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Mikel Merino: El héroe inesperado de España en Split

En Split, España jugó contra el ruido, contra el marcador y contra la lógica. Y ganó las tres batallas con el mismo protagonista: Mikel Merino, un suplente convertido en martillo pilón.

Croacia se adelantó pronto, cuando Ivan Perisic silenció por un instante el rugido de los 32.000 aficionados locales solo para encenderlo todavía más. El ambiente se hizo espeso, hostil, de esos que se comen a los equipos que dudan. España dudó durante un tramo largo del primer tiempo, incapaz de encontrar grietas en un bloque croata compacto, empujado por cada grito desde la grada.

Luis de la Fuente miró al banquillo en el descanso y tomó una decisión que cambió la noche: fuera Alex Baena, dentro Merino. Un movimiento que, visto el desenlace, parece casi una obviedad. No lo era en ese momento. Era un acto de fe.

La fe se transformó en impacto inmediato. El centrocampista de 30 años volvió a hacer lo que ya empieza a ser su firma con la selección: entrar, agitar el partido y decidirlo. Dos goles, el segundo en el minuto 88, para girar un encuentro que se escapaba y arrancar tres puntos de un estadio que no perdona debilidades.

No es un episodio aislado. Es una secuencia. Ya lo había hecho antes contra Portugal, contra Bélgica, contra Czechia. Siempre desde el banquillo, siempre en el filo del resultado. Merino se ha instalado en ese territorio incómodo y fascinante del futbolista que no es titular, pero al que el partido reclama cuando arde.

Tras el pitido final, su discurso en TVE fue tan sincero como sus carreras en el césped. “Estoy muy feliz de poder ayudar al equipo, otro partido en el que me tocó marcar desde el banquillo”, explicó. Y, sin esconderse, añadió esa mezcla de orgullo y frustración que acompaña a los jugadores que viven entre dos aguas: “Saldré con la mejor actitud posible incluso estando frustrado por no poder jugar más… pero este equipo es una familia y eso siempre se nota”.

De la Fuente, que conoce bien el valor de ese tipo de futbolistas, no tardó en elevar el tono del elogio. “Es un honor entrenar a un jugador así”, subrayó el seleccionador, antes de lanzar un mensaje que sonó tanto a reivindicación como a aviso: “Ha dejado absolutamente claro por qué lo habría llevado en brazos al Mundial. En otro país estaría más valorado; espero que eso cambie”.

La noche invitaba a la épica. El escenario, también. Split presentó un ambiente abrasador, de esos que convierten cada pérdida en un rugido y cada ataque visitante en un desafío psicológico. Merino lo describió sin maquillaje: “Fue un partido muy duro en un estadio muy difícil, con un ambiente increíble. Sabíamos que venir aquí iba a ser complicado y, obviamente, con ellos marcando el primer gol y la afición apretando, fue duro”.

España, sin embargo, se agarró a algo que el propio centrocampista resumió con una frase que empieza a sonar a lema: “Este equipo nunca se rinde, lucha hasta el final, y por suerte para nosotros llegó la victoria”. No fue solo un ejercicio de fútbol; fue una prueba de carácter.

Para Merino, la noche tuvo un valor añadido. No solo cerró un partido complejo. También puso luz sobre un trabajo silencioso que, muchas veces, no deja huella en el marcador. “Marcar goles importantes significa mucho para mí. Es una gran recompensa a mucho trabajo”, confesó. “A veces esos momentos en los que trabajas duro no llegan con recompensa, y ahora me está llegando en forma de goles. Estoy muy feliz no solo por los goles, sino por la ayuda que le estoy dando al equipo”.

Esa frase conecta directamente con su realidad diaria en Londres. En el Arsenal de Mikel Arteta, el navarro vive un papel similar al que tiene en la selección: siempre presente, rara vez desde el inicio. Ha participado en los cinco partidos de Premier League esta temporada, pero siempre como suplente. Un patrón que contrasta con su impacto cuando el balón quema.

Arteta le ha abierto la puerta de la titularidad en las copas, y Merino ha respondido como acostumbra: gol ante Ipswich en la Carabao Cup y minutos en la Champions League frente a Napoli. Cada oportunidad, una marca. Cada marca, una pregunta.

Porque con noches como la de Split, la discusión ya no es si Merino es un revulsivo de lujo. La cuestión empieza a ser otra: ¿hasta cuándo se puede mantener a un futbolista así lejos del once inicial, tanto en la selección como en el Arsenal?