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Elena Rybakina se retira de las WTA Finals por enfermedad

El torneo que debía coronar la temporada del tenis femenino pierde a su gran reina antes de empezar. Elena Rybakina, número uno del mundo y campeona vigente de las WTA Finals, se ha retirado del torneo por una enfermedad vírica y no defenderá su corona en Indian Wells.

La noticia llega en la víspera del estreno y corta en seco una temporada que rozaba la perfección. La kazaja de 27 años había convertido 2026 en su año de consagración definitiva: títulos en el Australian Open y el US Open, número uno del ranking por primera vez y una sensación de autoridad difícil de discutir.

“Estoy muy triste de informar a todos mis fans y seguidores que, desafortunadamente, tengo que retirarme de las WTA Finals este año”, explicó Rybakina, al admitir que su cuerpo “simplemente no está físicamente preparado para competir”.

No hay dramatismo en sus palabras, pero sí un mensaje claro: el tanque se ha vaciado después de un curso exigente al límite.

Un año para enmarcar

Los números cuentan la historia de una jugadora en pleno apogeo. Rybakina cierra la temporada con 54 victorias en 68 partidos, y un demoledor balance de 17 triunfos en 19 encuentros de Grand Slam. Cuando el escenario se hacía más grande, su tenis también.

Su calendario de títulos impresiona: Australian Open, US Open, Stuttgart y Ningbo, además de dos finales de peso en Indian Wells y Toronto. Desde octubre del año pasado ha levantado seis de sus 15 trofeos de carrera, una racha que ha transformado su estatus de campeona puntual a fuerza dominante del circuito.

No se trata solo de volumen, sino de calidad de las víctimas. Rybakina ha firmado 10 victorias ante rivales del top-10, más que ninguna otra jugadora del año. Entre ellas, la que cambió el paisaje del ranking: la final del US Open ante Aryna Sabalenka, con la que puso fin a un reinado de 99 semanas de la bielorrusa en la cima.

El golpe definitivo al número uno llegó en Tokio, en octubre, donde aseguró matemáticamente terminar el año en lo más alto. El broche ideal a una escalada que empezó con su primer gran título en Wimbledon 2022 y que, durante casi cuatro años, pareció carecer de continuidad. Esa espera se ha terminado con estrépito.

Un servicio que marca época

La base de su dominio ha sido un arma que asusta: el saque. Rybakina ha liderado el circuito en este apartado con 438 aces, una cifra que no solo impresiona, sino que subraya la distancia con el resto: 140 más que la segunda en la lista, Sabalenka.

Pero reducir su hegemonía al servicio sería injusto. La kazaja ha castigado sin piedad a sus rivales desde el fondo de la pista, acumulando 1.775 golpes ganadores, un registro sin comparación esta temporada. El patrón se repite: primer golpe, iniciativa inmediata y una sucesión de impactos planos y profundos que ahogan a cualquiera que se atreva a alargar el intercambio.

No es casualidad que sus mejores versiones hayan aparecido en los grandes escenarios, donde la presión suele encoger brazos. En su caso, ha ocurrido lo contrario: se ha hecho más grande. Su tenis ha respondido cuando el premio era mayor y la atención más intensa.

El peaje del éxito

El anuncio de su baja en Indian Wells deja un vacío deportivo y simbólico. Rybakina aspiraba a convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en 2014 en ganar las WTA Finals en años consecutivos. La comparación no es menor: repetir título en el torneo que reúne a las ocho mejores del año es una marca de grandeza reservada a muy pocas.

Esta vez, el cuerpo ha dicho basta. Después de meses de exigencia máxima, la número uno elige frenar. “Voy a pasar un tiempo descansando y recuperándome en casa y preparándome para la temporada 2027”, adelantó. Mensaje directo: no es un adiós, es una pausa calculada.

Su ausencia abre de golpe el cuadro y redistribuye el favoritismo. Sin la campeona vigente y líder indiscutible del año, el torneo cambia de tono. Las aspirantes al trono final del curso ganan espacio, pero también se enfrentan a una pregunta incómoda: ¿cuánto vale levantar las WTA Finals sin la mujer que ha mandado de enero a octubre?

Lo que no cambia es la sensación de que la WTA tiene, por fin, una referencia clara. Una jugadora que no solo gana, sino que lo hace con una autoridad estadística abrumadora y una capacidad para los grandes escenarios que recuerda a las grandes dominadoras de otras épocas.

Rybakina se marcha a casa a descansar, sí. Pero lo hace desde la cima, con el número uno asegurado y con la certeza de que, cuando vuelva en 2027, el circuito entero la estará esperando. La cuestión es otra: ¿alguien habrá encontrado la forma de detener su ascenso o este parón solo servirá para que regrese aún más peligrosa?