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La odisea de Uruguay antes del debut mundialista

Uruguay ya sabía que un Mundial exige nervios de acero. Lo que no esperaba era tener que ponerlos a prueba antes siquiera de subir al avión.

Menos de 24 horas antes de su estreno ante Arabia Saudita, la selección de Marcelo Bielsa quedó varada en Playa del Carmen. El vuelo que debía trasladar al plantel desde Cancún a Miami nunca despegó a la hora prevista. Faltaban documentos. Sobró desconcierto.

Durante varias horas, La Celeste se quedó atrapada en su base mexicana, mientras desde los despachos se cruzaban versiones y responsabilidades. Lo que debía ser un traslado rutinario se convirtió en un pequeño escándalo logístico en plena antesala del torneo.

Cruce de culpas: FIFA, la aerolínea y la AUF

La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) apuntó rápidamente a un problema ajeno. Consultada por The Guardian sobre si se trataba de un error de FIFA, la respuesta fue clara: “Por cuestiones ajenas al control de la AUF, la salida desde México se retrasó”. La federación se pasó horas trabajando a contrarreloj para conseguir un vuelo alternativo.

Desde FIFA, el relato fue otro. En declaraciones a ESPN, el organismo descargó la responsabilidad en la compañía aérea: la aerolínea pidió disculpas por las molestias y el ente rector remarcó que se mantuvo “en estrecho contacto” con la selección uruguaya mientras, junto al aeropuerto y otros socios, intentaban destrabar la situación lo antes posible.

Mientras tanto, el reloj avanzaba. Y el debut se acercaba.

Bielsa minimiza, Giménez matiza

Para un equipo que cuida cada detalle en la preparación, el contratiempo dista de ser menor. La agenda se alteró por completo. La conferencia de prensa programada con Marcelo Bielsa y el capitán José María Giménez se canceló, una señal más de que la planificación había saltado por los aires.

Bielsa, sin embargo, eligió bajar el tono. Aseguró que las circunstancias “no generaron un problema”. Mensaje de calma, de control, de foco en lo futbolístico.

Giménez lo vio con un matiz distinto. Reconoció que “tuvimos algunas complicaciones y fue difícil”. No dramatizó, pero tampoco maquilló la realidad. Pese a todo, explicó que el grupo supo adaptarse, descansar en el hotel y exprimir al máximo las horas muertas para no llegar desgastado.

Un vuelo tardío y una incógnita deportiva

Al final, el avión apareció. Hubo despegue, aunque con un retraso significativo y una preparación alterada. No hubo escándalo mayúsculo, pero sí una incomodidad evidente para una selección que aspira a competir al máximo nivel desde el primer minuto.

Uruguay aterriza ahora en su debut con una pregunta flotando en el aire: ¿quedará este episodio como una simple anécdota de viaje o como el primer síntoma de un Mundial que empezó cuesta arriba?