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United sufre en Hull: inicio desastroso y presión para Carrick

El nuevo proyecto de Michael Carrick arrancó con un golpe seco en el MKM Stadium. Nada de rodaje tranquilo, nada de “inicio fácil de temporada”. Hull, recién ascendido y señalado por muchos como candidato al descenso, destrozó a un United blando, desordenado y sin respuesta, en una noche que dejó más preguntas que certezas.

Youri Tielemans y Andrey Santos, llegados desde Aston Villa y Chelsea, pasaron prácticamente inadvertidos en su estreno en el centro del campo. Perdidos en un equipo sin estructura, nunca encontraron el ritmo ni la pelota que se les supone. Acabaron los dos en el banquillo, sustituidos a mitad de la segunda parte, símbolo perfecto de un United irreconocible.

Carrick había sonreído cuando le hablaron de un calendario benévolo: visita a Hull y luego estreno en casa ante Ipswich, otro recién ascendido. Avisó de que no había partidos fáciles. Y el aviso se le volvió en contra.

La actuación fue tan pobre que Alan Shearer no necesitó adornos para describirla. El ex capitán de Inglaterra, ahora analista en la BBC, fue tajante: “Man United han estado chocantes, sin hambre, han estado terribles”. Un veredicto que encaja con cada imagen que dejó el equipo.

De la ilusión al caos en 20 minutos

Lo más llamativo es que el United empezó bien. Dominó los primeros minutos, con cierta fluidez y algo de intención. Luke Shaw puso un centro tenso que encontró a Bryan Mbeumo, cuyo disparo potente obligó al debutante Konstantinos Tzolakis a una gran intervención. Poco después, Noussair Mazraoui conectó con Matheus Cunha, que sacó un tiro raso al que el portero de Hull respondió con otra estirada de reflejos.

Parecía el guion habitual: grande domina, recién ascendido resiste. Pero Hull avisó de que no pensaba limitarse a aguantar. Un centro de Ryan Giles encontró la cabeza de Oli McBurnie, que obligó a Senne Lammens a una buena parada. Era la primera grieta.

El castigo llegó pronto. Minuto 17, saque de esquina. McBurnie se libera con demasiada facilidad de una marca indolente y conecta un disparo que Lammens solo puede rechazar. El balón cae a los pies del defensor nigeriano Ajayi, que empuja a placer desde muy cerca. Gol histórico: el primero de Hull en la Premier League en nueve años. El MKM Stadium estalla, un mar de camisetas naranjas y negras bailando mientras el United se queda helado.

La respuesta del equipo de Carrick fue casi inexistente. Patrick Dorgu tuvo una ocasión de oro para silenciar el estadio tras un buen pase de Harry Maguire, pero su remate salió mordido y desviado. Fue un espejismo. En ataque, el United se apagó. Atrás, se descompuso.

Defensa en ruinas, Hull sin piedad

La fragilidad en las jugadas a balón parado se convirtió en un drama. En el minuto 38, otro golpe. Regan Slater colgó una falta precisa al corazón del área y la defensa del United, desordenada y pasiva, volvió a naufragar. El senegalés Mendy se elevó con autoridad y cabeceó con potencia, imposible para Lammens. 2-0. El estadio rugía al grito de “you’re getting mauled by the Tigers”, mientras Carrick, en la banda, ofrecía una imagen de puro desconcierto.

La diferencia con el Carrick del curso pasado era evidente. Entonces, su serenidad tras el turbulento mandato de Ruben Amorim había sido clave en la reacción del United. Ahora, ya como técnico permanente y con la obligación de pelear por el primer título liguero del club desde 2013, el contexto es otro. La calma ya no basta. Cada tropiezo pesa el doble.

El técnico lleva semanas pidiendo más refuerzos. El club ha cerrado un acuerdo por el centrocampista de Brighton Carlos Baleba, pero noches como esta solo van a reforzar sus exigencias. Con este nivel de fragilidad, la plantilla parece corta, desequilibrada o simplemente no preparada para el reto.

Rashford entra, Hull manda

Carrick movió el banquillo al descanso. Entró Marcus Rashford, de vuelta tras su cesión en Barcelona, como carta para encender la reacción. No lo consiguió. No porque no lo intentara, sino porque el equipo, en bloque, nunca encontró el pulso del partido.

Hull, en cambio, jugó con la confianza de quien siente que la historia está de su lado. Mohamed Belloumi rozó el tercero con un disparo enroscado desde la distancia que se marchó por poco. Cada transición de los locales olía a peligro. Cada balón parado, a tormenta.

Tielemans y Santos, superados, abandonaron el campo mediada la segunda parte. El cambio no alteró el guion. El United terminó el encuentro sin colmillo, sin ideas y sin carácter. Se rindió con mansedumbre, mientras Hull defendía su ventaja con orden y se permitía incluso atacar cuando encontraba espacios.

Hull sueña, el United se mira al espejo

El contexto hace aún más sonora la derrota. Hull viene de convertirse la temporada pasada en el primer equipo en terminar sexto en Championship y lograr el ascenso por los play-offs desde Blackpool en 2010. Su técnico, Sergej Jakirovic, había defendido estos días que su equipo podía callar a los que lo daban por descendido antes de empezar. Esta victoria, la primera sobre el United desde 2017, le da argumentos de sobra.

Jakirovic probablemente haya tenido que pellizcarse para creerse lo que veía. No solo por el resultado, sino por la autoridad con la que sus jugadores dominaron las áreas ante un gigante que aspiraba a iniciar el curso marcando territorio.

Mientras Hull se gana el derecho a soñar con algo más que la mera supervivencia, el United se ve obligado a mirarse al espejo. La exigencia es máxima, el margen de error mínimo y la temporada apenas ha empezado. Carrick quería fichajes. Después de este partido, lo que necesita es una reacción inmediata.

Porque si este es el punto de partida, ¿hasta dónde puede caer un equipo que se supone llamado a pelear por el título?