo entrena cómo jugar; entrena cómo reaccionar cuando todo sale mal.
Trossard, Gabriel Jesus y el papel del “poli malo”
Mientras el equipo se prepara para visitar al Sunderland el sábado por la noche, con la intención de mantener su pleno de victorias en el inicio de la temporada tras el 2-2 del curso pasado en el Stadium of Light, Arteta también tuvo que afrontar preguntas sobre salidas recientes.
Aquel empate en Sunderland dejó un sabor agridulce: Leandro Trossard marcó el segundo gol del Arsenal antes de que Brian Brobbey firmara el empate en los minutos finales. Hoy, el belga sirve de ejemplo para Arteta cuando se compara su marcha con la de Gabriel Jesus.
El brasileño, ahora en el Barcelona tras entrenarse apartado del grupo antes de su traspaso, aseguró: “Nadie me dijo nada”. Una frase que sorprendió a Arteta.
“Muy sorprendido, siendo sincero, sobre todo porque con Gabriel tuve una charla individual en el vestuario”, relató el técnico. “Y las palabras que usamos el uno con el otro fueron todo gratitud. Así que no lo sé. Está bien. A veces entiendo que cuando tienes que dar malas noticias o noticias que la gente no espera, esas reacciones son reactivas. Alguien tiene que ser el poli malo; si tengo que serlo, lo soy”.
El contraste llega con Trossard. El atacante, traspasado al Besiktas en julio, estuvo en el Emirates la semana pasada presenciando la victoria ante el Chelsea, integrado, cercano al grupo.
“Lo importante es normalmente lo que pasa tres meses después, seis meses después”, subrayó Arteta. “Cuando Trossard viene, está en el vestuario con todos nosotros, el ambiente y la relación que tienes con todos los jugadores que se han ido… En algún momento la relación ha sido muy buena. Espero que sea el mismo caso”.
Entre vuelos retrasados, vestuarios sofocantes y despedidas incómodas, Arteta va moldeando un equipo que no solo compite, sino que aprende a vivir en la incomodidad. La próxima parada es Sunderland. El caos, si llega, ya está entrenado.






