Logotipo completo Cancha Firme

Celtic cae ante Ferencvaros en Europa

El Celtic volvió a tropezar con la misma piedra. Tras la derrota en el Old Firm, el equipo de Martin O'Neill abrió su andadura en la Europa League con un duro 1-3 en casa ante Ferencvaros, castigado otra vez por errores defensivos groseros que ya empiezan a marcar la temporada.

O'Neill había prometido reacción después del desplome en la League Cup frente al Rangers. Durante los primeros minutos pareció que el mensaje había calado. Posesión, ritmo alto, James Forrest encendido por la izquierda y Celtic Park empujando.

Pero el primer golpe llegó pronto. Y, de nuevo, se lo dieron ellos mismos.

Autogol, reacción… y otro mazazo inmediato

A los 20 minutos, un centro aparentemente inocente se convirtió en un drama. Kieran Tierney no logró despejar, el balón cayó a Bamidele Yusuf y su disparo, camino de portería, rebotó en Liam Scales antes de colarse en la red. Autogol y 0-1. Otro gol regalado.

El Celtic respondió. Forrest siguió ganando línea de fondo, Haissem Hassan se asomó al área, Callum McGregor probó desde la frontal. Ferencvaros sufría, pero aguantaba. Adam Varga sostuvo a los húngaros cuando más apretaban los locales.

Justo antes del descanso, el estadio explotó. Minuto 44: Tierney, esta vez sí, puso un centro tenso desde la izquierda y Mika Baur apareció con decisión para reventar el balón a la red. 1-1 y sensación de alivio. El momento perfecto para igualar.

Duró un suspiro.

En el 45+1, el Celtic se desmoronó otra vez. Yusuf ganó el duelo a Tierney, McGregor llegó tarde para despejar y el balón quedó suelto en el área. Kristoffer Zachariassen se adelantó a todos y la tocó lo justo para superar al portero Viljami Sinisalo, que volvía al once. De la euforia al silencio en cuestión de segundos. Otra vez, un gol nacido del caos propio.

Arzani sentencia y los errores se repiten

Si O'Neill buscaba una reacción tras el descanso, lo que encontró fue otro mazazo. Minuto 47: pérdida infantil en la salida, Colby Donovan —recién convocado con la selección de Escocia esta semana— quedó expuesto y Daniel Arzani no perdonó. Control, mirada al arco y un derechazo imparable a la escuadra. 1-3. Un castigo feroz a una defensa que se descompone con demasiada facilidad.

El patrón ya era claro. El Celtic acumulaba balón, pero cada pérdida peligrosa se convertía en una amenaza real. Ferencvaros olía la sangre y atacaba con convicción. La grada empezaba a impacientarse, y el murmullo se transformaba en abucheos aislados cada vez que el equipo jugaba hacia atrás.

O'Neill buscó soluciones desde el banquillo. Entraron hombres de ataque, llegaron centros, se encadenaron ocasiones sueltas. Un envío de Cameron Carter-Vickers hacia Camilo Duran terminó en un centro que Kasper Hogh no alcanzó por centímetros. Benjamin Nygren rozó el gol con un disparo curvado que salió lamiendo el poste. Sebastian Tounekti probó con un latigazo potente que Varga desvió con apuros.

El Celtic encerró a Ferencvaros en los últimos minutos, pero sin colmillo. Nygren incluso intentó sorprender desde lejos con el portero fuera de sitio, pero su disparo se marchó por encima del larguero. Nada entraba. Y los aficionados que se quedaron hasta el pitido final no se guardaron su opinión: abucheos claros, rabia acumulada, paciencia al límite.

Un equipo grande con dudas muy pequeñas atrás

La sensación que dejó la noche es inquietante. Los problemas en defensa no son un accidente, son un patrón. Los tres goles fueron evitables. Todos nacieron de errores individuales y malas decisiones en zonas delicadas. Y eso, en Europa, se paga al contado.

O'Neill introdujo cuatro cambios respecto a la derrota ante el Rangers. No cambió nada esencial. La fragilidad se mantuvo. Las grandes incorporaciones del verano, como Duran y Hogh, siguen sin aparecer en las grandes citas. Para una afición que viene de celebrar un doblete de liga y copa hace apenas unos meses, el contraste es difícil de digerir.

El propio técnico lo admitió tras el encuentro: fue “una lección europea” en varios aspectos. Habló de la necesidad de “no regalar el balón cuando se tiene una posesión decente” y de asumir riesgos, sí, pero “en las zonas correctas del campo”. También dejó claro que el equipo necesita “re-energizarse” y que aún busca su mejor once.

Sobre los abucheos, tiró de experiencia. Recordó que ya vivió algo similar “hace 25 años” y que conoce bien cómo puede reaccionar la grada de Celtic Park. Entendió la frustración: jugadas que apuntaban hacia adelante terminaban con dos pases hacia atrás, una imagen que exaspera a cualquiera en la tribuna.

El Rangers asoma y la presión sube

El contexto no ayuda. Son dos derrotas consecutivas en una semana clave. Y el domingo llega otro Rangers, esta vez en liga, con todo el país mirando. El Celtic será líder del Premiership pase lo que pase en ese encuentro antes del parón internacional, pero el dato engaña: dos derrotas en el Old Firm y un tropiezo europeo en apenas ocho días serían dinamita en el ambiente.

O'Neill no tiene mucho tiempo para encontrar respuestas. La pregunta ya no es si el Celtic juega bien por momentos, si domina la posesión o si genera ocasiones. La cuestión es simple y brutal: ¿puede este equipo defender como un campeón cuando el margen de error es cero?