Victoria histórica de Egipto en Dallas
En Dallas, una victoria histórica de Egipto late también en Gaza
Egipto no solo sobrevivió a una noche de nervios en Dallas Stadium. La conquistó. La transformó en un símbolo. Y la dedicó a un pueblo que celebró entre ruinas.
El equipo de Hossam Hassan se metió en los octavos de final del Mundial tras derrotar a Australia en los penales (4-2) después de un 1-1 áspero, tenso, de esos que se juegan con más mandíbula que fantasía. Es la primera victoria de Egipto en una fase eliminatoria de una Copa del Mundo. No es un dato menor: es un salto histórico para una selección que durante décadas miró estos escenarios desde fuera.
Un cabezazo, un autogol y 120 minutos al límite
El partido arrancó con el guion perfecto para los egipcios. Minuto 13, centro preciso y aparición de Emam Ashour, que atacó el balón con decisión y firmó de cabeza el 1-0. Gol tempranero, confianza, el plan de Hassan parecía encarrilado.
Australia tardó en reaccionar, pero no se fue del partido. Apuró, cargó el área, buscó el error. Y lo encontró. A los 10 minutos de la segunda parte, un balón envenenado terminó en la portería egipcia tras un desafortunado toque de Mohamed Hany. Autogol. 1-1. Todo de nuevo en equilibrio, pero con la tensión disparada.
A partir de ahí, el encuentro se volvió una batalla de detalles. Egipto cuidó más que arriesgó. Australia empujó sin demasiada claridad. Las ocasiones claras se contaron con los dedos de una mano. El miedo a fallar pesó más que el deseo de brillar. Los 90 minutos no bastaron. La prórroga tampoco encontró héroes en jugada. Los penales, otra vez, como juez final.
Los penales y un país en vilo
En la tanda, Egipto mostró algo que durante años se le reclamó en grandes torneos: carácter frío cuando la pelota quema. Hossam Abdelmaguid asumió el lanzamiento decisivo y no tembló. Ejecutó con calma, suave, ajustado. Gol. 4-2.
Para Australia, el drama se concentró en dos nombres: Harry Souttar y Lucas Herrington fallaron desde los doce pasos y abrieron la puerta del sueño egipcio. Un error en un Mundial marca carreras; esta vez, también cambió la historia de un rival.
La clasificación coloca a Egipto en un duelo de octavos de final contra Argentina o Cabo Verde. Un cruce que, hace apenas unos años, habría sonado a ficción para el fútbol egipcio en una fase de eliminación directa mundialista.
Banderas, prostración y una dedicatoria con peso
El pitido final desató algo más que una celebración deportiva. Hossam Hassan entró al césped con las banderas de Egipto y Palestina en las manos. Sus jugadores se arrodillaron y se postraron sobre el césped, en una imagen cargada de significado para millones de aficionados árabes.
Ante los micrófonos, el seleccionador no dejó lugar a interpretaciones: dedicó la victoria al pueblo egipcio y al pueblo palestino.
“Que Dios les conceda la victoria, que Dios tenga misericordia de sus mártires”, dijo al hablar de los palestinos. Y remató: “Les digo: dedico esta victoria al pueblo egipcio y al pueblo palestino, ese pueblo bondadoso y honorable”.
El gesto recorrió el mundo árabe en minutos. La clasificación ya era histórica. El contexto la convirtió en algo más profundo.
Gaza: sonrisas entre escombros
Mientras Dallas celebraba, en Gaza la noche tuvo un brillo distinto. Allí, donde la vida cotidiana se mide entre sirenas y explosiones, miles de personas se reunieron para seguir el partido.
El aficionado Tamer Nahed, desde Gaza, escribió en X que era la primera vez que seguía un Mundial con tanta emoción. Contó cómo “miles de personas salieron de sus tiendas y de entre sus casas destruidas” para ver el encuentro. Describió rostros que se iluminaron con sonrisas, gritos que rompieron el silencio pesado de la guerra, un instante colectivo de respiro.
Las imágenes que circularon en redes sociales fueron contundentes: pantallas improvisadas ante edificios bombardeados, niños con la bandera de Egipto pintada en la cara, gente apretada en torno a una transmisión que, por 120 minutos y una tanda de penales, les ofreció algo parecido a la normalidad.
La victoria de Egipto se celebró como propia. No solo en El Cairo, Alejandría o Port Said. También entre tiendas de campaña y fachadas destrozadas, donde cada gol ajeno puede convertirse, por un rato, en una pequeña victoria propia.
Un incidente fuera del campo
Horas antes del partido, el día de Egipto había estado lejos de ser tranquilo. Miembros de la selección se vieron envueltos en un altercado con agentes de policía en el hotel de concentración, un episodio que se hizo viral en redes sociales.
Según la federación egipcia, un agente del Departamento de Policía de Dallas empujó al director de la selección, Ibrahim Hassan, y al jugador Trezeguet cuando ambos intentaban hacerse una foto con un aficionado. La situación tensó el ambiente alrededor del equipo, pero no pasó a mayores. El propio departamento de policía confirmó que el incidente se resolvió en el lugar.
Nada de eso se notó cuando llegó la hora de los penales. Egipto jugó como si solo existieran el punto de penalti, la portería y una oportunidad irrepetible.
Un horizonte que ya no parece imposible
El triunfo ante Australia no solo abre la puerta de los octavos. Abre también una pregunta: ¿hasta dónde puede llegar esta selección cuando se siente respaldada por todo un mundo árabe que vibra con cada balón dividido?
Argentina o Cabo Verde esperan en el siguiente escalón. El reto es mayúsculo. Pero Egipto ya derribó la primera pared: dejó de ser un invitado tímido en el Mundial para convertirse en protagonista de una noche que se celebró desde Dallas hasta Gaza. Y esa memoria no se borra con facilidad.





