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Everton: entre el legado de Moyes y la incertidumbre del futuro

En Goodison Park vuelve a sentirse ese viejo cosquilleo en el estómago. No es ilusión. Es incertidumbre. Otra vez.

Mientras el club intenta rehacerse fuera del césped, el nombre de David Moyes vuelve a flotar sobre el Merseyside. Desde Escocia, Celtic aparece como admirador declarado del técnico de Everton, cuyo contrato con los Toffees expira en verano. El escocés, que ya fue pilar del proyecto durante más de una década en su primera etapa, se encuentra ahora en una encrucijada: un club que se tambalea en los despachos, una plantilla desequilibrada y un futuro que podría estar lejos de Liverpool justo cuando más falta haría estabilidad.

No hay excusas. Y él mismo lo ha dejado claro tras el último terremoto en los despachos: la venta fallida del club y otro capítulo confuso en la gestión de la propiedad. Moyes ha afrontado el golpe de frente y, de paso, ha reconocido abiertamente el interés en Tim Iroegbunam, una admisión que deja entrever que el técnico quiere retocar el centro del campo… si le dejan.

Un vestuario que no termina de encajar

Porque el corazón del equipo no late al ritmo adecuado. El centro del campo de Everton, según análisis recientes, simplemente “no está bien equilibrado”. Se nota en cada partido: líneas partidas, poca protección a la defensa, escasa creatividad entre líneas. Un bloque que parece siempre a medio camino entre presionar alto y refugiarse atrás, sin dominar ninguna de las dos versiones.

No ayuda la sensación de decisiones deportivas discutibles. Las carencias se hicieron evidentes en el tropiezo ante Hull City, donde quedaron al desnudo los fallos estructurales del equipo. El veredicto es duro: Everton está pagando una cadena de llamadas extrañas desde la dirección deportiva y la propiedad. El Friedkin Group, señalado por sus fallos en el mercado, aparece en el centro de las críticas, acusado de no haber dado a Moyes —ni al club— las herramientas adecuadas para competir con garantías.

Y mientras tanto, el mercado vuelve a llamar a la puerta.

Kofane, Barry y la búsqueda de soluciones

Everton ha puesto la mirada en Christian Kofane, joven talento de Bayer Leverkusen de solo 20 años. El club estudia moverse por él ya en enero. Es una apuesta clara: piernas frescas, proyección y una pieza que podría encajar en ese rompecabezas de un centro del campo que hoy no funciona.

Más arriba, otro nombre genera debate: Thierno Barry. Su falta de puntería reciente ha encendido las alarmas… pero también ha abierto una lectura distinta. Su capacidad para llegar, generarse ocasiones y aparecer en zonas de remate se interpreta como una buena noticia a medio plazo. Si un delantero se coloca siempre en el lugar correcto, el gol termina llegando. Para Everton, que sufre cada tanto como si fuera oro, ver a Barry fallar pero insistir puede ser un síntoma de que, al menos, el camino hacia el área rival está empezando a construirse.

En paralelo, desde dentro del vestuario surge una voz de convicción. Harrison Armstrong lo ha dicho sin rodeos: está seguro de que “Everton es el lugar en el que hay que estar”. El joven ha aprovechado para agradecer a la afición por un apoyo que, pese a todo, no se quiebra. Es una declaración que choca con el ruido externo, pero que refleja algo esencial: el vínculo emocional entre jugadores y grada sigue intacto.

Un club que no se asume como “activo en crisis”

Mientras la pelota rueda con dificultad, en los despachos se abre otro debate: ¿qué es realmente Everton hoy? Una reciente columna económica sostiene que el club no es un “activo en crisis” y que, precisamente por eso, ahora sería el momento idóneo para vender. El argumento es claro: pese a las sanciones, las dudas de propiedad y las decisiones deportivas erráticas, la marca Everton, su historia y su masa social mantienen un valor que muchos subestiman.

Pero la afición no mira balances, mira la tabla y el césped. Y lo que ve es un equipo atrapado entre lo que fue y lo que no termina de ser. La sensación de “¿quién sabe adónde vamos?” vuelve a instalarse en Goodison. Demasiadas veces en los últimos años, la respuesta ha sido: a ninguna parte clara.

La sombra larga de la historia

Todo esto sucede bajo la sombra de historias que pesan. Un nuevo libro rescata el caso de Colin Harvey, el técnico cuyo sueño con Everton se esfumó en el momento equivocado. “El hombre adecuado en el momento equivocado”, se pregunta la obra. Una frase que resuena peligrosamente con la situación actual de Moyes.

Los paralelismos son inevitables. Un club con identidad, una grada exigente, un entrenador con ideas y compromiso… y un contexto que parece conspirar en contra. La historia de Harvey funciona como advertencia: en Everton, los proyectos no fracasan solo por lo que pasa en el campo, sino por lo que se decide fuera de él.

Entre Celtic, el mercado y la duda permanente

Mientras Celtic observa a Moyes y el mercado de enero se acerca con nombres como Kofane o Iroegbunam sobre la mesa, el club se mueve sobre una cuerda floja. La hinchada mantiene la fe, los jugadores hablan de pertenencia y el técnico intenta sostener el discurso sin parapetarse en excusas.

La pregunta es otra, más incómoda: ¿cuánto tiempo puede seguir Everton viviendo en este limbo, atrapado entre su peso histórico y una dirección que no termina de señalar un camino claro?