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Valencia vence a Real Sociedad en un emocionante 3-4

En la penúltima jornada de La Liga 2025, la Reale Arena fue escenario de un duelo salvaje y desordenado entre dos equipos que explican su temporada a través del marcador final: 3-4 para Valencia ante una Real Sociedad que volvió a vivir en carne propia el vértigo de su propio ADN ofensivo y sus grietas atrás. El choque, correspondiente a la “Regular Season - 37”, enfrentaba al 10.º clasificado, Real Sociedad (45 puntos, diferencia de goles total de -2 tras 58 tantos a favor y 60 en contra), con un Valencia 9.º (46 puntos, diferencia de goles total de -11 con 43 goles anotados y 54 encajados). Era, en esencia, una batalla directa por la parte alta media de la tabla, sin red europea asegurada pero con mucho prestigio en juego.

La propuesta inicial de Pellegrino Matarazzo fue fiel al guion de la temporada: un 4-2-3-1, sistema más utilizado por los donostiarras (13 veces en total), con A. Remiro bajo palos, una línea de cuatro con A. Elustondo, J. Martin, I. Zubeldia y A. Muñoz, doble pivote para B. Turrientes y C. Soler, y una línea de tres mediapuntas —P. Marín, B. Méndez y A. Zakharyan— por detrás del punta O. Oskarsson. Enfrente, Carlos Corberan apostó por el 4-4-2 que ha sido el sello de este Valencia (23 apariciones con ese dibujo): S. Dimitrievski en portería; defensa con U. Núñez, C. Tárraga, E. Cömert y J. Vázquez; un centro del campo muy trabajado con Luis Rioja, F. Ugrinic, G. Rodríguez y D. López; y arriba, la dupla J. Guerra – Hugo Duro.

Las ausencias explican parte del relato táctico. Real Sociedad llegó sin A. Barrenetxea y D. Ćaleta‑Car (sancionados por acumulación de amarillas), además de J. Gorrotxategi (lesión), J. Karrikaburu (decisión técnica) y A. Odriozola (lesión de rodilla). La baja de Ćaleta‑Car, uno de los defensores más influyentes del curso —con 26 disparos bloqueados y presencia aérea— obligó a Matarazzo a confiar en la pareja J. Martin – I. Zubeldia en el eje, menos dominante en duelos y menos contundente en área propia. En banda derecha, la ausencia de Barrenetxea restó profundidad y amenaza al espacio, obligando a cargar más juego interior sobre B. Méndez y A. Zakharyan.

Valencia, por su parte, llegaba con una defensa muy tocada: sin L. Beltrán, J. Copete, M. Diakhaby, D. Foulquier, José Gayà ni Renzo Saravia, todos fuera por lesión o problemas musculares. Sin Gayà, referencia en el carril izquierdo y uno de los jugadores más agresivos defensivamente (69 entradas totales, 7 bloqueos y 23 intercepciones en la temporada), Corberan tuvo que reconfigurar su línea de cuatro con J. Vázquez en el costado. La estructura se resentía en salida de balón, pero ganaba en sobriedad posicional y en juego directo hacia Hugo Duro.

En este contexto, el partido se rompió pronto. Al descanso, el 1-2 reflejaba la dinámica de ambos equipos en el curso: Real Sociedad, en total, promedia 1.6 goles a favor y 1.6 en contra por partido; Valencia, 1.2 a favor y 1.5 en contra. Son dos bloques que viven en el filo, y el 3-4 final, con la Real encajando en casa su peor marcador posible —el propio registro de su “peor derrota” doméstica de la temporada es precisamente un 3-4— encaja a la perfección con su narrativa.

