Datos y decisiones en el Manchester City: el camino hacia la victoria
Dentro del cerebro de datos del Manchester City hay una pregunta que lo gobierna todo: “¿Qué hace falta para ganar?”. No es un eslogan para la pared del vestuario. Es una guía de trabajo. Identificar jugadores, evaluarlos y medir cómo podrían mejorar en el Etihad. Todo reducido, sin romanticismo, a probabilidades de ganar la Premier League.
La temporada pasada, los modelos internos señalaban que estarían en la pelea, pero que el gran favorito al título era el Arsenal. Acertaron. Hoy, con cinco victorias en cinco jornadas, City vuelve a aparecer en las quinielas como principal perseguidor de los de Mikel Arteta. Dentro del club, las proyecciones actuales son confidenciales. Lo que no se esconde es el peso que ha ganado la ciencia de datos en cada decisión deportiva.
Un club que mide el riesgo al milímetro
En el City, cada movimiento en el mercado se mira desde el mismo prisma: reducir el riesgo. Comprar mejor. Vender en el momento justo. Y hacerlo con una precisión quirúrgica.
El proceso empieza con una base de datos de unos 650.000 futbolistas de todo el mundo. A partir de ahí, llega el encargo: qué tipo de jugador se busca. No basta con decir “un lateral” o “un mediocentro”. El lenguaje es más fino. En el caso de los laterales, por ejemplo, el City los divide en tres categorías: defensivos, interiores o muy altos y abiertos.
Con el perfil definido, entran los filtros. Se aplican métricas que puntúan la capacidad global del jugador y reducen la lista de cientos de miles a entre 20 y 50 nombres. Esa primera criba se cruza con el trabajo clásico de los ojeadores. Suele haber un solapamiento importante: lo que ven los datos suele estar ya en las libretas de los scouts.
A partir de ahí, se aprieta aún más el embudo. Nuevas métricas, más específicas, ordenan la lista. Los ojeadores vuelven a salir al campo para afinar el juicio hasta dejar un máximo de seis candidatos. Entonces empieza el “deep dive”: historial de lesiones, rendimiento físico, hábitos de comportamiento. Todo acaba resumido en un documento clave: el “acquisition pack”, el dossier definitivo de cada objetivo.
En esos informes aparece de todo: gráficos de radar con métricas específicas, un “utilisation chart” que refleja el uso del jugador durante tres años, una nota de los scouts, una “current impact score” (impacto inmediato esperado) y una “potential impact score” (proyección futura). Y, quizá lo más revelador, un “action value score”, que coloca al futbolista en una especie de tabla comparativa con jugadores del City y de otros clubes que ocupan roles similares.
“Los datos forman parte de la decisión, pero son solo una pieza del puzzle”, explica el director deportivo Hugo Viana. “No te dicen quién es una persona, cómo compite, cómo se comporta. Para eso están nuestros ojeadores y especialistas”.
La conclusión es clara: la estadística manda, pero no gobierna sola.
De Jeremy Doku a Andrea Cambiaso: cuando el algoritmo filtra
El caso de Jeremy Doku ilustra cómo la pizarra de Pep Guardiola se mezcla con la hoja de cálculo. En 2023, el técnico pidió un extremo vertical, más cercano al perfil de Leroy Sané que al de Jack Grealish o Riyad Mahrez, más pausados y amantes de la conducción hacia dentro.
El encargo a la unidad de datos fue muy concreto: entradas al área (carreras hacia dentro), recuperaciones tras presión, porcentaje de regates exitosos, presión en campo rival. Doku cumplía. No brillaba especialmente en “llegar al área”, uno de sus peores registros, pero el conjunto de sus números encajaba con lo que quería Guardiola. Desde su llegada, ese indicador ha mejorado de forma notable, una prueba interna de cómo el contexto City puede potenciar un perfil ya detectado por el modelo.
En el otro extremo está Andrea Cambiaso, lateral de la Juventus. Los datos lo pusieron en el radar por su capacidad para meterse por dentro y participar en la construcción en zonas interiores, además de su comodidad con ambas piernas. El sistema lo señaló, los scouts lo siguieron, el club lo valoró… y decidió no avanzar en la última ventana. No se descarta que vuelva a escena, pero el mensaje es nítido: pasar el filtro de datos no garantiza un fichaje.
