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Futbolista de Waitematā FC condenado por agresión en partido

La tarde en Sunnynook Park, en la Costa Norte de Auckland, debía ser solo otro duelo de Division 3 entre Waitematā FC y Albany United. Junio del año pasado, 3.30 de la tarde, el silbato del árbitro marca una pausa. Entonces todo se tuerce.

Según el resumen de hechos acordado y presentado ante el tribunal, Kumar corre por detrás de un rival de Albany United y le patea el pie derecho, haciéndole trastabillar hacia delante. Se cruzan palabras. La tensión salta del murmullo al empujón.

El documento judicial describe cómo Kumar empuja al jugador en el pecho “con fuerza”, provocando que se tambalee hacia atrás. La chispa enciende la mecha: los dos equipos se enzarzan en una pelea generalizada.

Kumar cae al suelo tras ser derribado por otro jugador de Albany, pero no se detiene ahí. Se levanta, localiza de nuevo a su objetivo —que se encuentra apartado del tumulto— y carga contra él. Le golpea en la mandíbula, lo derriba, y cuando el rival ya está en el césped, le lanza una patada en la cara con las botas puestas. Testigos tienen que sujetarlo y apartarlo, de acuerdo con los documentos judiciales.

Un jugador de Albany United, que habló el año pasado con el Herald bajo condición de anonimato, contó que su equipo ya había sido advertido sobre el rival antes del encuentro. Describió a Waitematā como un equipo “bastante bronco” durante todo el partido, que el árbitro decidió terminar antes de tiempo, justo antes de la trifulca masiva.

Sobre la víctima, el mismo testigo fue contundente: era “el jugador más pequeño del campo”. El contraste con la violencia del ataque acentuó la indignación en Albany United. El agresor, relató, desapareció antes de que muchos entendieran la gravedad de lo ocurrido. “Hacer eso y luego salir corriendo es una forma jodidamente cobarde de hacerlo”, sentenció.

La reacción en Waitematā FC fue inmediata. El presidente del club, Conan McKinstry, explicó al Herald el año pasado que Kumar fue “inmediatamente apartado del club” y que la entidad colaboró con la policía. “No es bienvenido de vuelta en el club”, subrayó.

La investigación policial se prolongó durante 10 semanas. Kumar fue arrestado justo hace un año. En un inicio, la Fiscalía presentó el cargo de causar heridas con intención de provocar daños corporales graves, un delito que conlleva hasta 14 años de cárcel. El jugador de Albany terminó con la mandíbula rota, sangrando, y tuvo que ser operado. También se vio obligado a dejar de trabajar durante un tiempo para poder recuperarse, según consta en los documentos.

Con el caso avanzando, Kumar acabó admitiendo los hechos, pero se declaró culpable de un cargo reducido: lesionar con intención de lesionar, penado con un máximo de cinco años de prisión. El cambio no borró la violencia del episodio, pero sí rebajó el techo de la condena.

El futbolista agredido no acudió esta semana a la vista de sentencia. No se leyó en sala ningún informe de impacto de la víctima. El juez fue informado de que el jugador no tenía interés en participar en un proceso de justicia restaurativa, ese cara a cara en el que el agresor puede pedir perdón directamente.

Durante un tiempo, pareció que Kumar intentaba enderezar el rumbo. El juez Retzlaff destacó que el acusado había iniciado un programa para controlar la violencia y había solicitado una absolución sin condena. Un intento de empezar de cero. Pero todo se vino abajo el mes pasado.

El nuevo episodio, relatado también en los documentos judiciales, ocurrió hacia las 4 de la madrugada, cuando Kumar regresaba de un bar en Kingsland en un coche con familiares. En el asiento trasero, golpeó a un pariente varón. El vehículo se detuvo. Entonces, Kumar se giró hacia una pariente mujer, la golpeó dos veces en la cara y la sacó del coche tirando de su pelo.

Cuando el familiar varón le preguntó por qué lo había hecho, la respuesta fue otro puñetazo. El ataque continuó incluso después de que el hombre cayera al suelo. Kumar huyó, pero fue detenido poco después, a poca distancia del lugar.

Al principio negó haber agredido a sus familiares. Y cuando la policía le preguntó por lo ocurrido en el partido de fútbol, alegó defensa propia. La versión no encajaba con lo que habían visto los testigos ni con la secuencia descrita ante el tribunal.

Su abogado, Osborne, explicó que ahora Kumar se siente avergonzado por su “comportamiento impulsivo y violento” en ambos incidentes. Aseguró que el jugador no recuerda por qué atacó a sus parientes. “Está muy arrepentido por el daño que ha causado”, afirmó, al tiempo que admitía que una corta pena de prisión era inevitable, ya que Kumar no dispone de un domicilio adecuado para cumplir una condena en detención domiciliaria.

Las consecuencias van más allá del tiempo entre rejas. Según expuso el letrado, las autoridades han emitido una orden de deportación. Kumar quiere recurrirla, pero el camino legal se presenta complicado.

El juez impuso una pena de 18 meses de prisión. Desde el estrado, animó al jugador a redoblar sus esfuerzos por reconducir su vida cuando salga en libertad, aunque reconoció que el reto será mucho mayor si finalmente es deportado y se ve separado de su familia.

“El daño físico que causó es evidente”, señaló el juez, añadiendo que no tenía dudas de que la primera víctima también sufrió un daño psicológico importante por el ataque. “Tenía derecho a disfrutar de un partido de fútbol sin que esto le ocurriera”.

El Herald pidió tomar una fotografía durante la vista, pero la solicitud fue rechazada. El juez argumentó la negativa en la falta de antecedentes penales de Kumar, su relativa juventud y las “experiencias previas de trauma y violencia que él mismo sufrió” a manos de su padre. “No ha tenido una infancia feliz en ciertos momentos de su vida”, reconoció.

El mensaje final del juez fue tan directo como el castigo: Kumar debe encontrar una forma de apartarse de la violencia. Si no lo hace, el camino no le llevará de vuelta a un campo de fútbol, sino, una y otra vez, a la misma celda.