Blackburn Rovers casi logra la victoria ante Wolves
Durante unos segundos, Ewood Park creyó en una noche grande. El marcador decía que Blackburn Rovers estaba tumbando a un Wolves construido a golpe de talonario. El césped, también. El resultado final, no tanto.
Cuando el calendario de Championship salió en junio, este cruce parecía un examen casi cruel para un Rovers que sufrió la temporada pasada. Un gráfico televisivo lo resumió todo en una imagen: el once inicial de Wolves costó 98,3 millones de libras; el de Rovers, apenas 6,9. Un abismo económico. Sobre el campo, no se notó.
El ambiente acompañó. Electricidad en las gradas, las dos aficiones empujando, aunque la visitante quizá esperaba una noche plácida. Tony Mowbray y los suyos se encargaron de dejar claro desde pronto que no iban a ser figurantes.
Wolves golpeó primero. Una buena conducción de Munetsi, pero también demasiada libertad para moverse entre Ryan Alebiosu y Tom Atcheson. Demasiado espacio, demasiado tiempo. Castigo inmediato: 0-1.
Rovers pudo hundirse. No lo hizo. Cabeza alta, líneas adelantadas y carácter. El premio llegó con la firma de Sean McLoughlin, que no veía puerta desde 2019. Zancada poderosa, desmarque agresivo y un cabezazo perfecto para igualar. Su técnico ya le ha puesto deberes: quiere que sus centrales se acerquen a la cifra que él firmaba en su carrera, medio centenar de tantos por temporada repartidos en varios años, alrededor de media docena por curso. McLoughlin ya ha dado el primer paso.
Al descanso, 1-1 y sensación de que el gigante de la Premier no estaba cómodo. Y la segunda parte arrancó con Rovers desatado. Dapo Afolayan, en su mejor actuación desde que llegó al club, probó primero los reflejos de Daniel Bentley con un disparo que le quemó en los guantes. Aviso serio.
El segundo ya fue una obra de precisión. Morishita filtró un pase al hueco delicioso, un reverso de los que rompen defensas, para la carrera de Afolayan. El extremo levantó la cabeza y encontró a Andri Gudjohnsen, que atacó el área pequeña y empujó a la red desde cerca. Un gol de ‘9’ clásico.
Gudjohnsen luce este curso el dorsal número nueve, y sus dos tantos hasta ahora tienen ese aroma de viejo Rovers: remates puros de área, como los de los delanteros que hicieron grande esa camiseta.
La estadística delata algo más que un simple buen rato. Balazs Toth apenas tuvo que intervenir una vez en todo el encuentro. Al otro lado, Bentley sumó tres paradas. Durante muchos minutos, Blackburn jugó con una tranquilidad impropia de un equipo tan joven y tan barato frente a un rival de la élite.
Cuando el cuarto árbitro levantó el cartel con cuatro minutos de añadido, el partido entró en modo gestión. Había que dormirlo, enfriar cualquier intento de arreón de Wolves, esconder la pelota lejos del área propia. Rovers lo manejó bien. Casi perfecto. Hasta una pérdida fatal en campo rival.
En esa acción, quizá faltó malicia. Faltó esa falta táctica que corta una contra y deja todo en una simple amarilla. No llegó. Y en cuanto el contraataque se lanzó, el miedo se instaló en las gradas.
Un centro al área impactó en la mano de Alebiosu, que había firmado un partido notable. Farai Hallam no dudó: penalti. Una decisión al límite. Incluso en las repeticiones, la jugada sigue generando dudas. El árbitro tuvo una sola mirada y menos de un segundo para decidir. Sin VAR, su criterio fue la única vara de medir. Wolves salió beneficiado de esa vieja escuela: ni revisiones, ni líneas, ni eternas esperas.
Desde los once metros apareció el héroe de regreso: Raul Jimenez. Carrera a trompicones, amagos, pausa y un disparo seco, ajustado, imposible para Toth. Gol en el descuento. Mazazo.
Aun así, Rovers tuvo la última bala. Jake Garrett conectó un disparo potente que obligó a Bentley a una gran intervención antes del pitido final. Un suspiro más y el guion habría sido histórico.
El 2-2 no refleja del todo lo que se vio. Muchos no habrían apostado por que Blackburn Rovers rozara el triunfo ante un Wolves tan caro y tan rodado. El equipo de Tony Mowbray se quedó a segundos de una victoria de impacto, pero el técnico fue claro: el punto va “a la bolsa” y el grupo ya mira al siguiente desafío.
Si este es el nivel que pueden sostener, la noche no se recordará como una oportunidad perdida, sino como el inicio de algo mucho más serio.