Hunter vs Shield

El “Hunter vs Shield” de la tarde enfrentaba a los grandes finalizadores de la temporada contra defensas vulnerables. Por parte txuri‑urdin, Mikel Oyarzabal, máximo goleador liguero del equipo con 15 tantos y 4 asistencias, esperaba su momento desde el banquillo. Su impacto estadístico es demoledor: 62 disparos totales, 36 a puerta, 42 pases clave y 7 penaltis transformados de 7 intentados. Con una Real que en casa marca 1.9 goles de media y encaja 1.6, su entrada (cuando se produjo) añadió colmillo y pausa en los metros finales, pero no bastó para compensar las fugas defensivas.

En el otro lado, Hugo Duro llegaba con 10 goles en La Liga, un perfil de delantero que vive del choque y del área: 254 duelos disputados, 98 ganados, 29 tiros y 14 a puerta. Su historial desde los once metros es más turbulento: 1 penalti marcado y 1 fallado en la temporada, una dualidad que lo convierte en amenaza constante pero no infalible. Ante una Real que solo ha dejado su portería a cero en 3 ocasiones en total y que concede 1.6 goles de media tanto en casa como fuera, el escenario estaba hecho a medida para que el ‘9’ valencianista castigara cada pérdida y cada mala basculación.

El verdadero campo de batalla, sin embargo, estuvo en el “Engine Room”. Matarazzo confió en la circulación de B. Turrientes y la lectura táctica de C. Soler para sostener el 4-2-3-1. La Real, que ha alternado este dibujo con el 4-4-2 y el 4-1-4-1 a lo largo del curso, buscó superioridades interiores con B. Méndez entre líneas y las recepciones de A. Zakharyan a la espalda del doble pivote rival. Pero enfrente se encontraron con un centro del campo muy físico: G. Rodríguez como ancla, F. Ugrinic para el ida y vuelta y un J. Guerra que ha sido uno de los grandes generadores de La Liga, con 6 asistencias, 30 pases clave y 971 pases totales a un 81% de acierto.

J. Guerra, además, simboliza el plan de Corberan: un mediocentro capaz de llegar al área rival (3 goles), de morder en la presión (28 entradas y 23 intercepciones) y de lanzar transiciones rápidas hacia Hugo Duro y Luis Rioja. Este último, también con 6 asistencias y 37 pases clave, fue el puñal por fuera que castigó las dudas de A. Elustondo y la espalda de P. Marín cuando la Real se volcó en ataque.

Disciplinariamente, el partido se jugó sobre un alambre que ambos equipos conocen bien. Heading into this game, la Real ya era uno de los conjuntos más castigados en los tramos finales: el 22.35% de sus amarillas llegaban entre el 76’ y el 90’, con un 21.18% adicional entre el 46’ y el 60’. Valencia, por su parte, concentraba el 22.86% de sus tarjetas amarillas también entre el 76’ y el 90’, y un 20.00% entre el 46’ y el 60%. El guion de un encuentro loco, con interrupciones, protestas y piernas pesadas en el tramo final, estaba escrito desde las estadísticas.

En términos de prognosis estadística, el choque apuntaba a un intercambio de golpes más que a un duelo de pizarras. Real Sociedad, con solo 3 porterías a cero en total y 5 partidos sin marcar, es un equipo de extremos: marca con frecuencia, pero rara vez cierra los partidos. Valencia, con 9 porterías a cero en total y 9 encuentros sin ver puerta, es más irregular, capaz de encadenar grandes actuaciones defensivas con desplomes como el 6-0 encajado fuera de casa. El 3-4 final, con siete goles en 90 minutos, confirma el veredicto que los datos sugerían: cuando el Hunter (Oyarzabal, Hugo Duro, Luis Rioja, J. Guerra) se impone a unos Shields frágiles, el resultado se convierte en un espectáculo caótico donde cada error se paga con sangre en el marcador.

Following this result, la Real se mira al espejo y ve una temporada definida por la incapacidad para equilibrar su talento ofensivo con solidez atrás. Valencia, en cambio, sale reforzado de un escenario hostil, confirmando que su 4-4-2, bien protegido por un centro del campo trabajador y una delantera incisiva, puede sobrevivir y golpear incluso en noches donde el partido se rompe en mil pedazos.