Inglaterra cae ante Argentina: Bellingham y Tuchel reflexionan sobre la derrota
La derrota dolió por el marcador, 2-1. Pero sobre todo por el momento. Argentina remontó en los últimos suspiros y arrancó de las manos a Inglaterra la primera final de un Mundial desde 1966. Sobre el césped, entre cámaras y focos, Jude Bellingham parecía un futbolista al límite.
Siete contribuciones de gol en el torneo, un doblete inolvidable ante Noruega en cuartos y la sensación de estar firmando el Mundial que siempre había imaginado. Nada de eso pesaba ya. Solo el vacío. El centrocampista, de 23 años, llegó a la entrevista postpartido con la mirada perdida, incapaz de procesar que otra vez se quedaba a un paso.
Venía de una temporada áspera con Real Madrid, marcada por altibajos y desgaste. Venía también del golpe de la final de la Eurocopa 2024. Este nuevo mazazo, en otra gran cita, sonó a punto de ruptura.
“Creo que podemos sacar mucha experiencia de esto, pero es devastador. Quería formar parte de una selección de Inglaterra que por fin lo consiguiera y lo llevara hasta el final. Estar aquí, diciéndole a los aficionados lo mismo que llevan escuchando años, es realmente devastador”, confesó, sin esconder nada.
No había discurso preparado. Solo frustración. Bellingham buscaba las palabras, pero el gesto lo decía todo: mandíbula apretada, ojos vidriosos, respiraciones profundas para no quebrarse del todo.
“Desearía poder dar una victoria más o dos más, pero ahora mismo tengo la cabeza un poco nublada por la decepción, así que lo siento”, añadió, en una disculpa que sonó más a desahogo que a obligación.
La noche en que Inglaterra se echó atrás
El partido había seguido un guion que Inglaterra conocía bien. Gol de Anthony Gordon, control del ritmo, sensación de tener la semifinal bajo llave. La grada inglesa empezaba a creérselo. Parecía que, esta vez sí, la historia iba a cambiar.
Hasta que cambió el plan.
Thomas Tuchel decidió cerrar líneas, proteger la ventaja y mutar a una defensa de cinco. La apuesta, pensada para blindar el resultado, abrió la puerta a todo lo contrario. Argentina olió la duda, se soltó y jugó como quien ya no tiene nada que perder. Inglaterra, en cambio, se encogió.
“Decidimos pasar a una línea de cinco porque los espacios estaban demasiado abiertos. Argentina jugó con más riesgo, con más ritmo y con la sensación quizá de que ya no tenía nada que perder, lo que les liberó y nos echó hacia atrás”, explicó el seleccionador.
La descripción encajaba con lo que se vio. El equipo inglés dejó de morder arriba, perdió metros y terminó defendiendo demasiado cerca de su área. El miedo a perder sustituyó al impulso por sentenciar.
“Porque obviamente empezamos a jugar de repente con la sensación de que teníamos mucho que perder. Por supuesto, la responsabilidad es del entrenador y si no sale bien es fácil decir que fue una decisión equivocada”, asumió Tuchel, apuntándose sin rodeos el error.
La reacción no tardó. Argentina encontró espacios, acumuló llegadas y acabó volteando el marcador en el tramo final, cuando ya no quedaba margen de maniobra. Inglaterra se vio atrapada en su propio repliegue.
Tuchel se queda, pese al ruido
La tormenta alrededor del banquillo fue inmediata. Los cambios, el giro táctico, la renuncia al protagonismo con ventaja… todo quedó bajo la lupa. Pero, puertas adentro, el futuro del seleccionador no se tambalea.
El director ejecutivo de la FA, Mark Bullingham, le ha trasladado su respaldo total al técnico alemán, que seguirá al frente del proyecto hasta la Eurocopa de 2028, que se disputará en casa. No hay intención de abrir un nuevo ciclo ni de agitar el banquillo a dos años de un torneo que el país quiere convertir en reparación.
El propio Tuchel lo dejó claro: “Seguimos adelante con el contrato hasta la Eurocopa en casa”. Sin matices. Sin amagos de dimisión.
Un tercer puesto que sabe a poco
Ahora, Inglaterra se asoma a un partido que nadie quiere jugar. Un duelo por el tercer puesto ante Francia, el sábado, que llega como un trámite incómodo más que como una oportunidad ilusionante.
Un bronce supondría el mejor resultado de la selección en un Mundial en 60 años. Sobre el papel, un hito. En la cabeza de Bellingham y sus compañeros, difícilmente algo que cure la herida abierta por esta semifinal.
El vestuario tendrá que levantarse rápido, aunque el golpe es profundo. El país mira ya a la Eurocopa de 2028, en casa, con una pregunta colgando en el ambiente: cuántas veces más puede este grupo levantarse del suelo antes de, por fin, romper el techo de cristal.






