Alaves supera a Oviedo 1-0 en La Liga 2025
En el Nuevo Carlos Tartiere, el 1-0 que favoreció a Alaves certificó mucho más que un simple marcador. En la jornada 37 de La Liga 2025, con Oviedo ya atrapado en la zona de descenso y Alaves navegando en la zona media, el duelo se leyó como un choque entre dos identidades opuestas: la del equipo que sobrevive desde el orden y la pegada selectiva, y la del conjunto que se ha acostumbrado a vivir al límite, con poco gol y demasiado castigo.
Oviedo llegaba colista, 20.º con 29 puntos y un golaveraje total de -31 (26 tantos a favor y 57 en contra). En total esta campaña, su media anotadora se ha quedado en 0.7 goles por partido, un dato que se desploma en casa hasta solo 0.5 goles por encuentro en el Tartiere (9 tantos en 19 partidos). Es el retrato de un equipo que defiende con dignidad —18 goles encajados en casa, media de 0.9— pero que paga carísimo cada error porque le cuesta horrores marcar. Alaves, por contra, aterrizaba en Oviedo como 14.º con 43 puntos y un golaveraje total de -11 (43 goles a favor, 54 en contra), sostenido por una producción ofensiva de 1.2 goles por partido y un plan más flexible, capaz de adaptarse a escenarios muy distintos.
Formaciones
El dibujo inicial de Guillermo Almada en Oviedo fue fiel al ADN de la temporada: 4-2-3-1, una estructura que el equipo ha utilizado en 25 partidos ligueros. H. Moldovan bajo palos, una línea de cuatro con L. Ahijado y J. Lopez en los laterales, y el eje D. Costas–D. Calvo como corazón del bloque bajo. Por delante, el doble pivote N. Fonseca–S. Colombatto buscaba dar la primera salida limpia, mientras que la línea de tres mediapuntas, con H. Hassan, S. Cazorla y A. Reina, debía conectar con el nueve de referencia, F. Viñas.
La paradoja oviedista es cruel: F. Viñas es uno de los delanteros más intensos del campeonato, máximo exponente de un equipo que pelea cada balón. En total esta campaña ha firmado 9 goles y 1 asistencia, con 48 disparos y 21 a puerta, y una cifra notable de 72 regates intentados con 49 completados. Pero su agresividad tiene un peaje: 6 amarillas, 1 doble amarilla y 2 rojas en La Liga, lo que le coloca en la cúspide de la tabla de expulsados. Es el delantero que encarna a este Oviedo: combativo, incómodo para el rival, pero a menudo desbordado por la tensión competitiva.
Enfrente, Quique Sánchez Flores apostó por un 3-5-2 que el equipo ha utilizado en 3 ocasiones en la temporada, una variante más reactiva respecto a sus sistemas más habituales (4-4-2 y 4-1-4-1). A. Sivera guardó la meta, protegido por la zaga de tres con N. Tenaglia, V. Koski y V. Parada. Por delante, un carril largo para A. Perez, un carril de trabajo para A. Rebbach, y un triángulo interior con D. Suarez, J. Guridi y Antonio Blanco, el auténtico metrónomo y “perro de presa” del centro del campo babazorro. Arriba, la doble punta con I. Diabate y Toni Martínez prometía profundidad y remate.
La ausencia de L. Dendoncker, B. Domingues y O. Ejaria por lesión dejó a Oviedo sin recursos importantes para rotar en la sala de máquinas y la media punta, obligando a cargar minutos sobre S. Cazorla y Colombatto. En el lado vitoriano, la baja por sanción de F. Garces restó una opción más física y directa en ataque, pero la amplitud de banquillo —con nombres como L. Boyé o C. Alena— permitió mantener alternativas ofensivas.
Duelo de Estilos
En la pizarra, el duelo se dividía en dos grandes frentes. El primero, el “Cazador contra el Escudo”: la capacidad de Toni Martínez para castigar a una defensa que, en total, encaja 1.5 goles por partido. El delantero murciano llegaba con 13 goles y 3 asistencias, 74 disparos (34 a puerta) y una notable presencia en el juego directo (495 duelos disputados, 251 ganados). Frente a un Oviedo que, aunque en casa solo concede 0.9 goles por choque, sufre cuando el partido se abre, la lectura era clara: cada transición que encontrara a Toni Martínez perfilado hacia portería podía ser letal. El 0-1 final confirmó esa amenaza: bastó una ventana de desajuste para que Alaves hiciera daño.
El segundo frente estaba en el “motor” del partido: Antonio Blanco contra el engranaje creativo oviedista. Blanco llega a esta jornada como uno de los mediocentros más influyentes del campeonato: 35 partidos, 3026 minutos, 1794 pases con un 85% de acierto, 22 pases clave, 93 entradas y 53 intercepciones. Su lectura de juego y su capacidad para ganar duelos (189 de 399) le permiten sostener al equipo tanto con balón como sin él. Enfrente, S. Cazorla, todavía el faro técnico de Oviedo, necesitaba encontrar líneas de pase por dentro que esquivaran esa zona de presión. La realidad del encuentro, con un Oviedo incapaz de marcar, sugiere que Blanco y el bloque de cinco en medio campo lograron ahogar muchas de esas conexiones interiores.
Disciplinaria
En el plano disciplinario, el guion también favorecía a Alaves. Heading into this game, Oviedo mostraba un perfil muy caliente: sus amarillas se concentraban especialmente entre el 61-75’ (25.00%) y el 46-60’ (18.75%), con un pico de rojas en el tramo 76-90’ (40.00% de sus expulsiones). Alaves, por su parte, también tiende a cargarse de tarjetas en el tramo final, con un 21.51% de sus amarillas entre el 76-90’ y un 17.20% en el añadido (91-105’). El 0-1, sin embargo, no derivó en un caos disciplinario, pero el contexto estadístico explica por qué ambos técnicos protegieron tanto el control emocional del duelo, especialmente tras el descanso.
Desde la óptica de la temporada, el pronóstico estadístico favorecía una victoria corta de Alaves: su media goleadora total de 1.2, frente a los 0.7 de Oviedo, y su mayor variedad de registros ofensivos, incluso fuera de casa (1.0 gol por partido en sus desplazamientos), le daban ventaja en un encuentro de márgenes estrechos. Oviedo, con 10 partidos totales sin encajar en la campaña pero 20 sin marcar, vivía de dejar la portería a cero; el problema es que cada vez que el rival golpeaba primero, el margen de respuesta era mínimo.
Following this result, el relato de ambos clubes se afianza: Oviedo como un equipo que ha competido desde la resistencia pero ha pagado su anemia ofensiva, y Alaves como un bloque que, sin ser brillante, ha sabido maximizar sus momentos, apoyado en la fiabilidad de Antonio Blanco y la pegada de Toni Martínez. En el Tartiere, el 0-1 fue menos una sorpresa y más la consecuencia lógica de una temporada que ya venía escrita en los números.





