Logotipo completo Cancha Firme

Roberto De Zerbi y el reto del Tottenham Hotspur

Roberto De Zerbi puede acercarse a los 400 millones de libras cuando termine de reconstruir al Tottenham Hotspur. Pero una tarde en el Gtech Community Stadium bastó para recordarle la verdad más incómoda del fútbol: no hay talonario que compre carácter.

El italiano ya lo sabía. Cuando llegó en marzo, con solo siete partidos para evitar el desastre, admitió que se sentía más psicólogo que entrenador. Salvó al equipo por los pelos, con una victoria agónica ante el Everton en la última jornada, y se ganó el derecho a un proyecto propio. Llegaron fichajes, llegaron millones, llegó un nuevo discurso.

Y, sin embargo, en el primer partido de la Premier League, reapareció el viejo Tottenham.

Un estreno que huele a viejo

El plan era otro. La directiva le dio poder y dinero para que no se repitiera una temporada de pesadilla tras otra, con el equipo terminando 17º dos años seguidos. El resultado en Brentford fue justo lo contrario: un baño futbolístico y mental que destapó heridas que el mercado no cura.

Bajo el sol del oeste de Londres, el Tottenham se derrumbó al primer golpe. Brentford olió sangre y no tuvo piedad. Los de De Zerbi se vieron superados en intensidad, en duelos, en convicción. No hubo respuestas, ni orgullo, ni resistencia.

El propio técnico lo reconoció en declaraciones a BBC Sport's Match of the Day: «Partido malo. Perdimos y sufrimos la diferencia en los duelos. Fue la clave del partido. No peleamos de la manera correcta. Quizá mérito de ellos porque es la mejor cualidad que tiene Brentford. Nuestra condición física no estaba al nivel adecuado para todos los jugadores porque muchos llegaron más tarde tras el Mundial y había muchos nuevos en la plantilla y en el once inicial. Pero tenemos que analizar mejor este partido porque no podemos jugar así en este tipo de partidos».

La coartada física explica parte. No justifica lo esencial: la falta de conceptos básicos, la ausencia de resiliencia, la sensación de inferioridad total ante un rival mucho más claro en su plan.

De la ilusión al vacío en 49 minutos

El día empezó con ruido, color y esperanza. En una esquina del Gtech, la afición del Tottenham recibía a los nuevos con entusiasmo, como si el pasado reciente pudiera borrarse a golpe de presentación. Terminó con esos mismos jugadores aplaudiendo a una grada visitante llena de asientos vacíos. Muchos se fueron en el minuto 49, justo después del 3-0 de Michael Kayode.

Pudo ser aún peor. Igor Thiago, casi siempre fiable desde los once metros, mandó un penalti al poste. Ni eso alivió a De Zerbi en una jornada que rozó lo humillante.

En la grada, Jon Bon Jovi observaba el desastre. El rockero se marchó con material de sobra para varios discos de baladas tristes: el Tottenham empezó mal y se descompuso a una velocidad alarmante.

Fichajes de 100 millones, rendimiento de pretemporada

De Zerbi no escatimó en novedades. Andrew Robertson, Marcos Senesi, Jan Paul van Hecke y Sandro Tonali debutaron como titulares. Todos tocaron fondo a la vez. Ninguno se salvó. Tampoco el resto.

Tonali, fichaje estrella por 100 millones de libras procedente de Newcastle United, quedó empequeñecido ante Mamadou Sangare, récord de Brentford y mejor futbolista del encuentro. El italiano dejó solo una acción para el recuerdo: un disparo en la primera parte que se fue altísimo y desató la burla de la grada local, convencida de que el Tottenham había tirado el dinero.

Matheus Fernades, 85 millones desde West Ham United, entró desde el banquillo. Savinho y quizá Omar Marmoush aún deben incorporarse al engranaje. Pero el problema que más inquieta a De Zerbi no tiene que ver con nombres ni con precios: es la falta de corazón y pelea.

Desde el primer minuto, el “nuevo” Tottenham recordó demasiado al viejo. El equipo se agrietó al mínimo estrés competitivo. Brentford olió el miedo, subió líneas, apretó cada duelo y destrozó a un rival al que vio frágil desde el inicio.

Y lo fue.

Brentford ya había tenido ocasiones claras antes de que Keane Lewis-Potter abriera el marcador a los 12 minutos. El segundo, de Vitaly Janelt antes del descanso, dejó el partido prácticamente sentenciado.

En la banda, De Zerbi no paraba de gesticular, de gritar, de intentar agitar a los suyos. Dentro del campo, cabezas gachas, choques perdidos, acciones a destiempo. Desesperación como seña de identidad. Ni rastro de la fe mínima que exige una remontada en la élite.

Conor Gallagher y Lucas Bergvall no regresaron tras el descanso. Podrían alegar que otros muchos también merecían el cambio.

Psicólogo, otra vez

De Zerbi vuelve al punto de partida. Debe meterse en la cabeza de un vestuario que arrastra dos temporadas de golpes y derrotas. Y eso no se soluciona con una chequera.

Él mismo lo admitió después: «Estoy sorprendido por el resultado y la actuación. Sabía que no estábamos en la condición adecuada. No podemos buscar excusas. Lo siento por el resultado y la actuación. Estamos empezando un nuevo proyecto y no pudimos encontrar el principio. Marcos Senesi, Jan Paul van Hecke y Sandro Tonali no están en la mejor condición física. Lo sabíamos antes del partido. Tenemos que mejorar eso y muchas otras cosas como la organización y la presión».

Más fichajes pueden llegar. El club no ha cerrado la persiana del mercado. Pero el entrenador puso un límite claro: «No quiero la excusa de que el once inicial no era suficiente para competir y sacar un resultado. El espíritu de Brentford en el campo fue grande, tiene que ser el ejemplo adecuado para nosotros».

Un patrón que se repite

Un mal debut puede tener cualquiera. La historia de la Premier está llena de equipos ambiciosos que arrancan con un golpe doloroso y terminan firmando grandes temporadas.

Este caso huele distinto. No parece un tropiezo aislado, sino la continuación de una secuencia conocida: derrotas, dudas, una nube permanente sobre el club. Ese patrón ya marcó los últimos años, también bajo Ange Postecoglou —que al menos dejó una Europa League—, Thomas Frank y el brevísimo paso de Igor Tudor.

La inversión masiva ha cambiado la lista de nombres. No ha cambiado la sensación de fragilidad.

De Zerbi tiene claro el reto. No basta con retocar la plantilla. Tiene que arrancar de raíz una cultura en la que noches como la de Brentford se han vuelto casi rutina.

El dinero ya está sobre la mesa. La pregunta es si el Tottenham tiene algo mucho más caro y difícil de encontrar: coraje para dejar de ser el mismo equipo de siempre.