Vietnam defiende su título en el ASEAN Championship
HANOI (Vietnam) — Vietnam se aferró a su corona regional y escribió un nuevo capítulo en su historia: por primera vez defendió con éxito el título de la ASEAN Championship. El empate 2-2 ante Tailandia en un eléctrico Mỹ Đình National Stadium bastó para cerrar la final con un 4-2 global y asegurar el cuarto título del país en el torneo.
Un golpe temprano y un estadio en silencio
Vietnam llegaba con un colchón importante tras el 2-0 del sábado en el Rajamangala Stadium de Bangkok. El contexto invitaba a la calma, pero Tailandia salió como si no hubiera mañana. Anthony Hudson lo había prometido en la previa, y sus jugadores respondieron desde el primer silbatazo.
A los 12 minutos, el estadio se quedó helado.
Tailandia trabajó con paciencia por la derecha, tocó hacia atrás, movió el bloque vietnamita y, cuando apareció el espacio, el central Nattapong Sayriya colgó un centro profundo al área. Seksan Ratree no pudo controlar, pero sí desviar lo justo para que el balón quedara perfecto para Yotsakorn Burapha. Disparo de primeras, seco, potente. Lê Giang Patrik llegó a tocarla, no a desviarla. 0-1 y la eliminatoria volvía a abrirse.
El gol encendió a los visitantes. Con confianza, Tailandia siguió empujando, ganando duelos, instalándose en campo rival. Sin embargo, el susto más grande antes del descanso fue para ellos.
Desde la izquierda, Phan Tuấn Tài dibujó un centro magnífico, que eliminó de un plumazo a tres defensores tailandeses. En el segundo palo apareció Rafaelson, que se lanzó en plancha y conectó el cabezazo. El balón superó al portero, pero se estrelló en el poste. El metal, una vez más, se aliaba con Tailandia.
El penalti que lo cambió todo
El descanso llegó con Tailandia por delante en el marcador y viva en la eliminatoria. Les quedaba la mitad del partido para completar la remontada. Y nada más reanudarse el juego, el guion pareció ponerse de su lado.
En una contra vertiginosa, el balón terminó en los pies de Kakana Khamyok. Aceleró, dejó atrás a Trương Tiến Anh y, cuando pisaba el área, sintió el contacto en los talones. El árbitro Darwish Ahmed Eisa no dudó: penalti.
Era el minuto 48. El momento soñado para igualar el global.
Kakana, uno de los jugadores más brillantes de esta joven Tailandia durante el torneo, tomó la responsabilidad. Respiró, tomó carrera… y envió el disparo muy por encima del larguero. Un desperdicio monumental. El banquillo tailandés se llevó las manos a la cabeza. El público local, que había contenido el aliento, estalló en un rugido de alivio.
Y el castigo llegó de inmediato.
Solo cuatro minutos después, apareció de nuevo Phan Tuấn Tài por la banda izquierda, esta vez tras un cambio de juego perfecto de Nguyễn Hoàng Đức. Control orientado, mirada al área y centro raso, tenso, directo a los pies de Hêndrio.
El brasileño definió de primeras con el interior, el balón besó la base del poste y pareció que otra vez el palo salvaba a Tailandia. Pero el rebote cruzó el área pequeña, golpeó en los pies del portero Chatchai Budprom y terminó dentro. Gol en propia meta y 1-1 en la noche, 3-1 en el global. El golpe psicológico fue brutal.
Tailandia se abre, Vietnam amenaza
Con la obligación de marcar al menos dos goles más, Tailandia no tuvo otra opción que volcarse. Eso dejó espacios enormes a la espalda de su defensa. Vietnam olió la sangre.
Hêndrio probó desde la frontal con un disparo que se fue por poco por encima del travesaño al cumplirse la hora de juego. Poco después, Tiến Anh, tras ganar línea de fondo por la derecha y recortar hacia dentro, se plantó en el área con todo a favor… y cruzó demasiado su remate, desperdiciando otra ocasión clarísima.
El poste volvió a ser protagonista en el minuto 69. Vietnam sorprendió con una falta rápida en largo: Đoàn Văn Hậu lanzó un envío por encima de la defensa y Nguyễn Hai Long atacó el espacio a la perfección. Controló y fusiló, pero su disparo se estrelló violentamente contra el palo. El marcador seguía abierto, el suspense también.
Un respiro tardío… y un mazazo cruel
Cuando el partido entraba en su tramo final, Tailandia encontró al fin una rendija. A cinco minutos del tiempo reglamentario, Jehhanafee Mamah colgó un balón desde la derecha que, en apariencia, no llevaba demasiado peligro. Pero Tiến Anh, en una noche para olvidar, falló en el control y dejó el balón muerto en el área.
Allí apareció Wanchai Jarunongkran, rápido, despierto, con el instinto encendido. Controló y remató raso al palo, imposible para Lê Giang Patrik. 2-1 para Tailandia en el partido, 3-2 en el global. El banquillo visitante revivía. El final prometía tormenta.
Tailandia se lanzó con todo en busca del milagro. Pero el destino tenía reservado un giro final, tan espectacular como cruel.
En el tercer minuto del tiempo añadido, Vietnam buscó un balón largo hacia Rafaelson. Nguyễn Quang Hải levantó la cabeza y lanzó un pase que parecía más un gesto de esperanza que una jugada clara. Wanchai, héroe instantes antes, corrió para cortar el envío. Llegó antes que nadie, pero su despeje fue un latigazo envenenado: desde fuera del área, la pelota voló hacia su propia portería y se coló de forma espectacular. Otro autogol. 2-2 en el marcador, 4-2 en el global. La final quedaba sentenciada.
Campeones con todas las de la ley
Tailandia lo dejó todo, pero se marchó con la sensación de haber regalado demasiado: un penalti clave a las nubes y dos goles en propia puerta en el partido decisivo. Vietnam, en cambio, supo sufrir, golpear en los momentos justos y manejar una eliminatoria que ya había encarrilado en Bangkok.
En el balance de los 180 minutos, poco margen queda para la discusión: Vietnam fue más sólido, más eficaz y más contundente. Y por eso, en una noche de postes, rebotes y giros dramáticos, volvió a coronarse como campeón del sudeste asiático.
La pregunta ahora es otra: ¿quién se atreve a bajar a Vietnam de este trono regional que empieza a parecer suyo por derecho natural?






