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Torquay United y la necesidad de cambios difíciles

Doce años fuera de la English Football League pesan. Y en Plainmoor se nota. Torquay United ha arrancado la temporada con el freno echado y su entrenador, Jimmy Ball, ya ha dejado claro que el club necesita un giro incómodo si quiere dejar de vivir de recuerdos.

El equipo marcha 19º en la National League South. Solo una victoria en seis jornadas. El último golpe, un 2-0 contra Farnham Town en el festivo de agosto que dejó a la afición con un sabor amargo y muchas preguntas.

Ball no se escondió. Habló de un verano turbulento, de un vestuario sacudido por el mercado. “Ha habido mucha disrupción”, admitió en BBC Radio Devon, señalando directamente a los jugadores que han visto “cómo se les iba la cabeza” ante la posibilidad de firmar por otros clubes.

El mensaje fue nítido: en su Torquay solo caben futbolistas “100% comprometidos”, dispuestos a “sacrificarse y darlo todo” por el escudo.

Dos años rozando el ascenso… y dos golpes duros

El contexto explica parte de la tensión. Torquay viene de dos temporadas en las que el ascenso se escapó en la orilla.

El curso pasado acabó tercero y cayó 3-2 ante Hornchurch en la final del play-off. Un año antes, segundo en la tabla y eliminado en semifinales. Siempre cerca. Siempre sin rematar.

Ball, que sustituyó a Paul Wotton en marzo, conoce ese peso histórico: “La verdad es que hace mucho tiempo que Torquay no juega fútbol de liga, y sí, las dos últimas temporadas han estado cerca, pero al final han fallado”, recordó. “No es para culpar a nadie, pero a mí me trajeron para cambiar eso y, a veces, el cambio es difícil y más lento de lo que nos gustaría. Pero es absolutamente necesario”.

No es un diagnóstico amable. Es una declaración de intenciones.

Un inicio “inaceptable”, pero sin pánico

La tabla asusta, el arranque no convence y la grada empieza a inquietarse. ¿Tienen motivos los aficionados para preocuparse? Ball fue tajante con la forma, no tanto con el fondo.

“Yo no conozco ningún escenario en el que el pánico sea beneficioso”, soltó cuando le preguntaron si la preocupación era lógica. No maquilló el presente: “No estoy minimizando el inicio, porque no es aceptable”. Pero volvió a insistir en el ruido del verano: “Creo que ha habido mucha disrupción”.

Ahí levantó un muro. “No puedo contar lo que pasa entre bastidores”, explicó, atribuyendo parte del problema a “jugadores con la cabeza ida desde el primer día de la pretemporada” y a otros “que no han estado del todo metidos”.

El técnico reconoció que “le encantaría contarle todo a los aficionados, pero simplemente no se puede”. Y dejó claro cuál es su batalla diaria: “Tienes que gestionarlo lo mejor posible y esperar que los hombres que pones en el campo estén 100% comprometidos con Torquay United Football Club”.

Folkestone Invicta, una prueba de carácter

El calendario no da tregua. El sábado llega a Plainmoor un rival que huele a examen serio: Folkestone Invicta, tercero en la clasificación y todavía invicto tras cinco partidos.

Un equipo en forma frente a otro que busca su identidad. Un vestuario al que su entrenador exige sacrificio ante una afición cansada de promesas y de casi ascensos.

Torquay quiere volver a la English Football League. La pregunta ya no es solo si puede. Es si está dispuesto a soportar los “cambios difíciles” que su propio entrenador considera innegociables.