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Estados Unidos y su Mundial: la generación que busca cambiar la historia

INGLEWOOD, California — El Mundial ha vuelto a casa. Tres décadas después de aquel 1994 que abrió una puerta pero dejó demasiadas dudas, la Copa del Mundo regresa a suelo estadounidense y lo hace con un desafío muy claro para la selección de Estados Unidos: dejar atrás, de una vez, el complejo de inferioridad.

Este viernes por la noche, en el sur de California, el torneo más grande del planeta se instala de nuevo en el país cuando la selección masculina de Estados Unidos debute en la fase de grupos frente a Paraguay. No es un partido más. Es el inicio del Mundial que la federación lleva casi diez años marcando en rojo. El Mundial en el que se pretende reescribir la narrativa de toda una selección.

Un país anfitrión… y sin excusas

Durante décadas, la élite del fútbol internacional se ha mirado desde lejos. Europa y Sudamérica han impuesto un listón que Estados Unidos no ha logrado alcanzar, por mucho dinero invertido, por muchos proyectos renovados, por muchas promesas de revolución.

El techo moderno sigue siendo aquel inolvidable camino hasta cuartos de final en 2002. Desde entonces, la cosecha mundialista ha sido pobre: apenas tres victorias en todos los Mundiales disputados desde entonces. Demasiado poco para un país que presume de músculo deportivo en casi todo lo demás.

Ahora el escenario cambia. Jugar en casa lo altera todo. Estadios llenos, atención mediática, un país entero mirando. Y, por primera vez, una generación que sí parece estar a la altura del ruido que la rodea.

Una generación distinta

La gran diferencia está en el mapa de destinos de sus futbolistas. Ya no se trata de promesas aisladas en ligas menores o roles secundarios en clubes europeos. Esta vez, las piezas clave de la selección son protagonistas en la élite.

  • Tyler Adams manda en la medular en la Premier League.
  • Chris Richards y Antonee Robinson son habituales en la defensa de sus equipos ingleses.
  • Weston McKennie se ha ganado un lugar de peso en la Juventus.
  • Christian Pulisic, aquel niño prodigio que cargó demasiado pronto con el apodo de salvador, llega a este Mundial con 27 años y el peso específico de una estrella consolidada en el AC Milan.

No es solo una cuestión de nombres, sino de jerarquía. De costumbre a competir cada fin de semana en contextos de máxima exigencia.

“Esta es para mí la mayor oportunidad para hacer crecer el fútbol, para inspirar a la gente, para demostrar que los jugadores estadounidenses están al nivel del resto del mundo”, afirmó Adams el jueves. No suena a eslogan. Suena a declaración de intenciones.

Un debut con filo: Paraguay, agresividad garantizada

El primer examen se llama Paraguay, número 40 del ranking FIFA. Sobre el papel, rival asumible para un anfitrión ambicioso. Sobre el césped, otra historia.

Ambos equipos ya se midieron en un amistoso el pasado noviembre. Ganó Estados Unidos 2-1, pero lo que quedó grabado fue el final: un encontronazo entre jugadores en el tiempo añadido que dejó claro el tono físico y emocional que los sudamericanos están dispuestos a poner.

“Sabemos que van a ser súper, súper agresivos, así que tendremos que igualar eso. Lo vimos la última vez que jugamos contra ellos”, advirtió el delantero Tim Weah. Mensaje directo: no habrá margen para entrar frío al partido.

Paraguay, además, llega tocado. Su mayor talento emergente, el centrocampista de 22 años Julio Enciso, tuvo que abandonar en camilla el último amistoso de preparación, lesionado en la primera parte. Su presencia en el debut mundialista está en seria duda, un golpe duro para un equipo que deposita en él buena parte de su creatividad ofensiva.

Un grupo que no permite relajarse

El calendario no concede tiempo para la contemplación. Tras el estreno ante Paraguay, Estados Unidos se medirá a Australia la próxima semana y cerrará la fase de grupos el 25 de junio frente a Turquía. Tres estilos distintos, tres maneras de medir el carácter y la madurez de un equipo que se ha cansado de escuchar que “algún día” competirá de verdad.

Esta vez el escenario es perfecto, el contexto es ideal y la generación, probablemente, la mejor que ha vestido esta camiseta. La pregunta ya no es si Estados Unidos puede estar al nivel del mundo. La pregunta es si, jugando en casa, se atreverá a demostrarlo.