Una vez analizados los informes y ajustadas las valoraciones económicas —siempre en rangos, nunca en una cifra fija—, la lista se reduce a dos o tres nombres. Se establece un objetivo prioritario, aunque el club trabaja en paralelo todos los casos, preparado para giros de guion: un jugador que se cae, un precio que se dispara, un competidor que irrumpe.
Esa agilidad se vio, por ejemplo, con Yan Diomande, cuya explosión obligó al City a hacer comprobaciones rápidas antes de que acabara en el Real Madrid procedente del RB Leipzig. O con Eduardo Camavinga, cuyos números se monitorizaron por si el club blanco decidía abrir la puerta de salida a algún centrocampista.
Elliot Anderson, el fichaje que desnudó los límites de los datos
Y entonces aparece Elliot Anderson. 116 millones de libras. Inglés, 23 años, pieza clave en el Nottingham Forest y asentado en la selección. Sobre el papel, un fichaje evidente para un grande de la Premier. City tuvo que pelear con otros gigantes, incluido el Manchester United, para llevárselo.
Pero la historia por dentro fue menos obvia.
En la primera pasada del algoritmo, Anderson entró en la lista larga, pero sin destacar. Sus métricas no saltaban a la vista. No marcaba muchos goles, no repartía demasiadas asistencias y jugaba en un equipo que no monopoliza la posesión como el City. En un modelo que premia la influencia en campo contrario, su perfil quedaba en segundo plano.
Ahí surgió una pregunta clave: ¿hasta qué punto los números penalizaban a Anderson por el contexto de Forest? Al jugar más cerca de su propia área, con menos balón y más transiciones, tenía menos oportunidades de brillar en el último tercio. El City decidió entonces “trasladarlo” virtualmente a su ecosistema: un equipo que vive cerca del área rival, que domina la posesión y rodea al mediocentro de talento élite.
En su radar se midieron parámetros como recuperaciones defensivas, éxito en duelos, pases rompe-líneas, éxito en duelos aéreos y errores defensivos. En estos últimos, el club matizó el análisis: en un equipo tan transicional como el Forest, muchas pérdidas “peligrosas” nacen de la exigencia de jugar rápido y en largo desde zonas muy retrasadas. En el City, se espera que Anderson tenga opciones de pase más cortas, más seguras, con un porcentaje de acierto más alto.
“Que un jugador no tenga la oportunidad de hacer algo con frecuencia no significa que no pueda hacerlo”, se repitió internamente. Conforme avanzó la temporada, los datos de Anderson mejoraron de forma sostenida. Eso obligó a los ojeadores a seguirlo casi cada semana. En las comparativas internas, salía muy bien parado frente a los mediocentros del City y frente a otros objetivos en su posición.
El precio acabó por encima de la valoración “real” que marcaba el modelo, pero el club consideró que el riesgo era bajo. El proceso había sido exhaustivo. Los números daban confianza. Los ojos, la certeza.
“Elliot Anderson es un gran ejemplo de cómo funciona el proceso”, resumió Viana. “Los datos eran positivos y nos dieron seguridad en su perfil, pero fueron los informes de nuestros ojeadores y del equipo de rendimiento los que nos confirmaron que era el encaje perfecto para el club”.
Julián Álvarez y Khusanov: encontrar valor donde otros no miran
No todos los casos nacen del algoritmo. Julián Álvarez llegó a la mesa de datos por recomendación de los scouts. River Plate, 14 millones de libras en 2022. El modelo, en un principio, no lo tenía señalado: la liga argentina no figura entre las más potentes del mundo y, por configuración, los jugadores de esas competiciones alcanzan un techo natural en sus lecturas frente a los que militan en las cinco grandes ligas europeas.
El City decidió entonces romper el molde y profundizar en su impacto real: con balón, sin balón y sobre el marcador de River. El resultado fue contundente: era, de largo, el mejor futbolista del campeonato. La proyección interna concluía que, en dos años y medio, sería titular en un equipo de mitad alta de tabla en una gran liga europea.
