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La banda derecha: dilemas de Hansi Flick ante el Atlético

Hansi Flick tiene una decisión que no admite medias tintas antes de medirse al Atlético. No se trata solo de nombres, sino de jerarquías, de confianza y de cómo quiere blindar una zona del campo que puede marcar el partido: el lateral derecho.

Brian Fariñas ha irrumpido ahí casi a contrapié, en una posición que no es la suya. Y, sin embargo, no ha temblado. Todo lo contrario. Dos actuaciones sobresalientes ante Alavés y Aston Villa le han puesto de lleno en el escaparate. Sin errores, sin gestos de inseguridad, con personalidad. Meritocracia pura, justo el lenguaje que Flick dice hablar.

El problema —o el lujo— llega con Eric García. El técnico alemán confía plenamente en él. Si el central recibe el alta a tiempo y se ve fuerte, sus opciones de ser titular son altísimas pese a haber estado fuera los últimos cuatro partidos por una lesión muscular. Flick no ha dudado en apostar por Eric cuando lo ha tenido disponible, y esa fe pesa mucho en la víspera de un duelo de alto voltaje.

La elección no es menor. En ese costado espera Álex Baena, un futbolista que no da tregua: se mueve entre líneas, aparece por dentro, ataca por fuera, siempre en tensión, siempre listo para castigar el mínimo desajuste. Y si Diego Simeone decide cargar aún más esa banda con velocidad, el debate se endurece: ¿priorizar la lectura táctica y la salida limpia de balón de Eric o la inercia competitiva y la fiabilidad reciente de Fariñas?

Jules Koundé, mientras tanto, se va quedando fuera de la ecuación. El francés no termina de superar un esguince de tobillo y su peso en el equipo ha ido menguando en las últimas semanas. Hoy es más una opción teórica que una realidad para el once inicial.

La amenaza de Ademola Lookman

Quien salga de inicio por esa banda no solo tendrá que perseguir a Baena. También le caerá la tarea de atar corto a Ademola Lookman. El atacante no ha alcanzado todavía el nivel de la temporada pasada, pero conserva intacta la capacidad de aparecer de golpe, de desbordar en un uno contra uno y cambiar un partido con una acción aislada. Es el típico futbolista que obliga al lateral a jugar con el cuello girado hacia su propia portería.

Flick sabe que un error de emparejamiento ahí puede costar carísimo. Y que la elección del lateral condiciona la altura del extremo, las ayudas del interior y hasta la salida de balón del equipo. No es solo “quién juega”, es “cómo va a jugar el Barça en esa banda”.

El otro gran interrogante: el mediocentro

El centro del campo presenta la segunda gran incógnita. La lesión de Rodri llega justo cuando Frenkie de Jong empieza a ver la luz al final del túnel físico. Y Flick, en los momentos decisivos, casi siempre se ha apoyado en el neerlandés.

La opción más lógica, por continuidad, es Marc Bernal. Ya se vio en la goleada por 3-0 ante Aston Villa: tras el descanso, Bernal ocupó el lugar de Rodri y el equipo no perdió control ni ritmo. El técnico también recurrió a él frente a Paris Saint-Germain, el día que decidió darle descanso a su mediocentro titular. No es un parche, es una pieza en la que Flick confía cuando el contexto exige calma y criterio.

De Jong, sin embargo, empieza a reclamar minutos con hechos. Fue titular ante Alavés, aunque como central para darle respiro a Gerard Martín, y en la Champions entró desde el banquillo para disputar los últimos 20 minutos en lugar de Pedri. Flick lo va soltando poco a poco, dosificando su regreso, pero con una pauta clara: cuando llegan los partidos más duros, suele estar en el once.

Esa costumbre puede pesar tanto como cualquier dato físico. Si el entrenador percibe que Frenkie está listo para soportar el ritmo, el holandés tiene muchas papeletas para ocupar ese rol clave por delante de la defensa. Si no, Bernal volverá a presentarse como el mediocentro silencioso que sostiene la estructura.

Un ataque casi definido… salvo por la izquierda

Arriba, el dibujo está casi escrito. Lamine Yamal es intocable en la derecha. Se ha convertido en un elemento imprescindible, el jugador que estira, que fija, que rompe líneas con una jugada individual cuando el partido se atasca. Raphinha, por su parte, se ha asentado en la punta, interpretando bien los movimientos al espacio y las diagonales que Flick le exige.

La única duda real vive en la izquierda. Y ahí el viento sopla cada vez con más fuerza a favor de Anthony Gordon. El inglés ha sido la elección de Flick en las grandes noches: los dos duelos ante Paris Saint-Germain, el Clásico, el choque frente a Galatasaray. Cuando el entrenador ha tenido que decidir a quién darle la banda en partidos de máxima exigencia, Gordon ha sido su apuesta natural.

Karim Adeyemi, en cambio, se ha ido desdibujando. No marca ni firma una asistencia decisiva desde el 13 de octubre, cuando cerró el 4-1 en el fortín de Galatasaray. Desde entonces, sus apariciones han perdido filo. Falta esa chispa que justifique desbancar a un Gordon que responde en escenarios grandes, incluso cuando no brilla en todas las acciones.

Flick no acostumbra a regalar minutos por nombre o por pasado reciente. Se guía por el rendimiento y por la fiabilidad competitiva. Hoy, en esa banda izquierda, Gordon encarna exactamente eso.

Entre jerarquías y méritos

La previa del duelo ante el Atlético se convierte así en un examen a la filosofía del técnico: ¿pesará más la jerarquía de Eric García o la respuesta impecable de Brian Fariñas? ¿La seguridad táctica de Marc Bernal o el peso específico de Frenkie de Jong en los grandes partidos? ¿La velocidad intermitente de Adeyemi o la constancia de Gordon?

El once que escoja Flick no solo contará quién juega; revelará qué tipo de Barça quiere para un tramo de temporada en el que ya no hay margen para equivocarse.