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Micky Moore y el futuro de Jon Brady en Port Vale

El nuevo director deportivo de Port Vale, Micky Moore, no llegó para repartir abrazos. Llegó para marcar líneas rojas.

En su primera comparecencia pública desde que asumió el mando de “toda la operación de fútbol” del club de League Two, Moore fue directo al corazón del asunto: el futuro de Jon Brady dependerá, simple y llanamente, de los resultados.

“Es un negocio de resultados”

“Jon está en la misma situación que los otros 91 entrenadores de la liga: se le juzgará por los resultados”, afirmó en BBC Radio Stoke. Nada de matices. Nada de zonas grises. “Se le juzgará por sus comportamientos, día a día, y por los resultados. Si no alcanzan los estándares que exigimos, Jon conoce las consecuencias”.

Port Vale viene de descender de League One y el aterrizaje en la cuarta categoría ha sido duro. Un solo triunfo tras siete jornadas. Penúltimos en la tabla. Un escenario que Moore no intenta disfrazar, aunque sí quiere cambiar el tono anímico del entorno.

“No puedo venir aquí y ser negativo y miserable, eso no va a ayudar a nadie. No puedo cambiar el ayer, pero sí puedo influir en el mañana”, remarcó.

Un arranque pobre… con pequeños brotes verdes

La presión existe, pero Moore se agarra a los pocos signos de mejora que ha visto desde la derrota por 2-0 ante Walsall. Desde ese tropiezo, el equipo ha disputado dos encuentros de EFL Trophy: una victoria y un empate.

No es una racha para lanzar las campanas al vuelo, pero en un club herido, cada detalle cuenta. “Hemos ganado un partido y empatado otro, así que es algo positivo. Han regresado jugadores de lesión, que es positivo. Otros se han ido con sus selecciones y han marcado goles, otro positivo. Hemos marcado en jugada, positivo. Hemos dejado la portería a cero, positivo”.

Moore quiere cambiar el clima sin negar la realidad. Optimismo, sí, pero no ingenuidad.

Brady manda en el césped

La llegada de un director deportivo siempre despierta sospechas: ¿hasta dónde llegará su mano en el vestuario? Moore cortó el debate de raíz. El área técnica, al menos en lo que se ve los fines de semana, seguirá teniendo un dueño claro.

“Jon elegirá el equipo, Jon elegirá la táctica, Jon elegirá el sistema”, recalcó. “Yo no tendré ninguna implicación en eso. Jon puede venir y preguntarme ‘¿qué piensas de esto o de aquello?’ y yo le daré una perspectiva distinta a la de su cuerpo técnico. Pero si no me lo pregunta, no voy a ir y decirle ‘creo que deberías hacer esto o aquello’”.

Moore se ve como un “mecanismo de apoyo”, una figura externa al día a día del vestuario, pero cercana al entrenador. Un puente entre el césped y el despacho, no un competidor por el mando.

Brady, por su parte, ha recibido bien el nombramiento. Considera que la figura de Moore puede reforzar la comunicación entre el primer equipo y el consejo de administración, una grieta habitual en clubes que encadenan ascensos, descensos y cambios estructurales.

Una tabla engañosa, una realidad tozuda

La posición de Port Vale en la clasificación es, en palabras de Moore, “precaria” pero “falsa”. La paradoja define bien el momento: el club está en problemas, pero el director deportivo está convencido de que el potencial del equipo no se refleja en la tabla.

“Mirad la liga, no estamos en un buen lugar. No tiene sentido endulzarlo”, admitió. “En los últimos cuatro o cinco años habéis vivido en una montaña rusa emocional: o estáis peleando por el ascenso o estáis descendiendo. En términos de estabilidad no ha habido mucha; altos y bajos, y nada en medio”.

Ahí se sitúa uno de sus grandes retos: estabilizar a un club que ha vivido demasiado tiempo al límite. Moore insiste en que el nivel de la plantilla y del proyecto es “mucho mejor” que lo que indica el puesto actual. Y lanza una promesa que también suena a advertencia interna: “No tengo ninguna duda de que empezaremos a escalar en la tabla y no terminaremos en la situación en la que estamos ahora”.

Tiempo, decisiones y una varita que no existe

Moore no llega con un plan de choque prefabricado ni con promesas vacías. Su primera fase será de observación. Mirar, escuchar, entender. Después, actuar.

“Me gustaría poder deciros: ‘esto es lo que va a pasar, estos son los plazos’, pero no puedo”, reconoció. “Si tuviera una varita mágica… Cuando volvamos a League One, estaremos sobre una base estable y nos quedaremos ahí”.

El mensaje es claro: el objetivo no es solo regresar, sino asentarse. Nada de otro ciclo de ascenso rápido y caída inmediata.

Las expectativas, admite, no son simplemente altas. “No son grandes, son enormes”. Y ahí aparece la otra cara del discurso: pide tiempo, pero sabe que el fútbol no suele concederlo. “Lo mejor que podría pedir es un poco de tiempo, pero no estoy engañado. ¿Tengo una varita mágica? No. Habrá decisiones enormes que tomar sobre la marcha y soy consciente de ello”.

Mientras tanto, el día a día se resume en una frase que lo atraviesa todo: “En última instancia queremos que Port Vale gane partidos de fútbol”. Eso quiere el director deportivo. Eso quiere el entrenador. Eso quiere cada aficionado que se siente en la grada el sábado.

La cuestión, para un club que vive otra vez al borde del abismo, es cuántos resultados más puede esperar Jon Brady antes de que esas “consecuencias” de las que habla Micky Moore llamen a la puerta.