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Mykhailo Mudryk regresa al fútbol tras la suspensión por dopaje

Mykhailo Mudryk vuelve al juego. Y lo hace tras atravesar el tramo más oscuro de su joven carrera.

Durante casi 20 meses, el extremo ucraniano de Chelsea vivió apartado de la élite, atrapado en un proceso disciplinario por dopaje que amenazaba con borrar sus mejores años. Hoy, la historia da un giro: la Football Association ha dado por resuelto el caso y el futbolista puede competir “con efecto inmediato”.

De una sanción devastadora a la puerta abierta

Mudryk, 25 años, no disputa un partido oficial desde noviembre de 2024. Todo se detuvo tras un control fuera de competición, durante una concentración con la selección de Ucrania en octubre de 2024, que arrojó un “resultado analítico adverso” por meldonium, una sustancia prohibida que puede aumentar la capacidad respiratoria y la resistencia.

La FA actuó con dureza. En enero le impuso la sanción máxima: cuatro años de suspensión. El castigo se conoció públicamente en abril, cuando el jugador acudió al Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS) para recurrir la decisión. De haberse mantenido esa pena, no habría podido volver a jugar hasta aproximadamente diciembre de 2028. Una eternidad en términos futbolísticos.

La presión, esta vez, no vino de un rival, sino del propio reglamento. El test había detectado una “baja concentración” de meldonium. Desde entonces, el documento técnico de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) sobre esta sustancia ha cambiado. La FA subrayó un matiz clave: si la muestra de Mudryk se hubiera analizado hoy, “la concentración de meldonium en la muestra no habría sido reportada” y no existiría resultado adverso.

Los cambios no son retroactivos. El reglamento no se reescribe para salvar carreras. Pero sí han servido de contexto para un acuerdo. Con el visto bueno de WADA, Mudryk y la FA han cerrado el procedimiento disciplinario y la apelación ante el CAS. El ucraniano acepta haber infringido la normativa antidopaje y asume una sanción equivalente al periodo que ya ha cumplido. Puertas abiertas. Vuelve al césped.

“El periodo más difícil” y un regreso cargado de cicatrices

Mudryk no ha escondido el peso emocional de este proceso. Ha hablado de “el periodo más difícil” de su carrera y ha insistido en una idea: “nunca he tomado de forma consciente o intencionada ninguna sustancia prohibida”. No hay absolución plena, pero sí una resolución que le permite mirar hacia adelante.

Chelsea, por su parte, ha mantenido una línea delicada: apoyo al jugador sin cuestionar el sistema. El club se declara satisfecho de que el caso haya llegado a una conclusión que le permite “volver al fútbol de inmediato” y recalca que siempre ha respaldado a “Misha” respetando la integridad del programa antidopaje y el proceso legal.

Hay un matiz que en Stamford Bridge no han querido dejar pasar. El club recuerda que, con los avances actuales en los métodos de análisis, “no se habría producido ninguna infracción de la normativa antidopaje” a partir de aquella muestra. Lo consideran una pieza importante del contexto y una forma de que todas las partes puedan “seguir adelante”.

Mudryk, por su lado, habla de “profunda gratitud” hacia Chelsea y ya mira al “próximo capítulo” de su carrera. Ese capítulo empieza de inmediato: se sumará a la gira de pretemporada del club, donde volverá a vestuario, campo de entrenamiento y dinámica diaria. Todo aquello que le fue vetado.

Entrenar en la sombra

La sanción le golpeó también en lo cotidiano. Durante el castigo, Mudryk no podía acceder a la ciudad deportiva de Chelsea ni trabajar con el cuerpo técnico. Quedó fuera del ecosistema de élite. Su única aparición pública con miembros del primer equipo se produjo durante las celebraciones por la final de la Conference League en mayo de 2025. Un paréntesis festivo en medio de un largo aislamiento profesional.

Para no perder la forma, el ucraniano se organizó su propia “pretemporada permanente”. Pagó entrenadores privados, contrató porteros para sesiones específicas y utilizó el campo del modesto Uxbridge FC, en Londres. También montó un stage en Austria, con vídeos que le mostraban marcando goles y puliendo automatismos ofensivos.

Pero ni el mejor plan individual puede replicar la intensidad de entrenar y competir a diario con futbolistas de máximo nivel. En su entorno lo admiten sin rodeos: no hay sustituto real para el ritmo de la élite. Mudryk es consciente del reto que le espera, aunque está convencido de que puede superarlo.

Un activo a largo plazo… con decisiones inmediatas

Cuando fichó por Chelsea desde Shakhtar Donetsk en 2022, por 61 millones de libras y un contrato hasta 2031, el club le colocó en el centro de su nueva política de grandes inversiones amortizadas a muy largo plazo. Era una apuesta estratégica: talento joven, coste repartido en muchos años, margen para crecer.

La sanción lo puso todo en cuestión. No solo su progresión deportiva, también el valor de un activo pensado para liderar un ciclo. Con el caso resuelto, el escenario cambia. Pero no despeja todas las incógnitas.

Chelsea está dispuesto a ofrecerle una vía de regreso al fútbol profesional. El cómo todavía no está definido. Puede ser una reintegración directa en el primer equipo, un préstamo —con el nombre de Strasbourg siempre sobre la mesa por el vínculo entre clubes— o incluso una salida definitiva si alguna oferta encaja con todas las partes. El abanico está abierto.

Mientras tanto, en Cobham saben que el primer paso no es el mercado, sino el físico y la cabeza del jugador. Dos años sin competir al máximo nivel dejan huella. Y también hambre.

Una historia en Stamford Bridge que se niega a terminar

Cuando Mudryk aterrizó en Londres, en medio de una de las sagas de fichajes más seguidas de 2023, se le presentó como símbolo de una nueva era. El caso de dopaje amenazó con convertir esa promesa en un paréntesis amargo. Hoy, el guion vuelve a moverse.

Tiene contrato, tiene permiso para jugar y tiene un club que, pese al ruido, no le ha soltado la mano. Falta lo esencial: comprobar si todavía puede ser el futbolista que Chelsea imaginó cuando apostó por él a largo plazo.

La respuesta ya no está en los despachos ni en los laboratorios. Está en el próximo balón que reciba, en la próxima carrera por la banda, en la primera noche grande en la que vuelva a escuchar su nombre en Stamford Bridge. Ahí sabremos si estos 20 meses fueron un punto y aparte… o el comienzo de su verdadera historia.