El modelo lo valoraba entre 26 y 40 millones de libras. El City lo firmó por 14. Un activo infravalorado, según su propia terminología. Tres años después, la proyección interna fijaba su valor en 70 millones. En 2024, lo vendieron al Atlético de Madrid por 81 millones. El caso Álvarez es, para el departamento de datos, una validación de su capacidad para detectar talento y valor económico.
La historia de Abdukodir Khusanov, central llegado desde el Lens, sigue otra ruta. No entró en la primera lista de 50 nombres. Pero un análisis más profundo reveló algo llamativo: sus datos con balón necesitaban trabajo, pero sus métricas físicas —especialmente sus coberturas a la espalda— eran extraordinarias. El City apostó por ese potencial atlético y confía en pulir el resto. Desde su llegada en enero de 2025, el club asegura que sus registros con balón han mejorado de forma notable.
De Guardiola a Maresca: la idea por encima del entrenador
La salida de Pep Guardiola y la llegada de Enzo Maresca no han alterado el ecosistema de datos del City. La filosofía de juego se diseñó incluso antes de la llegada del técnico catalán: un equipo dominante con balón, agresivo en la presión alta, capaz de recuperar arriba, generar ocasiones de calidad y entretener.
Guardiola llevó ese ideario a su máxima expresión. Maresca, formado en esa escuela, comparte casi todos los indicadores clave que busca en un jugador. La gran diferencia, según se interpreta en el club, está en los laterales: el italiano los quiere más directos. El resto del mapa sigue siendo el mismo.
Por eso, el trabajo del departamento de datos apenas se ha desviado. Maresca se apoya en el mismo sistema para construir su propia versión del City. La base ya está: una plantilla rejuvenecida, moldeada para sostener el éxito a medio plazo.
Antes del triplete de 2023, los modelos internos ya advertían que la plantilla se acercaba a su pico. Había que empezar a pensar en una renovación profunda. Vender a nombres como Kevin De Bruyne, Kyle Walker, Riyad Mahrez o Ilkay Gündogan no fue sencillo. Eran leyendas del club, todavía rindiendo a un nivel altísimo. Pero los datos señalaban tendencias de declive dos o tres años antes de que fueran evidentes para el gran público… o incluso para los clubes compradores.
Esa anticipación permite al City planificar con calma. Decidir si es momento de apostar por un canterano o de salir al mercado. El fichaje de Ayyoub Bouaddi, procedente del Lille, es un ejemplo reciente: 18 años, margen de impacto limitado a corto plazo, pero una proyección que el club sitúa en dos años vista.
Rejuvenecer sin dejar de ganar
Tras el triplete, el mandato era claro: bajar la media de edad y construir una plantilla capaz de ganar durante varios años seguidos. El problema es evidente: el City no puede permitirse temporadas de transición. Cada año se le exige pelear por todos los títulos.
Los sistemas internos detectaron, en su día, a perfiles como Moisés Caicedo, Marc Cucurella o Carlos Baleba cuando todavía estaban en el Brighton. Operaciones que otros han vendido como éxitos del análisis de datos. En el City, sin embargo, se consideró que el tiempo de maduración que necesitaban chocaba con la exigencia inmediata de competir por la Premier y la Champions. No bastaba con que fueran buenos activos de futuro o piezas para revender con beneficio. Tenían que rendir ya.
Hoy, el club presume de tener la tercera plantilla más joven de la Premier League, solo por detrás de Newcastle y Chelsea. Y no se trata de un grupo inexperto. Con Gianluigi Donnarumma, Marc Guéhi, Enzo Fernández y el propio Anderson han incorporado futbolistas que combinan juventud con un bagaje amplio en la élite.
Los modelos internos indican que esta plantilla no alcanzará su pico hasta dentro de dos o tres años. A la vez, proyectan que el City estará, de nuevo, entre los candidatos al título esta misma temporada.
La pregunta, dentro y fuera del club, es inevitable: cuando todo se mide, se proyecta y se anticipa, ¿cuánto margen queda para lo imprevisible que siempre decide una liga? El City ha hecho sus cálculos. El césped dará la última respuesta.





