Harriet Dart conquista su primer título WTA
En la hora posterior a su primer título WTA, el móvil de Harriet Dart echaba humo. Mensajes, notificaciones, felicitaciones sin descanso. Pero la británica tenía claras sus prioridades: primero, llamar a casa.
Al otro lado de la línea, en un club de tenis del norte de Londres, sus padres Nick y Susie celebraban junto a amigos. También su hermana Phoebe. La escena familiar contrastaba con la calma controlada que había mostrado Dart en Guangzhou, donde acababa de conquistar el Guangzhou Open, en China, ante la joven austriaca Lilli Tagger.
La siguiente llamada fue mucho menos doméstica, pero igual de decisiva en esta historia: Marion Bartoli.
La mano de una campeona
La campeona de Wimbledon 2013 se ha convertido, desde comienzos de temporada, en la figura clave del resurgir de Dart. Una colaboración a tiempo parcial, sí, pero con impacto total. La británica, de 30 años, no duda en señalar a la francesa como una de las grandes responsables de que hoy sea campeona WTA.
“Ha sido increíble trabajar con Marion, tuve mucha suerte de que quisiera colaborar conmigo”, explicó Dart a BBC Sport desde Guangzhou. No son palabras vacías. Cuando empezaron a trabajar juntas, ella rondaba el puesto 160 del mundo. El lunes está proyectada para irrumpir en el top 100 y colocarse en torno al 83.
Las dos viven cerca en Dubái. Allí, lejos de los focos, se han construido los cimientos de esta versión más madura y peligrosa de Harriet Dart. Bloques de trabajo intensos cuando el calendario lo permite, sesiones compartidas durante los Grand Slams y un detalle nada menor: a sus 42 años, Bartoli sigue pegándole muy fuerte a la pelota. Dart lo ve cada día. Y lo absorbe.
La francesa no viaja a tiempo completo con ella, condicionada también por su joven familia, pero su influencia se cuela en cada torneo. En Guangzhou, por ejemplo, Dart viajó sin su entrenadora, acompañada únicamente por su preparador físico Dario Gonfiantini y su novio Stephen Falck. Sobre la pista, tuvo que tomar muchas decisiones sola, aunque con las notas y observaciones que Bartoli le iba enviando a distancia.
“Ella realmente cree en mí, y eso significa el mundo para mí”, confesó Dart. “Ver que una campeona de Grand Slam tiene esa fe en mí me ha hecho creer mucho más en mí misma”.
De las dudas a la respuesta en la pista
El título en Guangzhou no es un destello aislado. Es el punto culminante de una segunda mitad de temporada notable. Desde Wimbledon, Dart ha ganado 19 de sus 24 partidos en pista dura a nivel WTA. Su balance total este año en el circuito principal es de 23 victorias en 34 encuentros, el mejor porcentaje de triunfos de toda su carrera.
No hace tanto, el panorama era muy distinto. Pese a alcanzar el puesto 70 del mundo en 2024 y firmar tercera ronda en Wimbledon y segunda ronda en el US Open, la británica ha vivido la mayor parte de las dos últimas temporadas fuera del top 100. Y con ello llegaron las dudas.
Su segundo saque, lento y vulnerable, se convirtió en un objetivo para las rivales. Los dobles faltas aparecían en momentos inoportunos. También surgían interrogantes sobre su fortaleza mental: ¿sabía gestionar los puntos de presión? ¿Podía cerrar partidos apretados?
En Guangzhou, respondió a todo eso. Con hechos. Encadenó victorias sufridas, partidos en los que tuvo que remar desde atrás y gestionar marcadores adversos sin desmoronarse. No fue un paseo. Fue una demostración de carácter.
Un trabajo de años que por fin se ve
Anne Keothavong, capitana del equipo británico femenino, conoce bien ese camino. “Siempre ha tenido una ética de trabajo fantástica y ha puesto el listón muy alto en cuanto a profesionalidad”, explicó a BBC Sport. La diferencia ahora es otra: “Hay más confianza y más creencia. Está en un momento muy bueno”.
Keothavong incluyó a Dart en la convocatoria para las Billie Jean King Cup Finals de septiembre. No llegó a alinearla en el cruce, pero se quedó con una sensación clara tras las sesiones de entrenamiento: la calidad del golpeo de Dart había subido un escalón.
Llevar ese nivel de vuelta al circuito ha sido clave. Lo que se vio en la Copa Billie Jean King no se quedó en una buena semana, sino que se transformó en resultados en la gira asiática de pista dura.
“Ha estado muchos años picando piedra en el circuito”, añadió Keothavong. “Es fantástico ver que alguien que ha invertido tanto tiempo logra por fin un gran título”.
Un impulso para todo el tenis británico
El triunfo de Dart llega, además, en un contexto especialmente alentador para el tenis femenino británico. El tramo final de la temporada en Asia ha dejado señales claras.
Sonay Kartal alcanzó la final de un WTA 1000 en Wuhan. Katie Boulter se metió en semifinales de un WTA 250 en Osaka. Ahora, Dart levanta su primer título WTA 250 en Guangzhou. Y por detrás ya empuja una nueva oleada: la adolescente Hannah Klugman se proclamó campeona del Wrexham Open, un W100 del circuito Challenger, el mayor título de su corta carrera.
“El rendimiento de todas hacia el final de la temporada, al nivel que sea, ha sido impresionante”, valoró Keothavong. No es un detalle menor: a estas alturas del año las piernas pesan, las lesiones acechan y la fatiga mental se acumula. “No es fácil en este momento de la temporada porque se ha jugado mucho tenis, pero todas han sabido aprovechar la oportunidad y han estado a la altura”.
Para Dart, el horizonte se abre de golpe. Vuelve al top 100, se instala en la conversación para cuadros principales sin necesidad de invitaciones y encara 2025 con una mezcla peligrosa para sus rivales: confianza recién estrenada y la sensación de que aún tiene margen de mejora.
Ella misma lo resume así: no es una promesa de 20 años, pero siente que todavía puede crecer. Con Marion Bartoli al otro lado del teléfono, golpeando fuerte en los entrenamientos y recordándole que una campeona también se construye tarde, la pregunta ya no es si Harriet Dart pertenece a este nivel.
La cuestión es hasta dónde puede llegar ahora que, por fin, se lo cree.






