Eberl critica a FIFA: "Me da asco" y plantea boicot europeo al Mundial
Eberl carga contra FIFA: “Me da asco” y abre la puerta a un boicot europeo al Mundial
Max Eberl dejó a un lado los matices. El dirigente de Bayern München habló con una dureza poco habitual cuando se le preguntó por el rumbo que está tomando FIFA bajo el mando de Gianni Infantino y su nuevo modelo de inversión.
“Estoy avergonzado de que siquiera discutamos estas ideas en el fútbol. El fútbol no nos pertenece”, lanzó el directivo de 52 años, según recogió Sky Sport. “Tengo la sensación de que FIFA existe únicamente para obtener beneficios. Me da asco”.
No fue un desahogo aislado. Fue un disparo directo al corazón del proyecto que Infantino intenta imponer con un calendario apretado y una promesa clara: millones para cada federación que se sume al acuerdo antes de septiembre.
El fantasma del boicot
La tensión entre FIFA y los actores europeos lleva tiempo creciendo, pero ahora el ruido se ha transformado en amenaza. Cada vez suena con más fuerza la posibilidad de un boicot al Mundial por parte de varias federaciones miembro de UEFA.
Eberl, figura de enorme peso en el Allianz Arena, no se escondió cuando se le planteó un eventual frente común del fútbol europeo contra el plan de Infantino.
“Entonces sí estaría a favor de que nosotros, como Europa, adoptáramos una postura firme y dijéramos: no, no participamos”, advirtió.
Es una frase que, en otro contexto, habría parecido impensable en boca de un dirigente de un gigante como Bayern München. Hoy encaja con el clima de confrontación: Europa se siente empujada a elegir entre dinero inmediato e identidad deportiva.
Sammer avisa: se está jugando con la credibilidad emocional
Mientras Eberl eleva el tono, otras voces de peso en Alemania optan por una crítica menos incendiaria, pero igual de preocupada. Matthias Sammer, leyenda del fútbol alemán y actual asesor de Borussia Dortmund, reconoció la complejidad del papel de Infantino en la gobernanza moderna del juego.
“Gianni Infantino primero tiene que lograr contentar a todos. Ese es su trabajo y el de FIFA. Siempre es una línea muy fina”, apuntó Sammer.
El matiz, sin embargo, no suaviza su advertencia. Para él, el problema central no está en la ingeniería financiera, sino en lo que se arriesga por el camino. Sammer alertó de que se está apostando la “credibilidad emocional” del fútbol a cambio de mayores retornos económicos para la organización mundial.
Ahí clavó el dardo más profundo: ve un “peligro cuando se interfiere en la integridad del juego”. No habló de tácticas, ni de formatos. Habló de la base misma sobre la que se sostiene la confianza del aficionado.
Millones sobre la mesa, dudas en Europa
Infantino no parece dispuesto a levantar el pie del acelerador. Ha fijado septiembre como fecha límite para que las asociaciones nacionales aprueben el acuerdo. Sobre la mesa, una promesa seductora: un posible ingreso de millones para cada federación.
El cálculo, sin embargo, ya no es puramente económico. En Europa crece el escepticismo sobre el impacto a largo plazo en la integridad del fútbol. No se discute solo cuánto se gana, sino qué se pierde.
Para Eberl y la cúpula de Bayern München, el balance es claro: el beneficio financiero no compensa el coste para la identidad del deporte. No se trata de un rechazo romántico al dinero, sino de una línea roja trazada en torno a lo que consideran innegociable.
Las próximas reuniones de UEFA serán algo más que un trámite burocrático. Allí se medirá hasta dónde llega la unidad europea, quién está dispuesto a desafiar abiertamente a FIFA y si el fútbol del continente acepta el cheque… o se prepara para una ruptura histórica.






