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Everton gana ante Ipswich y busca coherencia

El 1-0 de Everton ante Ipswich no fue precisamente una postal de control absoluto. Fue un triunfo trabajado, irregular, con tramos de dominio claro y otros en los que el equipo de David Moyes se enredó más de la cuenta pese a jugar contra 10.

Moyes lo admitió sin rodeos. El partido fue difícil de descifrar, con “buenos momentos y no tan buenos”. Everton generó ocasiones claras que no convirtió y dejó vivo a un Ipswich que, a base de resistencia y orden, se mantuvo en el partido hasta el final. Los tres puntos, por eso mismo, supieron a alivio.

La expulsión rival no simplificó nada. Al contrario. Jugar contra 10 cargó de responsabilidad a Everton, que nunca encontró el segundo gol que habría cerrado la noche. Ese tanto ausente permitió a Ipswich estirarse en el tramo final y meter al equipo de Moyes en su propia área.

El técnico también dejó un mensaje sobre el arbitraje tras el gol anulado a su equipo. No entró en broncas, pero sí en el fondo: quieren coherencia. Admitió que Brennan Johnson estaba en fuera de juego y planteó la duda de si había interferido o no con el portero. Para Moyes, el guardameta no habría llegado al remate de cabeza igualmente, pero asumió la dificultad del árbitro en una acción tan fina. El reclamo, en cualquier caso, fue claro: decisiones más uniformes.

Sobre el tanto de Thierno Barry, Moyes ni siquiera quiso presumir de intención. Dijo no haberlo visto repetido y se limitó a lo esencial: a un delantero le valen los goles como vengan, y este le servirá para ganar confianza, jugar bien y seguir marcando.

El escocés insistió en la idea de grupo: plantilla corta, muy unida, diseñada para ser compacta y usar esa química como arma. El calendario aprieta, con la exigencia de competir en copa y liga, pero Moyes se quedó con la sensación de haber cerrado “una semana bastante buena”. Lo dijo con un mensaje directo a su vestuario: mérito de los jugadores.

Newcastle responde al golpe y se agarra a su identidad

En el norte, la reacción llegó con carácter. Newcastle se impuso 2-1 a Hull y Matthias Jaissle salió del partido con algo más que tres puntos: una respuesta de orgullo tras la derrota ante Leeds y una confirmación de que el equipo compra su idea.

Newcastle arrancó con furia. La primera parte fue exactamente lo que el técnico pedía como reacción: intensidad, control, ocasiones. Jaissle aseguró que su equipo pudo “matar el partido” con un tercer gol antes del descanso. No lo hizo, y eso le dio vida a Hull.

Con el paso de los minutos, el físico empezó a pasar factura. No era un detalle menor: Newcastle afrontó el encuentro con nueve bajas. Las piernas se fueron apagando en la segunda mitad, el dominio se redujo y el partido se convirtió en un ejercicio de resistencia en su propia área.

Ahí apareció lo que más enorgulleció al técnico: la actitud defensiva en el tramo final. Jaissle subrayó cómo todos se comprometieron a proteger el área, a aguantar cuando el cuerpo ya no respondía igual. Para él, esa capacidad de sufrir juntos es un rasgo sobre el que se puede construir.

El alemán enmarca todo en un contexto mayor: un club en plena transición, con cambios profundos y retos visibles “desde fuera” incluso antes de llegar. Pese a ello, se declaró satisfecho con el inicio de su etapa, sobre todo por la implicación del vestuario, “totalmente comprometido con el viaje”.

Ahora, el plan pasa por frenar, revisar y recuperar efectivos. Newcastle ha encontrado una reacción anímica y un estilo combativo. La cuestión, a partir de aquí, es clara: cuántas veces podrá sostener este nivel mientras espera que regresen los lesionados.