Camilo Durán brilla con doblete en el Celtic
El Celtic llegó a Celtic Park con la vergüenza todavía fresca. Tres días antes había tirado por la borda una ventaja de cuatro goles y se había despedido de la Champions League entre incredulidad y rabia. Martin O'Neill fue claro en la previa: quería ver “carácter”. Nada de excusas, nada de autocompasión.
El mensaje de la grada fue aún más duro. Cuando los jugadores saltaron al césped, una gran pancarta colgaba en la grada: “world-class embarrassment”. Un recordatorio cruel de lo que había pasado en Europa. Pero también un desafío. Y Camilo Durán lo aceptó.
Durán castiga a Bain y apaga el murmullo
El partido apenas había arrancado cuando el Celtic pudo llevarse un susto. A los 60 segundos, Falkirk encontró espacio en el área y solo la intervención de Cameron Carter-Vickers, metiendo la pierna en el momento justo, evitó que Parkinson empujara a placer. El murmullo en la grada fue de aviso.
La respuesta llegó rápido. Al minuto 4, Scott Bain —viejo conocido del Celtic— cometió un error que puede perseguirle durante tiempo. Un balón aparentemente sencillo se le escurrió en la salida y Durán, con instinto de depredador, se abalanzó sobre el regalo. Toque rápido, balón a la red. El tanto se concedió tras una revisión de VAR, pero la decisión solo confirmó lo evidente: el colombiano había puesto al Celtic por delante y la pancarta de la grada empezó a perder fuerza.
Con el 1-0, el equipo de O'Neill se asentó. Sin Callum McGregor ni Kasper Høgh, ambos lesionados, el técnico necesitaba que los secundarios dieran un paso al frente. Lo hizo Durán. Y también Kieran Tierney.
Un segundo golpe y un festival de ocasiones perdonadas
En el minuto 29, Tierney apareció por la izquierda, levantó la cabeza y dibujó un centro tenso al corazón del área. Durán, completamente solo, atacó el balón y lo cruzó raso, directo al rincón. 2-0. Ejecución limpia, gesto de delantero en racha. El colombiano había pasado de símbolo del alivio a protagonista absoluto de la reacción liguera.
A partir de ahí, el partido parecía ideal para que el Celtic se gustara. Benjamin Nygren tuvo en sus botas y en su cabeza la opción de cerrar la tarde mucho antes. Primero, en el 33, remató de cabeza por encima del larguero tras un buen centro. Un minuto después, irrumpió en el área con potencia, pero volvió a disparar alto. Y en el 38, otra vez él: derechazo que Bain desvió por encima del travesaño.
La segunda parte arrancó con la misma tónica. Falkirk se negó a rendirse. En el 48, Parkinson controló dentro del área, se giró y sacó un disparo que se marchó alto. Aviso serio. El Celtic respondió con más ocasiones de Nygren: en el 50, Bain le negó el gol a bocajarro tras una gran asistencia de Oxlade-Chamberlain; en el 52, el sueco probó con un disparo curvado desde la frontal que rozó el larguero. El marcador no se movía, pero el partido pedía sentencia.
Un autogol reabre el partido
Cuando todo apuntaba a una tarde relativamente cómoda, el Celtic se complicó la vida. En el minuto 72, Jacob Murrell se fabricó un disparo raso que obligó a Viljami Sinisalo a una buena intervención. El portero respondió, pero el rebote cayó en el peor lugar posible: delante de Colby Donovan. El defensa, en su intento de despejar, empujó el balón dentro de su propia portería. 2-1. Gol para Falkirk, nervios para Celtic Park.
El gol cambió el ambiente. El Celtic buscó de inmediato recuperar la distancia. En el 65, antes del tanto visitante, Liam Scales ya había tenido una buena opción con un cabezazo alto tras un centro de Yang. Después del 2-1, cada llegada local se vivió con urgencia.
Nygren siguió peleado con el gol. En el 76, mandó otro disparo muy por encima del travesaño, mientras Baur se desesperaba a su lado, convencido de que la jugada pedía un pase, no un tiro precipitado. Falkirk, sin victorias aún en la Scottish Premiership, empezó a creer que podía rascar algo más que elogios.
El Celtic, en cambio, necesitaba cerrar la puerta. En el 86, Osmand probó con un disparo raso, pero Bain, esta vez seguro, atrapó sin problemas. Era la última gran ocasión de un encuentro que se fue apagando entre la tensión local y el esfuerzo visitante.
Tres de tres… pero con aviso
El pitido final dejó un mensaje doble. Por un lado, el Celtic suma tres victorias en tres jornadas y mantiene el pleno en la Scottish Premiership pese a las bajas de su capitán McGregor y de Høgh. La reacción anímica, tras el desastre europeo, llegó en forma de resultado y con un protagonista claro: Camilo Durán, autor de los dos goles que encarrilaron la tarde.
Por otro, el equipo de O'Neill volvió a mostrar grietas cuando el partido parecía controlado. Falkirk, todavía sin conocer la victoria en liga, se marchó con la sensación de haber tenido contra las cuerdas a un gigante tocado.
El Celtic ha salvado la semana en el campeonato. La pregunta es cuánto tiempo podrá seguir ganando así, con la herida europea aún abierta y con la grada recordándole, pancarta en mano, que el margen de error se ha acabado.





