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Reijnders: ¿Cazador de dinero? La verdad detrás de su fichaje

Tijjani Reijnders ha puesto palabras a lo que muchos futbolistas rara vez se atreven a admitir en público. El centrocampista neerlandés, que este verano dejó Manchester City tras una única y frustrante temporada, ha reconocido abiertamente que su millonario fichaje por Al-Qadsiah responde, ante todo, a una decisión económica.

El internacional de Países Bajos llegó al Etihad desde AC Milan por 46,5 millones de libras, con la etiqueta de fichaje importante y la expectativa de asentarse en la élite inglesa. Nunca terminó de hacerlo. Jugó 50 partidos, sí, pero sin encontrar continuidad real ni un rol estable. Mucha presencia, poca huella.

Su incomodidad no era solo cuestión de minutos. Era cuestión de posición. Reijnders se ve a sí mismo como un “box to box”, un ocho con recorrido, ritmo y llegada. En Manchester se encontró, una y otra vez, encajado como mediapunta, como un diez más cercano al área rival que a las dos áreas. Un traje que nunca le terminó de sentar bien.

Mientras tanto, desde Europa se abrían otras puertas. Atlético de Madrid, Juventus y otros clubes tantearon la opción. Pero las exigencias económicas del City elevaron el listón y terminaron empujando la operación hacia Arabia Saudí. Al-Qadsiah apareció con una propuesta imposible de igualar en el Viejo Continente: 52 millones de libras de traspaso y un contrato que, según las informaciones, le reportará alrededor de 86 millones de libras a lo largo de varios años.

En agosto, en su presentación, el discurso fue el habitual: habló de la “ambición” de Al-Qadsiah y del plan para convertirse en “el más grande de Asia”. Hoy, su relato es bastante más crudo.

“¿Yo, un cazador de dinero? No puedo negarlo”, admitió en declaraciones a NOS. “Cuando acabe mi carrera como jugador, no quiero tener que trabajar nunca más. Claro que probablemente tampoco habría tenido que trabajar después de mi contrato en Manchester City, pero este movimiento me permite asegurar el futuro de las próximas generaciones de mi familia”.

La sinceridad no se quedó ahí. Reijnders fue aún más explícito: “No voy a mentir sobre eso. Firmando este contrato, puedo asegurar que incluso mis nietos estén tranquilos económicamente, así que, ¿por qué no iba a hacerlo? Siempre puedes ir de cruzado moral, pero creo que todo el mundo diría que sí a algo así”.

No es la frase que un aficionado romántico quiere escuchar. Pero es, seguramente, la que mejor explica la ola de salidas hacia la Saudi Pro League en los últimos mercados.

Arabia, dinero… y competitividad

Reijnders, sin embargo, rechaza la idea de que su carrera competitiva haya entrado en modo piloto automático. No se ve en un retiro dorado. Al menos, no todavía.

Al-Qadsiah marcha cuarto en la Saudi Pro League y el neerlandés defiende el nivel del campeonato con vehemencia. “No es que pueda jugar al 65 por ciento cada partido allí”, explicó. “Valoro la liga saudí, con todos esos grandes nombres, incluso por encima de la Eredivisie. Si la gente quiere juzgar el fútbol de allí, primero tiene que verlo”.

La frase golpea directamente al orgullo del fútbol neerlandés. Reijnders, formado en ese contexto, sostiene que el salto a Arabia no supone bajar el listón, sino cambiar de escenario. Más estrellas, más foco, más exigencia física. Y, por supuesto, más dinero.

En su decisión también pesó la figura de Brendan Rodgers, actual técnico de Al-Qadsiah. Las conversaciones con el entrenador fueron clave para que el centrocampista no viera el viaje a Oriente Medio como un punto final a su trayectoria al máximo nivel.

“Creo que mucha gente tiene la idea de que tu carrera como futbolista top se termina cuando decides dar un paso así. Yo también tuve esa sensación al principio”, reconoció. Rodgers le transmitió otro guion: “Me dijo que podía jugar aquí perfectamente durante tres o cuatro años, disfrutar mucho y luego volver a Europa. Ahora hay muchos ejemplos de eso. Ese es también mi objetivo”.

Ahí está el plan: tres o cuatro temporadas en Arabia, una cuenta bancaria blindada para varias generaciones y, si el cuerpo responde, un regreso a la élite europea. Reijnders no es el primero en pensarlo ni será el último. Pero sí es uno de los pocos que lo dice sin rodeos.

En un fútbol donde el discurso suele maquillarse, su honestidad desnuda deja una pregunta flotando sobre el mercado actual: si todos tuvieran delante la misma oferta que él, ¿cuántos elegirían realmente el camino distinto?