Pochettino defiende el liderato tras derrota ante Turquía
En Inglewood, Mauricio Pochettino salió helado de la sala de prensa. Frío gesto, tono desafiante. Acababa de perder 3-2 ante Turquía, pero no estaba dispuesto a permitir que el relato del día fuera el tropiezo, sino el contexto: su selección había terminado primera del Grupo D.
El matiz no es menor. Estados Unidos ya tenía asegurado el liderato tras las dos primeras jornadas del Mundial, y Pochettino aprovechó el cierre de la fase de grupos en el SoFi Stadium para rotar casi por completo. El resultado, sin embargo, encendió el debate. Y al técnico no le gustó nada el tipo de preguntas que llegaron.
“No puede ser que Turquía celebre tres puntos, Australia celebre pasar, Paraguay celebre pasar… y que ustedes no digan ‘felicitaciones por ganar el grupo’, es un poco triste”, lanzó, visiblemente molesto.
Remató con una frase que dejó el ambiente helado: “Necesito recordarles que ganamos el grupo, lo siento chicos, ganamos”. Acto seguido, se levantó y abandonó la sala con rapidez.
Rotaciones masivas y un golpe en el último suspiro
El partido tuvo el dramatismo que el grupo ya no tenía. Turquía marcó el 3-2 en el minuto 98, con la última acción del encuentro. Un desenlace cruel para un equipo que, en la práctica, jugaba sin la presión del resultado.
Pochettino insistió una y otra vez en ese punto: el primer puesto estaba asegurado, el marcador no alteraba el futuro inmediato de Estados Unidos en el torneo. Para él, la lectura debía pasar por la gestión, no por el marcador.
“Estoy feliz, quizá no lo demuestro porque sus preguntas son un poco raras”, dijo antes de irse. “Pero estoy feliz, los jugadores están felices porque somos primeros. Estoy confundido, parece que nos vamos a casa esta noche y Turquía se queda en el Mundial, ¿no?”
El once lo explicaba todo. Solo Ricardo Pepi y Weston McKennie repitieron como titulares respecto al triunfo ante Australia. Pepi volvió a ocupar el lugar de Christian Pulisic, aún en recuperación tras la molestia en la pantorrilla sufrida ante Paraguay. McKennie jugó 86 minutos antes de dejar su lugar a Malik Tillman.
Los cuatro futbolistas amenazados por una posible suspensión por amarillas —Tyler Adams, Folarin Balogun, Chris Richards y Antonee Robinson— ni siquiera pisaron el césped. Con las tarjetas limpiándose tras la fase de grupos, Pochettino decidió protegerlos de cualquier riesgo de cara a los octavos de final.
Ese giro masivo de nombres, sumado a la primera derrota del torneo, abrió la puerta a una pregunta recurrente: ¿se había enfriado el impulso que el equipo había construido en las dos primeras jornadas? Para el técnico, la cuestión estaba mal planteada.
“Explíquenme qué quieren decir con impulso, no lo entiendo”, respondió, cortante. “¿Jugar con el mismo equipo que contra Australia y arriesgar? ¿Recibir una tarjeta amarilla? ¿Arriesgar jugadores que quizá tienen problemas? No lo entiendo. Alemania perdió impulso también y jugó (casi) con el mismo equipo en su derrota contra Ecuador”.
Guler brilla, Trusty y Berhalter responden
Sobre el césped, el partido dejó nombres propios. Auston Trusty abrió el marcador para Estados Unidos. Turquía reaccionó, se adelantó y obligó a los de Pochettino a remar de nuevo. Sebastian Berhalter empató al inicio de la segunda parte, pero el gran protagonista de la noche fue Arda Guler.
El joven talento turco firmó un gol, manejó los mejores ataques de su selección y se adueñó del ritmo ofensivo. Incluso dejó una imagen que dolerá en los resúmenes estadounidenses: el caño a Pulisic en la jugada que desembocó en el tanto decisivo de Turquía.
Porque sí, Pulisic reapareció. Y esa, para Estados Unidos, fue casi la noticia del día.
El regreso de Pulisic, la mejor señal para el KO
El atacante ingresó en el minuto 58, reemplazando a Tim Weah en la banda izquierda. Se movió con normalidad, buscó el balón, encaró. En cuanto entró, se convirtió en el futbolista más peligroso de Estados Unidos sobre el campo.
La media hora larga que disputó cumplió exactamente con el plan del cuerpo técnico.
“El objetivo no era solo ganar, sino darle a Christian 30-40 minutos”, explicó Pochettino. “Terminó bien y tuvo impacto en el campo”.
El detalle del caño de Guler en el 3-2 no cambia la lectura principal: Pulisic volvió, respondió físicamente y apunta a llegar en buenas condiciones a los cruces. Para un equipo que aspira a ir lejos, es una noticia enorme, incluso en una noche de derrota.
Mejor fase de grupos… y un técnico a la defensiva
Los números también respaldan parte del discurso de Pochettino. Con seis puntos, Estados Unidos firma su mejor fase de grupos en un Mundial, al menos en términos de puntuación total. Igualan el registro de 1930, aunque entonces la victoria valía dos puntos y no tres.
Pochettino esperaba que ese dato tuviera más peso en el relato del día. No lo encontró en las preguntas y decidió subrayarlo él mismo.
En otra de las respuestas, cuando le cuestionaron qué lecciones dejaba el partido, aprovechó para lanzar un mensaje interno.
“Nadie nos felicitó por terminar primeros en un grupo muy difícil”, dijo. “Yo felicito a los jugadores, al staff y a los aficionados. Ahora respondo a su pregunta. Siempre aprendes cuando estás en un Mundial”.
Bosnia y Herzegovina, siguiente examen
Horas antes del duelo ante Turquía, ya se conocía el rival de Estados Unidos en los octavos de final: Bosnia y Herzegovina, en Santa Clara, el próximo miércoles. Un cruce que llega con el equipo tocado por el resultado, pero reforzado por la gestión física y el regreso de su estrella.
Pochettino, pese a la derrota y al mal humor frente a los micrófonos, se mostró seguro de la evolución de su grupo.
“Somos un equipo mucho mejor ahora que antes”, afirmó. “Eso se pondrá a prueba en el próximo partido”.
La fase de grupos ya está archivada. El liderato también. Lo que viene ahora ya no admite rotaciones masivas ni excusas de contexto. En Santa Clara, la selección de Pochettino sabrá si toda esta tensión, esta rotación y este enfado con el relato valieron la pena cuando el Mundial pase del discurso a la eliminación directa.





