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Celtic Park: Una Noche para Recordar con Remontada Épica

El quinto de noviembre quedará grabado en la memoria de Celtic Park. No por fuegos artificiales en el cielo, sino por una remontada furiosa sobre el césped que resucita, al menos por ahora, la campaña en la Europa League. Celtic se levantó de la lona, volteó un 0-1 adverso y derrotó 3-2 a Besiktas en un partido que cambió por completo cuando Martin O'Neill miró al banquillo y decidió arriesgar.

Durante casi una hora, el guion parecía el de tantas noches europeas recientes para el conjunto escocés: dominio intermitente, ocasiones desperdiciadas y un castigo implacable. El gol de Junior Olaitan, tras aprovechar el rebote de un penalti detenido por Sam Johnstone, amenazaba con condenar al club a su quinta derrota continental consecutiva, algo inédito en su historia. El ambiente se tensó. La grada lo sabía. El equipo también.

El giro de O'Neill

Ahí apareció la mano del entrenador. O'Neill movió ficha justo después de la hora de juego y lanzó al campo a Callum Osmand, Camilo Duran y Colby Donovan. No fue un simple ajuste; fue un volantazo.

El impacto fue inmediato. Apenas pisó el césped, Osmand tocó su primer balón dentro del área y lo convirtió en el 1-1. Un disparo seco, sin contemplaciones, que encendió Celtic Park y cambió la energía del partido. El propio Osmand, desatado, volvió a aparecer poco después para filtrar un pase al espacio que dejó a Duran mano a mano con el guardameta Alexander Nubel. El delantero no dudó: recorte, portero superado y 2-1. El estadio rugió como en las grandes noches.

En ese tramo, Celtic fue todo lo que no había sido en Europa en los últimos dos meses: agresivo, intenso, vertical. La zaga, con Cameron Carter-Vickers firme en los duelos y Liam Scales amenazando a balón parado, aguantaba mientras el equipo se lanzaba en oleadas. Por momentos, Besiktas apenas respiraba.

Un final de locura

Cuando el partido parecía encaminado, llegó el golpe. A cinco minutos del final, Orkun Kokcu entró desde el banquillo y, sin aviso, soltó un derechazo desde unos 25 metros que se coló ajustado al palo. Un mazazo. 2-2. Silencio contenido en las gradas. Otra vez la misma historia, pensaron muchos.

Pero esta vez, no. Esta vez Celtic no se derrumbó.

Solo dos minutos después, Kieran Tierney, imperial en el costado, apareció de nuevo por la izquierda. Encontró a Duran, que recibió dentro del área, levantó la cabeza y, con sangre fría, definió raso para el 3-2. El rugido fue casi de alivio tanto como de celebración. Doble golpe de Duran, irrupción decisiva de Osmand y una remontada que se sintió como algo más que tres puntos.

Detalles que inclinaron la balanza

El partido había dejado señales desde el inicio. Sebastian Tounekti fue el primero en encender a la grada con una jugada brillante por banda, sirviendo un balón que Benjamin Nygren no logró dirigir a puerta. Kasper Hogh también se quedó cerca en la primera parte, llegando a un centro de Tounekti que Besiktas desvió a córner en el último instante.

Tras el descanso, James Forrest probó a Nubel con el primer disparo a puerta del encuentro, una diagonal potente que el guardameta alemán desvió abajo. Parecía el preludio del despegue local, pero un error cambió el tono: Jordan Lotomba se lanzó a una entrada innecesaria sobre Ernest Poku dentro del área. Penalti claro. Johnstone adivinó el lanzamiento de Olaitan, lo rechazó, pero el delantero llegó antes que nadie al rebote para firmar el 0-1.

Lejos de hundirse, Lotomba intentó redimirse con una carrera de área a área que, sin embargo, no encontró remate. El perdón, al final, llegó desde el banquillo, con los recién ingresados cambiando por completo el ritmo del choque.

Liam Scales rozó el gol con un cabezazo desviado por un defensa y salvado por Nubel. Fue la antesala de la avalancha. Desde ahí, Celtic jugó con una determinación que había faltado en demasiadas noches europeas recientes.

Carácter, vestuario y horizonte

Martin O'Neill no escondió su satisfacción tras el pitido final. Habló de carácter, de orgullo, de jugadores veteranos que volvieron a dar un paso al frente y de recién llegados que firmaron actuaciones de peso. Señaló a Tierney como pieza clave, elogió el trabajo de la línea defensiva y destacó el corazón de Donovan y la actuación de Mika Baur en el centro del campo. No exageraba: Celtic no solo remontó, compitió con personalidad ante un rival de nivel.

El dato es tozudo: el equipo sigue en la parte baja de la tabla de la Europa League. Pero con cuatro partidos por delante, esta victoria cambia la perspectiva. No garantiza nada, pero ofrece algo que parecía escaparse jornada tras jornada: una oportunidad real de pelear el pase a las rondas eliminatorias.

Las preguntas no desaparecerán. ¿Fueron “cambios inspirados” o un once inicial mal elegido? ¿Es este el punto de inflexión o solo un destello aislado? Eso quedará para otro día.

Lo que sí quedó claro en Celtic Park es que, en una noche en la que la historia amenazaba con escribir una página negra para el club, un grupo de suplentes decidió reescribirla sobre la marcha. Y ahora, con la Europa League todavía abierta, la próxima vez que suene el himno en este estadio, nadie se atreverá a dar por muerto a Celtic antes de tiempo.