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William Saliba: Arsenal no puede permitirse su regreso

El cuerpo, tarde o temprano, pasa factura. William Saliba lo ha comprobado de la forma más dura. El central francés, pilar de la zaga de Arsenal y de su selección, empieza por fin a ver luz al final del túnel tras una lesión de espalda que le ha tenido frenado desde julio, cuando se vio obligado a abandonar antes de tiempo la semifinal del Mundial ante España, futura campeona.

Sin bisturí, pero con dolor

El diagnóstico invitaba a una solución drástica: cirugía. Saliba eligió el camino largo. Nada de quirófano. En su lugar, un plan diario, casi obsesivo, de masajes y fisioterapia en las instalaciones de Arsenal. Horas y horas en la camilla, trabajo específico, paciencia. El club, consciente de lo que se jugaba con uno de sus líderes defensivos, optó por la prudencia extrema.

Durante semanas, su “entrenamiento” fue casi estático. Bicicleta, ejercicios controlados, cero riesgos. Solo ahora, con la espalda respondiendo mejor, los médicos han autorizado el siguiente paso: volver a correr sobre el césped. Es un avance pequeño en apariencia, enorme en significado.

Según desveló L'Équipe, el precio que pagó Saliba la temporada pasada y durante el Mundial fue brutal. Dependió de los analgésicos para competir al máximo nivel, soportando dolores que le dejaban prácticamente inmóvil hasta dos días después de cada partido. Jugaba, cumplía, brillaba… y luego se apagaba físicamente. El límite llegó en verano.

“Ha sufrido demasiado”

En este parón internacional, Saliba se ha alejado del foco y descansa en Île-de-France. Lejos de los focos, cerca de los suyos. Su entorno lo tiene claro: no habrá atajos esta vez.

“Él sabe que tiene que tomarse su tiempo. Ha sufrido demasiado y quiere volver al 100 %”, explicaron a L'Équipe. No es solo una frase; es una declaración de intenciones. Nada de forzar, nada de reaparecer a medias por urgencias del calendario o presión externa.

La postura encaja con el mensaje que Mikel Arteta repitió durante el verano. El técnico no quiso alimentar expectativas irreales ni vender plazos que el cuerpo del jugador no podía garantizar.

“Está en modo reposo en este momento. Tenía que hacer prácticamente nada, una lesión agravada, así que va a tardar en curarse. Lo sabemos. En cuanto tengamos más noticias, os las daremos”, explicó el entrenador de Arsenal cuando se le preguntó por la situación del central. Una frase que, leída ahora, suena más a protección que a simple parte médico.

Un vacío enorme en la defensa campeona

La ausencia de Saliba ha obligado a Arteta a redibujar una defensa que venía de ganar la Premier League. No se trata solo de reemplazar a un central; se trata de rehacer una estructura entera.

Ezri Konsa, fichaje del verano, ha sido el elegido para dar un paso al frente. El inglés ha enlazado tres titularidades consecutivas en Premier League junto a Gabriel Magalhães en el eje de la zaga. Ha respondido, ha competido, pero el listón que dejó el francés es altísimo.

Desde su llegada en 2019, Saliba se ha convertido en un fijo absoluto: 184 partidos con Arsenal en todas las competiciones, un título de Premier League, dos Community Shields y finales importantes que se le escaparon por centímetros, como la Champions League y la Carabao Cup, donde se quedó con la medalla de subcampeón. Su huella va mucho más allá de los números.

Su impacto también se refleja en los premios individuales. Ha encadenado cuatro temporadas seguidas en el PFA Team of the Year y ha sido nominado dos veces al Balón de Oro. No son detalles menores: describen a un defensa que domina su oficio y que, en muchos tramos, ha sido el termómetro emocional de Arsenal desde atrás.

Sin él, el equipo ha perdido jerarquía en salida de balón, contundencia en los duelos y esa serenidad que transmite un central que parece jugar a otra velocidad. Arteta ha encontrado soluciones, pero no sustitutos idénticos. Porque no los hay.

Noviembre en el horizonte

El plan ahora es claro: acelerar sin precipitar. Si el cuerpo responde a la carga creciente de trabajo sobre el césped, Saliba se marca un objetivo: volver a competir en noviembre. No es una promesa, es una meta condicionada a cada sesión, a cada reacción de su espalda después de correr, girar, saltar.

Arsenal vigilará cada detalle en las próximas semanas. Cualquier señal de alarma detendrá el proceso. El club sabe que un paso en falso puede costar meses. La idea es simple: solo regresará cuando esté preparado para aguantar el ritmo feroz del calendario, no para una aparición simbólica.

Hasta entonces, Arteta seguirá apoyándose en Konsa y Gabriel para sostener la defensa en pleno otoño cargado de partidos. Premier League, Europa, copas. Un tramo de la temporada donde se construyen títulos… o se pierden.

La pregunta ya no es solo cuándo volverá William Saliba. Es otra, más incómoda para los rivales: ¿qué aspecto tendrá este Arsenal cuando recupere, por fin, a su jefe en la retaguardia al cien por cien?