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River Plate rinde homenaje a Messi en su despedida

El Monumental amaneció con clima de partido grande, pero el guion tenía un protagonista indiscutible. No era una final, ni un superclásico. Era algo más íntimo y, al mismo tiempo, universal: el último partido de Lionel Messi con la camiseta de la selección argentina, frente a Benín, coronado con un 3-0 y su gol de penal. Y River Plate decidió que ese momento no podía pasar como una simple estadística más.

En la intimidad del vestuario local del estadio Monumental, minutos antes de que Messi saliera por última vez al campo con la Albiceleste, se escribió una escena cargada de simbolismo. El presidente de River, Stefano Di Carlo, ingresó con tres objetos que, juntos, componían un homenaje pensado al detalle: una placa conmemorativa, una camiseta y un carnet de socio honorario.

No fue un gesto protocolar. Fue un reconocimiento de club grande a un futbolista que trascendió camisetas.

“Gracias, capitán”, publicó River Plate en su cuenta oficial de X, sintetizando en dos palabras el sentimiento de buena parte del país futbolero.

Pero lo más fuerte no estaba en las redes, sino en el pequeño rectángulo de plástico que Messi recibió en mano.

El carnet, impreso el domingo 4 de octubre, tenía una particularidad que lo convertía en pieza única. Donde River suele imprimir el número de socio, había otra inscripción: “ARG1812022”. No era un código al azar. Era la fecha que quedará tatuada para siempre en la memoria argentina: 18 de diciembre de 2022, el día en que la selección venció a Francia por penales en la final del Mundial de Qatar y conquistó su tercera estrella.

Un número de socio convertido en recuerdo eterno de la noche más gloriosa de la Albiceleste. Un guiño perfecto para el capitán que lideró esa gesta.

Messi recibió también la camiseta número 10 de River Plate, con su nombre en la espalda. La imagen, por sí sola, golpea la imaginación de cualquier hincha: el “10” de River con “Messi” arriba del dorsal. Una postal que el fútbol argentino acarició alguna vez, pero que nunca llegó a concretarse.

Porque la historia pudo haber sido distinta.

De chico, Messi dejó Newell’s Old Boys cuando el club rosarino no pudo costear el tratamiento por su problema de crecimiento. River apareció entonces en el horizonte. Probó, deslumbró, dejó claro que su talento no entendía de edades ni de contextos. El camino parecía abrirse en Núñez. Sin embargo, el destino tomó otro rumbo: Barcelona apareció y se lo llevó a Europa, donde el rosarino escribió los capítulos más brillantes de su leyenda.

Esa posibilidad frustrada flotaba en el aire mientras River lo homenajeaba como si fuera uno de los suyos. En cierto modo, lo es: el fútbol argentino entero se reconoce en su figura. Y River, con su historia, su estadio y su peso simbólico, eligió decir presente en la despedida.

En la cancha, Messi hizo lo que sabe. Gol de penal en el 3-0 ante Benín, firma final a una trayectoria con la selección que ya pertenece al territorio de lo irrepetible. En las tribunas, el Monumental acompañó como escenario de época. En el vestuario, River dejó su marca con un gesto que mezcla respeto, admiración y una pizca de nostalgia por lo que pudo haber sido.

El “10” de River con el nombre de Messi quedará guardado. El carnet con “ARG1812022” también. El capitán ya se despidió de la Albiceleste. La pregunta, ahora, es cuánto tardará el fútbol argentino en volver a ver algo siquiera parecido.